“La Afinación del Diablo”, un registro del imaginario popular campesino

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Por Mirna Robles Armoa

Paraguay es un país de fábula, de fábulas. Más allá del retrato caricaturesco que pueda pintar un Voltaire embebido en el relato colonial del entonces “nuevo mundo”, hubo un tiempo en que la magia se enamoró de este rincón. Y no es que el designio universal haya definido un ‘ser paraguayo’ tal, más bien, como dirían los materialistas, las condiciones naturales de nuestro país y su historia fueron moldeando un genio paraguayo, como lo nombrara Barrett en algún pasaje.

Este país que conoció la riqueza y el buen vivir, que apuntó el proyecto de estado-nación más sólido y pujante de la región, que conoció también la devastación y la miseria y se recreó luego en una resistencia cuasi vital aferrada a alguna forma de patriotismo, reinventándose en relatos épicos, ante la ausencia del estado, nos dio genialidades universales como la de José Asunción Flores, Augusto Roa Bastos y Mangoré, además de otros actores quizá no tan reconocidos universalmente como Gabriel Casaccia y Hérib Campos Cervera o Manuel Ortiz Guerrero y Emiliano R. Fernández, actores culturales que produjeron su obra desde la concepción de un genio nacional y desde la condición de un medio físico y social que pudo orientar las formas, los matices, tonos y miradas de esa producción: el mundo campesino. Y no se trata de que estos autores hayan producido su obra desde un enamoramiento de un ‘ser campesino’ particular, como sobre un ente separado de la psicología social nacional (más o menos como muchos lo podrían observar en la actualidad), sino de que toda producción que se haya hecho desde o para lo popular, necesariamente, sería reflejo de ese predominante mundo campesino.

El antiguo mundo de yerbales, selvas, siestas silenciosas vedadas a la imaginación de los niños (¿?), de un tiempo de paso lento que se rige por las estaciones, las fases de la luna y la ubicación del sol durante el día, ese mundo de colores vibrantes, olores intensos y sonidos diversos, de naturaleza viva, que hizo posible que la música tradicional paraguaya suene a cascadas, a carretas, a vuelo de mariposas, a lamentos de mensúes, a canto de pájaros, que la literatura se nos presente verde, húmeda y calurosa, es un universo campesino que vivieron muchos de nuestros padres y madres y la mayoría de nuestros abuelos y abuelas, mas, que hoy se encuentra en extinción.

Que el 6% de las tierras cultivables sea la que produce alimento hoy, cuando el 2% de la población es dueña del 90% de las tierras, nos indica que en los últimos cincuenta años se da un proceso de descampesinización como consecuencia de un modelo de producción (básicamente extractivista) que genera, entre otras cosas, transformaciones socioculturales.

Y qué tiene que ver todo esto con el documental “La Afinación del Diablo” o la técnica del transportado, se preguntarán. No sólo que la mayor parte de la película se sitúe en escenarios rurales, con tomas de casas que parecen abandonadas en el tiempo o perdidas de todo indicio de urbanidad, o que el clima al que nos transporte sea al de noches frescas y silenciosas, o que se desarrolle casi completamente en guaraní y que todos los entrevistados sean guaraní parlantes. No sólo eso. Hay algo más, que es lo esencial en el documental, y se trata del relato.

Oralidad y fabulación son dos elementos enlazados en la cultura campesina. La transmisión de relatos oralmente, de personajes, de casos particulares o de hechos históricos (como los casos de guerra), permitió que la fabulación se filtrara y se combinara, en muchos casos, con elementos verídicos. Este no es un suceso extraño a la fabulación que producen desde siempre los pueblos o, antes, las tribus, o las parcialidades, o cualquier grupo social. Sin embargo, resulta interesante observar el peso de la fabulación en la expresión de ese mundo campesino que, aunque al borde de la muerte, sigue siendo el que define predominantemente un ‘genio nacional’. El imaginario popular paraguayo sigue reproduciendo fábulas que provienen del mundo campesino.

En el proceso de descampesinización vivimos la conversión violenta de formas más abiertas a la naturaleza y de menos inestabilidad de la sobrevivencia diaria a la súper explotación, el hacinamiento, la incertidumbre del día a día, y todas las cargas emocionales de una sociedad obligada a urbanizarse por la expulsión. En esta transición forzosa a una urbanidad sin sostén (sin tierras para los desplazados, sin fuentes de trabajo) no se pudo todavía generar fábulas que sean representativas de este incipiente mundo urbano. Tal vez las fábulas de este nuevo mundo urbano se expresen en el politiquero de la zona, en el chespitero del barrio, en el empleado o empleada súper explotados o en el sicario en el interior.

El documental nos conduce por un relato fabulado que es la expresión de ese mundo que ya no es el mismo hoy, un antiguo mundo donde los misterios, los fantasmas y la magia eran un cotidiano. Al escuchar los relatos fantásticos acerca de personajes como Peloncho o Salamaqueo, recordé el caso de la Magdalena, de quien Barrett hace un relato y a quien Juan Bautista Rivarola Matto nombra en Diagonal de sangre; aparecía en las musiqueadas y se ponía a danzar contenta hasta que una especie de frenesí se apoderaba de ella, se despojaba de sus ropas desgarrándolas hasta quedar desnuda, entonces se desgarraba también la piel, y las carnes, hasta quedar como un esqueleto danzante. De terror.

Quizá lo recordé por relacionarla con la música. Quizá lo recordé porque también existen datos verídicos combinados con la fábula. O quizá porque es una expresión del mismo mundo que nos enseña el documental, un documental que persigue la fábula de músicos, o la fábula de la música, o la fábula sobre una técnica musical. Quizá resulte más simple explicar la genialidad de algunos fabulando la historia.

Que el relato fabulado guíe el documental es un reto a la concepción academicista de la historia. Tal vez existan muchas formas de llegar a las verdades, o a una verdad, si eso fuera lo importante. Además de dejarnos un registro de voces propias, de las cadencias de esas voces y trazos del imaginario popular campesino, todavía muy diverso aunque carente de mayor documentación, el aporte importante parece darse en la idea de que el relato fabulado pueda guiar la investigación de una historia para llegar a indicios certeros. Finalmente, la magia y la realidad pueden superponerse y entrelazarse con tanta soltura que no quede opción que tentarse a creer en lo sobrenatural.

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