La dictadura de los automovilistas

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Por Arístides Ortiz Duarte

Están enterrando el plan de estacionamiento tarifado que, con cambios, puede ayudar a una ciudad secuestrada por miles de autos y motos.

Asunción es una de las tantas ciudades sitiadas por automóviles: sin contar los buses del transporte público, 500 mil  autos cargan sobre sus calles diariamente. No solo transitan sobre ellas, también ocupan sus asfaltos y veredas, estacionándose odiosamente sobre ellos en filas interminables.

Como si esto fuera poco, los estacionamientos formales para  autos ocupan unas 15 hectáreas de espacio construido en el Centro Histórico de Asunción. Los enjambres de motocicletas invaden sus veredas.

La calle Benjamin Constans entre 14 de mayo y Alberdi, sitiada por autos. Foto de Juanjo Ivaldi Zaldívar.

La calle Benjamin Constans entre 14 de mayo y Alberdi, sitiada por autos. Foto de Juanjo Ivaldi Zaldívar.

Asunción es de los autos, y no de la gente. Los miles de peatones, como yo, sobrevivimos en ella con una mezcla rabia y resignación.

¿Cuál es, entonces, la razón por la que algunos medios y las cientos de miles de personas que tienen automóvil en Asunción se oponen de plano a la implementación del estacionamiento tarifado, impulsado por la intendencia municipal?

Sé que la respuesta es compleja. Pero hay una inmediata y rápida: los automovilistas defienden su privilegio de abusiva movilidad en toda la ciudad, sin importarles la contaminación ambiental, la destrucción de la infraestructura de la ciudad, la locura del tránsito diario que ellos mismo padecen y la expulsión del ciudadano de los espacios públicos.

Sé también que la clave para la solución del problema es un eficiente transporte público de pasajeros, un abierto enfrentamiento a los intereses de los importadores de vehículos usados y el desarrollo coordinado e inmediato de una política pública de transporte de los gobiernos nacional y municipal. Pero nosotros, ciudadanos –seamos o no automovilistas- podemos contribuir a comenzar con algo.

El plan de estacionamiento tarifado puede ser mejorado –reducir el porcentaje de ganancia de la empresa que ejecutará el plan, que ésta incorpore laboralmente a muchos de los actuales cuidacoches, incluir planes laborales y programas sociales para estos habitantes de Asunción en el contrato-, pero no puede ser rechazado totalmente.

La implementación del estacionamiento tarifado desestimulará gradualmente el uso y la compra de automóviles; obligará a la ciudadanía a presionar más a los gobiernos nacional y municipal a acelerar la optimización del servicio de transporte público; disminuirá la contaminación del aire y los problemas de salud pública que conlleva; liberará progresivamente el centro de Asunción de los automóviles para que la gente disfrute de los espacios públicos de su ciudad.

Todas estas posibles mejoras no importan a los automovilistas, porque ellos quieren seguir con la comodidad en sus cuatro ruedas, sin importarles los graves problemas de Asunción y su gente.

 

 

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