Las elecciones generales y la encrucijada para el movimiento social y popular

No hay comentarios

Tanto Abdo Benítez como Alegre tienen propuestas neoliberales, conservadoras, de derecha. Existe muy poca diferencia entre uno y otro proyecto, pero, aunque sean iguales, no son lo mismo.

Por Eduardo Arce

Este domingo 22 de abril se realizarán las elecciones generales. Dos son los candidatos que, según la prensa, tienen posibilidades de ganar: el stronista Mario Abdo Benítez, del Partido Colorado, y Efraín Alegre, de la Alianza Ganar (Partido Liberal Radical Auténtico más Frente Guasu).

Si ocurriera tal como dicen las encuestas, puede ganar uno u otro: ¿da igual? ¿Son la misma cosa? ¿Nada va a cambiar en lo económico, en lo político y en lo social? ¿O desde el punto de vista económico seguirá igual o peor y podrían producirse cambios desde el punto de vista político y social? ¿La corrupción, el clientelismo, la impunidad continuarán tan campantes y serán iguales con uno u otro en el gobierno? ¿Con cualquiera de los dos es impensable una reorganización del movimiento social y popular? ¿La composición del Parlamento, que supuestamente sería “multicolor”, oficiará de peso? ¿Es posible afirmar que tras haber transcurrido casi 10 años no haya cambiado nada?

10 candidatos, ocho desconocidos: ¿democracia?

El proceso electoral estuvo, en general, frío, debido a la poca credibilidad de los candidatos tanto a la Presidencia de la República como a ocupar bancas en el Congreso. No obstante, en los últimos días estuvo un poco más polémico y participativo debido principalmente a la mala participación de  Abdo Benítez en un programa televisivo que debería haber sido un debate, pero terminó siendo de preguntas y respuestas con muy poco contenido.

Sin embargo, existen otros ocho candidatos que casi nadie conoce. ¿Es democrático un proceso eleccionario que solo da a conocer a dos de 10 candidatos? ¿Es esa la tan mentada democracia? ¿Por qué se los invisibiliza? ¿Quiénes son los responsables? ¿Qué hace el TSJE al respecto?

Es obvio que la democracia deja de ser tal cuando esto ocurre porque se coarta el derecho básico, elemental, de libertad de expresión, libertad de pensamiento, el derecho de la población a  informarse de todas las opciones electorales para poder elegir conscientemente por la propuesta que crea conveniente. Es obvio, también, que se los invisibiliza porque a la clase dominante no le interesa que haya cambios que les puedan poner en riesgo sus desvergonzadas ganancias y privilegios.

Mario Abdo Benítez y Efraín Alegre

Tanto Abdo Benítez como Alegre tienen propuestas neoliberales, conservadoras, de derecha. Existe muy poca diferencia entre uno y otro proyecto, pero, aunque sean iguales, no son lo mismo.

Abdo Benítez es el candidato del Partido Colorado y no se puede soslayar el hecho de que esta organización (con el dictador genocida Alfredo Stroessner y las Fuerzas Armadas) es la que montó pacientemente, durante 35 años, la estructura estatal basada en la corrupción, el contrabando, el clientelismo, el robo descarado a las arcas del Estado, las sobrefacturaciones, el pokarẽ (tramposo), el tova mokõi (doble cara, cínico, hipócrita), las persecuciones ideológicas y políticas. Esta estructura estatal ineficiente y corrupta en cuya base está la delincuencia como motor propulsor es la que destruyó a la sociedad paraguaya en sus diversos niveles, degenerando todos los valores y es la que cubre todo con un nefasto manto de impunidad.

Tampoco se puede soslayar que el Partido Colorado se sirvió de esa estructura durante más de medio siglo y la va a mantener a sangre y fuego porque en ella radica su fuente de poder y de dinero. Y un punto importante: el candidato “Marito” Abdo Benítez, hijo de Don Mario Abdo Benítez, secretario privado de Stroessner durante 35 años, es producto de la dictadura y disfruta hoy de una fortuna evaluada en casi cinco millones de dólares, generada desde esa época. Aquí nadie puede esperar ningún tipo de cambio.

“El mejor amigo de un colorado es otro colorado”

Esta frase acuñada por Stroessner fue el concepto básico con el que el dictador manejó los 35 años de gobierno. Solo un colorado es más ladrón que otro colorado. Solo un colorado es más pokarẽ y tova mokõi que otro colorado. El mejor amigo de un colorado es otro colorado.

El Partido Colorado se apoderó así del Estado para saquearlo, para robar a manos llenas, “al estilo colorado”. Fue así durante la dictadura y durante el periodo de “transición democrática”. Corrompió la función pública y a los funcionarios con el concepto de que el cargo solo sirve para enriquecerse rápidamente. Hoy, un puñado de colorados tiene una fortuna incalculable. En ese puñado está inmerso el candidato Mario Abdo Benítez.

Ya con Horacio Cartes a la cabeza y después de tantos años de haberse convertido en una cueva de bandidos, se ha convertido en un cártel político. Cartes lo terminó de pudrir al ligarse institucionalmente con la mafia, con el crimen organizado. Su gobierno significó un endurecimiento del régimen, sometimiento de la justicia a sus intereses económicos y políticos y los de sus socios. Violando garantías y derechos democráticos, hubo represión, persecución, desalojos, criminalización de las luchas y luchadores sociales.

“Marito” Abdo Benítez es hoy el genuino representante de esta organización.

Partido Liberal y Frente Guasu

El Partido Liberal es un partido de derecha, conservador y su candidato, Efraín Alegre, promete más neoliberalismo económico, político y social. Fue socio de Fernando Lugo en su gobierno (2008/2012), pero su partido, el PLRA, le propinó un traicionero golpe parlamentario que lo destituyó en junio de 2012, logrando apoderarse del poder durante 13 meses (2012/2013).

En el gobierno de Lugo, un gobierno que continuó con la política económica neoliberal privatista de su antecesor –el colorado Nicanor Duarte Frutos–, hubo Estado de Excepción en el norte del país, hubo represión a campesinos, desalojos de ocupaciones de tierra por doquier y se promulgó la Ley Antiterrorista, profundizando la criminalización de las protestas sociales. El gobierno liberal de Federico Franco, que le sucedió a Lugo, no solo no cambió nada sino que empeoró la situación al endeudar al país en varios centenares de millones de dólares, que, todo parece indicar, fueron a parar a los bolsillos de algunos jerarcas.

¿Son lo mismo? ¿Son iguales?

Entre el Partido Colorado y el Partido Liberal-Frente Guasu, las dos opciones presentadas por los medios de prensa –el resto en la práctica no existe y será marginal–, hay similitudes y diferencias. Tienen la misma orientación en política económica y han tenido comportamientos similares, aunque con diferencias de grados, en cuanto a represión al movimiento social y popular y a la criminalización.

Sin embargo, no son lo mismo. No es lo mismo montar y sostener durante más de medio siglo una estructura delictiva y oprobiosa, de depravaciones y degeneraciones humillantes, de fortalecer un Estado al servicio de la delincuencia gobernando contra el pueblo trabajador, que cinco años de gobierno al servicio del capital, gobernando también contra ese mismo pueblo. Hay diferencias de grados, de profundidad y de manejo del aparato estatal.

No es correcto equipararlos y ponerlos en la misma bolsa…

Movimiento social y popular: tres caminos

El inicio de una serie de derrotas del movimiento sindical, campesino y popular de Paraguay data del primer lustro del siglo 21, en el periodo de gobierno por Nicanor Duarte Frutos. Ahí comenzaron los ataques al movimiento social a partir de la criminalización de las luchas y  luchadores sociales.

Sin embargo, fue el gobierno de Lugo el que logró desviar las luchas de la mayoría de las organizaciones al cooptarlas e incorporar a sus principales dirigentes al aparato gubernamental. La política luguista desarticuló a la mayoría de las organizaciones sociales, cuyos dirigentes confiaron en ese gobierno que finalmente les preparó para ser derrotados sin luchar. El estancamiento, el desánimo y la desorganización dura hasta hoy.

Con este panorama, el empobrecido pueblo paraguayo de la ciudad y del campo irá a votar masivamente. Y solo tiene tres caminos.

¿Partido Colorado?

El primer camino, el voto al Partido Colorado, no es opción para el movimiento de masas. Décadas de postergación y empobrecimiento así lo indican y estos últimos cinco años aún están siendo particularmente duros con el movimiento sindical, fuertemente atacado por el Ministerio de Trabajo que hace todo lo que esté a su alcance para liquidarlo, y por la justicia laboral, cuyos jueces fallan invariablemente a favor de las patronales, violando garantías constitucionales, convenios internacionales, leyes laborales nacionales. Con el movimiento campesino, estudiantil y popular ocurre también la misma cosa.

¿Voto nulo?

Fuerzas políticas de izquierda socialista –trotskystas, maoístas y stalinistas–, convocan a anular el voto. “No nos representan”, sostienen.

“Marito Abdo representa una candidatura que personaliza la visión tradicional del viejo Partido Colorado. Sus propuestas y expresiones dan cuenta de su bagaje stronista y conservador, de la más rancia calaña. Es la apuesta a un gobierno que retorna a las viejas prácticas de uso del Estado, que dé lugar a un sector más amplio en el aparato estatal y en los negociados; y no solo a una elite como la que instaló Cartes desplazando a los viejos gusanos”, sostiene el Partido de los Trabajadores, de línea trotskista.

“Efraín Alegre es un ejemplar representante del neoliberalismo, cuyas políticas han profundizado la pobreza de la clase trabajadora y favorece a los grandes capitales. Apoyó el ilegítimo golpe parlamentario a Lugo, y formó parte del grupo que luego tomó el poder encabezado por Federico Franco, quien impulsó una política de robo descarado al Estado”, manifiesta.

“El Frente Guasu se presenta como algo distinto, pero significó el retroceso para gran parte del movimiento sindical y social que pasó a ocupar un papel de espectador atormentado por la abulia e inoperancia de quien creían era su representante”, expresa.

“Ninguno nos representa. Los trabajadores necesitamos organizarnos de manera independiente, impulsar un espacio amplio de unidad de acción con un plan de lucha para enfrentar a cualquiera de los dos candidatos de la derecha que resulte ganador”, afirma el PT.

Por su parte, el Partido Comunista, de histórica orientación stalinista, asevera que “con el golpe disfrazado de Juicio Político en junio del 2012 se inició una dictadura mafiosa con fachada democrática, que es una característica de la crisis del capitalismo en este siglo 21. Los golpistas de aquel 2012 fueron las cúpulas de los partidos que hoy disputan las elecciones. Ellos no nos representan”.

En tanto, el Partido Paraguay Pyahurâ (PPP) declaró que “los candidatos que se presentan para pugnar por algún cargo electivo se presentan como dignos representantes, sin embargo nunca hicieron nada en beneficio del país”. Tras calificarlos como “carruajes” (pesada carga en el léxico popular), a los candidatos al senado, Horacio Cartes, Oscar González Daher, Juan Carlos Galaverna, Víctor Bogado, Fernando Lugo, Sixto Pereira y otros, pidió el voto nulo. “Es el momento que el pueblo anule a estos ‘carruajes’ y que el pueblo elija el poder popular”, aseveró el PPP y agregó que “solo de esa manera se tendrá una patria diferente”.

¿La Alianza Ganar?

El tercer camino, votar por la Alianza, se presentaría como una salida. Cada vez más, los trabajadores y la población en general demuestran su hartazgo con la corrupción, el clientelismo, las persecuciones, las violaciones a los derechos y la impunidad.

Quizás no sepan con exactitud y certeza qué quieren; quizás no tengan claridad en cuanto al modelo económico necesario para dejar atrás más de medio siglo de atraso. Quizás confundan conceptos, pero es palpable el crecimiento de las disconformidades y el hastío hacia este estado de cosas y la necesidad de nuevos aires.

Quizás sea utópico y hasta inocente esperar que un gobierno de la Alianza Ganar, encabezado por Alegre y los liberales, signifique la posibilidad concreta de recuperación del movimiento de masas. Se sabe con certeza qué le espera al pueblo pobre, y al país en su conjunto, desde el punto de vista económico y es imposible concordar con un gobierno de la Alianza sobre las salidas que se debieran dar a este problema.

“Ganar” no es lo que la clase trabajadora de la ciudad y del campo pretende ni necesita. Pero los dirigentes deben explicar pacientemente que es una postura meramente electoral, y como tal, una táctica para avanzar.

El gobierno del PLRA-Frente Guasu será indefectiblemente más débil que un gobierno colorado, y si esa debilidad es aprovechada por la vanguardia con ingentes esfuerzos para reorganizar el movimiento de masas, será un avance en ese necesario proceso para enfrentar decididamente a ese mismo gobierno al que se votó.

Explicar que el voto a ese proyecto electoral no significa apoyo, ni por un segundo. Que el lunes 23 de abril, las organizaciones del movimiento de masas tendrán que comenzar a delinear su línea de combate, sus puntos de unidad de acción, sus frentes y planes de lucha.

Los tiempos cambian. El movimiento social y popular, si bien sigue diezmado y débil, ha tenido tiempo de repensarse. El gobierno de la Alianza será más débil que el gobierno colorado, por lo que se darán mejores condiciones para la reorganización del movimiento.

Al menos la dirigencia tiene la obligación de probar. Si yerra, en peores condiciones no va a estar el movimiento. Si acierta, hay un mundo que ganar.

Comentarios