La veta estronista de la campaña colorada

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Por Adrico Mora

No resulta un hecho menor que en la campaña presidencial con vistas a las elecciones del próximo 22 de abril el blanco de ataque de los colorados parece ser más Leo Rubin que el propio Efraín Alegre, como prima facie pudiera esperarse. Personalmente veo que la campaña colorada, al menos por ahora, se está basando en cierto ataque indirecto, pero fundamental, al hijo progre del radialista. De ser así, pudieran ensayarse rápidamente dos lecturas.

Una es aprovechar el visceral sentimiento conservador antiizquierda de los súbditos de tirano Alfredo Stroessner contra la figura de Rubin hijo. Los recursos nada analíticos son chatos, basados en preconceptos vacíos (como los que normalmente son percibidos desde el fanatismo): mucho sobre la mera apariencia por poseer un supuesto “prototipo de zurdo”: barbudo, muy informal, y algunos otros rasgos que se insinúan para desmeritarlo.

Otra perspectiva, aunque en sentido parecido, pero haciendo énfasis en la cultura del miedo a lo diferente, extraño, desigual (propio del atraso cultural), indicaría que buscan consolidar con el miedo su posición, en vez de por las virtudes del candidato propio. Incluso no por el enfrentamiento siquiera a sus tradicionales rivales azules, sino al “gran peligro rojo” que representan los “siempre temibles zurdos”, que pondrían en riesgo la “tradición paraguaya” (entre otras cosas de la corrupción, zoqueterismo, prebendarismo, nepotismo y amiguísimo en general con el poder). Es decir, estarían aprovechando conquistar no por sus capacidades mismas, sino por generar pavor hacia sus “adversarios”. Otro clásico del conservadurismo.

De ser esta percepción verdadera, es de esperar que los siempre onerosos y nada esenciales  “asesores” de imagen, se jueguen por “potabilizar” el “perfil de Leo”: ya sea rasurándolo o quizás rebajándole la barba, y/o haciéndole vestir trajes, como también ardides superfluos de esa calaña.

La construcción siempre significó renunciamientos en muchos sentidos, de ida y vuelta.

La construcción siempre significó renunciamientos en muchos sentidos, de ida y vuelta.

Lo más probable es que “deba” cumplir con las exigencias para “construir” una victoria. Mi opinión personal es que lo haga, e incluso tendría que sacrificar esa parte de su figura. A Lugo hasta los dientes le maquillaron. A Federico Franco, a Macri en Argentina y a Aznar en España le obligaron afeitarse sus respectivos bigotes. Digo, la apariencia es eso, lo superficial, siendo lo trascendente lo que proponen. Por eso y lógicamente, una crítica esencial, muy de paso, debería reparar en esas minucias (de darse todo esto casi a manera de pronóstico).

Obviamente al entrar en la valoración de sus “propuestas”, personalmente no coincido con la chapa presidencial aliancista por estar al frente un personero de preceptos neoliberales (además de golpista) como Alegre. No sería Rubin el problema, sino su candidato a ser su superior oficial. Pero esa es “harina de otro costal”.

Desde el Directorio, esa supuesta “debilidad”, en especial de los sectores más recalcitrantes del PLRA, sería utilizada para aminorar y/o despreciar la participación del progresismo en la alianza, y más aún, en el discurso dominante de la campaña. Con eso, y más la ayuda de los “expertos”, buscarían vaciar de contenido lo poco que pudiera valer las “tribunas electorales” para aprovechar y propagandizar con arengas alternativas para, al menos, despertar consciencias.

Prosiguiendo, de ser la señalada la táctica electoral de pluriestronismo (hemo-estronistas o estronismo consanguíneo, aliados a los neoestronistas del cartismo), confirmaría que la dicotomía sistemática no pasa entre colores de trapos, siendo que tienen los mismos valores antidemocráticos y antipopulares, como lo demostraron fehacientemente al unirse para el golpe de 2012. Con el mismo estilo artero con que los “irreconciliables” Marito Abdo Benítez y Horacio Cartes se abrazaron días atrás, tras simular desacuerdos antagónicos. Entonces una propuesta renovadora y alternativa pasaría por una “fisura” antisistémica (y digo bien fisura y no ruptura). Una agrupación que vendría desde propuestas por fuera de los partidos tradicionales, con plataformas transformacionistas, por más tenues que estas fueran, con medidas de arraigo, al menos, algo más populares y nacionales.

Siendo que la oligarquía criolla perciba al “zurdito Leo” como un riesgo a mediano plazo, podría darse que factores de poder con indiscutible influencia, como los medios de comunicación, hasta podrían ser más proclives a sumar su apoyo para Mario Abdo por sobre Efraín, lo que cerraría definitivamente el resultado antes de jugarse el partido. Sin embargo, esto dependerá si arreglan sus cuitas con las otras mafias mediáticas de reciente acumulación (entiéndase el holding de HC).

Decididamente sería una posición más que admisible la de respaldar el proyecto aliancista, por más tibios o inconsecuentes que todavía demuestren ser. La construcción siempre significó renunciamientos en muchos sentidos, de ida y vuelta, cuando que el objetivo valiese la pena. Pues bien, la fobia enemiga nos lo estaría demostrando de darse lo predicho.

Todo está por develarse aún, pero la historia no resulta del todo desconocida.

 

 

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