La enmienda que remienda el ropaje presidencial

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Estamos frente a una figura política que artificiosamente fue confeccionando un ropaje presidencial con resabiadas enmiendas.

Por Verónica L. Barreto

Podría hasta resultar irónica la fórmula que en cinco pasos llevó a Horacio Cartes al palacio de Gobierno. Su incursión política recién comienza en el 2009 cuando se afilia al Partido Colorado, al año siguiente (2010) funda el Movimiento “Honor Colorado”. Pronto, en marzo de 2011 su movimiento gana la presidencia del partido, en el 2012 sale victorioso de las internas coloradas y en el 2013 triunfa en las elecciones generales asumiendo la presidencia de la República del Paraguay “por cinco años”.

La enmienda que remienda el ropaje presidencialResultaría difícil hacer interpretaciones del escenario político sin advertir lo que enmascara la actual figura presidencial en nuestro país. Horacio Cartes es la encarnación de la oligarquía económica más feroz que haya conocido la historia económica-política del Paraguay.

Las referencias, ampliamente conocidas de su dominio empresarial, desde 1989 con Cambios Amambay que pasó a convertirse en Banco Amambay, desde 1994 con Tabacalera del Este TABESA y desde 1996 con Tabacos del Paraguay S.A que lo habrían convertido en el mayor beneficiario del contrabando de cigarrillos a nivel local e internacional (cuestión señalada por varios medios de la prensa extranjera), desde el 2001 con Bebidas del Paraguay, mismo año en que asume la presidencia del Club Libertad, para más adelante ejercer la dirección de Selecciones de la Asociación Paraguaya de Fútbol (APF) durante las eliminatorias de la Copa Mundial 2010.

Posteriormente con la adquisición de la representación de varias marcas internacionales, y actualmente con la compra de medios masivos de comunicación a los que habría accedido de manera espuria luego de su asunción como jefe de Estado, entre varias otras posesiones, esbozan la magnitud de la acumulación de capitales concentrados en un único proyecto que se sirve del estrado político para ampliar su poderío económico.

Pese a su presunta vinculación con actividades ilegales, como la de estafa al Banco Central del Paraguay, caso en el que fue condenado por 34 millones de dólares, sobreseído luego por la Corte Suprema de Justicia en el 2008, el comercio ilegal de tabaco que se estima en un valor de 2200 millones de dólares, el lavado de dinero investigado por la DEA (Administración para el Control de Drogas, su sigla en inglés) de Estados Unidos, la siempre mencionada posibilidad de vinculación al narcotráfico desde el año 2000, cuando fue aprehendida una avioneta que llevaba 343 kg de marihuana y 20 kg de cocaína en la estancia La Esperanza, de su propiedad y el hecho de que en el presente el núcleo de sus relaciones económicas y políticas está conformado por personas con serios antecedentes de corrupción y crímenes económicos, los cuestionamientos a toda esta estructura del hoy presidente no se hicieron presentes en la prensa que hoy lo critica insistentemente.

Cartes también estaría relacionado con la ocupación ilegal de tierras en Paraguay, siendo la tenencia desproporcional de las tierras el punto neurálgico de los conflictos sociales y económicos a lo largo de nuestra historia, que como consecuencia ha generado profundas desigualdades e injusticia social.

Bien podríamos entonces descifrar que la función política de gobernar, con Horacio Cartes pierde su esencia primera, prostituye la naturaleza de sus fines sociopolíticos y se revela como medio privilegiado para sus afanes lucrativos.

Hoy observamos un violento escenario político que pretende presentarse como una simple manifestación de disidencias políticas, pero que se complejiza con el acometer grotesco de la cúpula cartista que sin escatimar medidas, busca permanecer al mando de la nación, no por ansias políticas sino por las más insaciables ambiciones económicas que le son retribuidas al tener el control de las fronteras, el servicio de las fuerzas armadas, el dominio de territorios estratégicos, la administración de inmensos recursos, las alianzas empresariales transnacionales y mucho más.

De esta manera se instaura un Terrorismo de Estado donde se impone y se valida cualquier vía de preservación del Poder, utilizando además todos los recursos del Estado y las fuerzas represoras ante aquellos que osen protestar.

El escenario político se convirtió en el canal ideal para los motivos reales de una oligarquía cristalizada en la persona de Horacio Cartes, que necesitó desplegar una dialéctica de enmiendas que continúa expandiéndose: Habría enmendado la Justicia para ser sobreseído de una condena por estafa al Banco Central del Paraguay, sus antecedentes judiciales para intentar desvincularse del narcotráfico, el lavado de dinero, el latifundio y otros delitos económicos.

Ya enmendó su omisión dentro del campo político al inscribirse por primera vez al registro cívico permanente en el 2009 con intención de afiliarse al Partido Colorado, así disposiciones del estatuto de la ANR para postularse como candidato presidencial, enmendó su figura con manipulación desde los medios de comunicación de su propiedad.

Hoy, intenta enmendar el asesinato del joven Rodrigo Quintana, a través de un discurso torpe y burdo como su pensamiento. La Enmienda Constitucional será una más, en su larga lista de trucos de remiendos.

Las alianzas que se tejen dentro de este pornográfico juego de tronos entre el oficialismo y la pseudoizquierda ilustran la decadencia de esta Democracia, encrudece la violencia estatal y desviste las pretensiones reales de éstos elencos. Por otro lado, se interpone un abismo cada vez mayor entre la politiquería sectaria y las construcciones populares, en las que reside el poder real.

Éstas fuerzas sociales emergentes están llamadas a interpretar la complejidad del proyecto cartista, para encontrar las condiciones ideales para tumbar esta barbarie y engendrar una nueva conciencia social y política de consecuente transformaciones en beneficio de todos los sectores que hoy se ven privados o desposeídos de las condiciones mínimas de libertad, de dignidad y de justicia social.

Es decir, asumir el desafío de engendrar una acción revolucionaria es imperante no solo para derrocar a una tiranía opresora, sino también porque únicamente así, desmantelando, limpiando y derribando toda esa hedionda estructura construida, es que será posible fundar nuevas bases para una nueva

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