La tierra y Rubén

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Por Julio Benegas Vidallet

Lo primero que me dijo Néstor Castro, aquel 26 de julio, al recuperar su libertad, es que iría a Marina Cue. Que allí plantaría, cuidaría sus animales y consolidaría su precaria ocupación de esas tierras que, en el 2012, fueron cubiertas de pólvora y dinamita. No lo dudó un segundo. Él sobrevivió a la masacre con una mandíbula destrozada. Por mucho tiempo no tuvo una intervención quirúrgica. Las intervenciones posteriores lo dejaron con los labios apretados y la cara medio abotonada.

En la masacre, Néstor perdió a su hermano Adolfo Castro que, ya en el piso, fue uno de los siete campesinos ejecutados, con balas en el abdomen, en el pecho, en la boca y en la cabeza.

Néstor Castro tiene otro hermano: Adalberto Castro, al que los policías lo dejaron en un sojal, ya completamente destruido. Pensaron que, con tantos golpes a la espalda y a la cabeza, ya estaba muerto, pero sobrevivió. Unas personas que hablaban un portugués cerrado lo encontraron.

Néstor tiene un padre, Mariano Castro, fundador del asentamiento Yvypyta, hoy ya distrito independiente de Curuguaty. Mariano no tiene ninguna duda de cuál será el destino de Néstor, ni de Adalberto ni el de él: la ocupación. “Yvýnteko la ore rekove”, me dijo aquel 26 de julio, luego de la liberación.

Hoy, 13 de setiembre de 2018, acaba de salir el último preso: Rubén Villalba. Cuando a Rubén Villalba lo entrevisté, dos veces, antes de que lo apresaran, en estado de shock todavía, con una herida en la cabeza que apenas se le había curado, lo único que él quería era recuperarse completamente para volver a Marina Cue y encabezar la reocupación.

Hoy no pude hablar todavía con él, pero seguro que ese destino, casi fatal, de atarse a la tierra, lo llevará, con seguridad, por el sendero inevitable en nuestro país: la ocupación de tierra para el kokue, la kóga y el bosquecito, el rancho y el arroyo piro’y. Upéicha.

Hoy, día de lluvia en Asunción, de angustias apagadas por saber qué comer y de dónde sacar plata para sobrevivir la semana y el mes, con dilemas existenciales cada vez más decadentes, hoy, un hombre que entiende el sentido profundo de la existencia ligada a la madre tierra está libre.

Salud Rubén. Maitei angirunguéra oñeha’ava ára vai ha ára porame oi hagua vy’apave ñane retame.

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