La cultura del mbarete en el proyecto de enmienda para la re-elección

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Uno con la plata y el poder político. El otro con los votos que tendría detrás. Gestos simbólicos que expresan un rasgo problemático del ser político y social de este país.

Por Arístides Ortiz Duarte

Me niego en estas líneas a discutir lo indiscutible: la figura de la re-elección presidencial no puede incluirse en la Constitución a través de la enmienda.

Sí digo que todo paraguayo con mediana inteligencia -si lee la Constitución- podrá entender lo que los seguidores de Cartes, Lugo y Llano no quieren: los convencionales argañistas -en 1992- hicieron un buen trabajo al no dejar siquiera una rendija de posibilidad para que se interprete que la figura de la re-elección presidencial puede incorporarse a la Carta Magna mediante una enmienda. Pusieron así un cerrojo a la intención re-eleccionista del finado expresidente Andrés Rodríguez.

Fuente: extra.com.py

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Es más importante analizar aquí el significado político y cultural de los gestos de las dos figuras más relevantes -en estos momentos- en términos políticos y electorales: Horacio Cartes y Fernando Lugo. Y ubicar estos gestos en el amplio patio de la cultura política, del ethos social, de las relaciones de poder que practicamos todos en este país: la cultura del “ñemanda”, del “che ha’éma”, del “mbarete”. Es la cultura del abuso de poder, del exceso del mandar sobre el otro.

Cuando hablo de “cultura”, dejo claro que no caigo en la equivocación binaria (buenos versus malos) de creer que solo “los de arriba” son autoritarios. Lugo y Cartes no son dos seres todopoderosos que imponen sus intereses y apetencias al resto de la sociedad. Cabe decir con más propiedad que son sus hijos. Hijos de nuestra cultura autoritaria, esa que hemos construido todos –de alguna u otra forma- en el largo tiempo. Esa cultura del mbarete cuyo contenido entró en la horma de la dictadura estronista durante 35 años. Una dictadura que tuvo –aunque no nos guste admitirlo- una amplia legitimación, adhesión social.

En este patio grande de la cultura del mbarete cae el gesto del excura Fernando Armindo Lugo. Él traslada su gesto autoritario al “pueblo”, a las “mayorías”, a ese probable 55% de los electores que dice lo votará en los próximos comicios. Traslada su gesto porque sabe que a la gente que lo prefiere no le importa que la Constitución prohíba expresa y claramente la incorporación de la figura de la re-elección a la Carta Magna a través de la enmienda. Como tampoco le importa –a la gente, a las mayorías- lo que dicen las reglas y normas escritas y no escritas de este país, o los pequeños acuerdos o pactos, necesarios para convivir con los otros en este país. Así que Lugo no está solo en su intención de violar la Constitución “mbaretépe”.

Tampoco está solo Cartes en su intención de abusar de su poder. Y ha sido muy claro en estos casi cuatro años siendo presidente: “Yo tengo mucha plata, y puedo hacer lo que quiera…”, es su mensaje concreto y simbólico a la vez. Los que le siguen –colorados y no colorados- no se sienten ofendidos por este mensaje. Si pueden, si están cerca del Rey Midas, lo aprovecharán. Y no les importa que la Constitución prohíba incorporar la re-elección vía enmienda. Nunca importaron los acuerdos, sea en la familia, en el tránsito o en las altas esferas del poder. Porque la costumbre social, política, es la imposición al otro.

Comprendidos estos gestos dentro de nuestra cultura autoritaria, es muy importante oponerse a las intenciones re-eleccionistas de Lugo y Cartes (O a los cotidianos excesos de poder de Zuccolillo, Vierci y la ARP, es igual). No para oponerse a la figura de la re-elección en si. Tampoco para sacralizar la Constitución, lo jurídico. Sí para que vayamos modificando -como la gota que horada la roca- nuestro ser autoritario, intolerante, prepotente, hacia un ser más democrático y respetuoso del otro.

 

 

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