¿Horacio Cartes es un contrabandista?

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Por Paulo López

La protesta de empresarios brasileños frente al Palacio del Planalto contra el contrabando de cigarrillos desde Paraguay, la mayoría fabricados por las tabacaleras del presidente Horacio Cartes, ha llamado la atención una vez más sobre la imagen internacional que proyecta el titular del Poder Ejecutivo y las innumerables vinculaciones que se le atribuyen con actividades ilícitas.

La caída en sí de enormes cargamentos de cigarrillos de su propiedad, principalmente en Brasil y Argentina, no reviste novedad alguna. Los últimos reportes de los principales medios de prensa paraguayos sobre estos procedimientos ya ni siquiera mencionan la marca ni el fabricante de los cargamentos confiscados. Ya se los da por consabido. Las marcas Eight, Classic, TE, Austin, Ibiza, Santa Fe, Marine, Laredo, entre otras, casi no son vistas en las tiendas de nuestro país y resultan completamente desconocidas para la mayoría de los fumadores paraguayos, entre los cuales me cuento.

Una de las marcas más famosas tiempo atrás entre los cigarrillos contrabandeados a la Argentina es la marca Rodeo, cuya mala fama habría obligado a Tabacalera del Este SA (Tabesa) a suprimirla de su catálogo, pues ya no aparece en la web oficial de la firma.

Entrevistados al respecto, los gerentes de las tabacaleras de Cartes se excusan señalando que producen de manera legal y que no es su responsabilidad que los clientes compren sus productos y los metan de contrabando a otros países. Un argumento que apela al sentido común y hasta podría resultar plausible, salvo por el hecho de que más del 90% de la producción sea precisamente para estos clientes que se dedican a meter los cigarrillos de contrabando a otros países, entre los cuales han sido señalados los Zetas y el cartel de Sinaloa.

Si se produce una determinada cantidad de mercancía a sabiendas de que el mercado local no tiene tamaña capacidad de consumo, ¿existe una complicidad latente en que la mayor parte de la producción sea introducida a otros países por medios ilegales?

En efecto, el Código Aduanero paraguayo imputa la responsabilidad en las actividades de contrabando no solo a quienes las realicen directamente, sino también a quienes se beneficien con esas operaciones, en este caso una empresa que produce legalmente, pero cuya oferta es absorbida en una mínima porción por el mercado local, siendo el grueso de la producción (o la gruesa) vendida clandestinamente en otros países.

En el artículo 338 la ley de aduanas señala que “las sociedades comerciales y no comerciales serán civilmente responsables del contrabando y de las sanciones administrativas autorizadas por el Código Aduanero, cuando fueren beneficiarias o financiadoras del contrabando, o cuando uno o más directores, gerentes, sub-gerentes son factores responsables de la sociedad y hubieren participado de las acciones u omisiones, manejos y operaciones realizadas para cometer el contrabando o encubrirlo”.

Por ello, añade, las empresas que se beneficien con estas operaciones son igualmente responsables del delito y sus miembros involucrados son pasibles de penas de cinco años de cárcel o multa.

Algunos de los últimos números que ilustran este trasiego fueron publicados en febrero de este 2016 por la revista norteamericana Foreign Affairs. De acuerdo a datos del Centro Internacional de Inversión e Impuestos (ITIC, por sus siglas en inglés) difundidos en el trabajo, en Paraguay se producen 65.000 millones de cigarrillos por año, en tanto que el consumo local es de solo 2.500 millones, es decir apenas el 3%. El resto se pierde en el mercado negro representando el 73% del mercado ilegal de 16 países de América Latina.

En suma, la duda –o la certeza– es si esta sobreproducción se realiza a sabiendas de que será comercializada a través del contrabando.

Foto: agenciabrasil.ebc.com.br

 

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