Hasta que llegaste Andrés Manuel

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Por Carlos Verón de Astrada

Está visto , a la luz de nuestra historia , que la  perseverancia es el rasgo propio de los luchadores latinoamericanos que apuestan a la liberación de sus pueblos.

La gran victoria de Andrés Manuel López Obrador, nos recuerda los gloriosos capítulos logrados en el obstinado andar de Salvador Allende y Lula, y muchos otros que dieron su vida .

En  su tercer intento , después de haber sido víctima de grotescos fraudes en el 2006 y 2012, aquí está Andrés Manuel con una victoria rotunda que es la victoria no sólo de Mexico, sino de toda América Latina.

El sufrido pueblo mexicano evidentemente se hartó de la descomposición y degradación a la que llegaron los partidos conservadores : el PRI y el PAN, que encontró en un pertinaz político una luz de esperanza. Habrán sido la pujanza azteca, maya; los ecos heroicos de Madero. Zapata, Villa, Cárdenas los impulsores de la terquedad inquebrantable de un luchador infatigable.

 México, un país con una rica historia ; un país que logró la primera revolución social en el mundo (1910), es sin embargo, un país de grandes contradicciones . Después de tener esa gran revolución social, en la primera mitad del siglo tuvo una fase de nacionalismo popular que alcanzó su punto más alto en Lázaro Cárdenas que nacionalizó el petróleo, hizo la reforma agraria y muchas otras valiosas conquistas sociales para constituirse en el mejor presidente de México. Esa historia cuyo tronco es el Partido Revolucionario Institucional (PR) al iniciarse la década de los 80 sin embargo, hizo un giro muy marcado hacia el neoliberalismo con todo lo que ello implica en términos de costo social. Desde entonces a la fecha, fue una sucesión de gobiernos corruptos signados por la violencia, el peculado y la arbitrariedad. A eso se agrega la transferencia del narcotráfico de Colombia a México, creando un escenario manchado de sangre para convertirse en un verdadero infierno, un estado fallido. Casi no quedaba ningún resquicio rescatable, tanto en el ámbito del poder formal, como fáctico.

En todo ese fango insoportable en que no había político que no estuviera manchado, surge una figura que empezó en el PRI, más tarde en el Partido de la Revolución Democrática (PRD) que fuera jefe del gobierno de distrito federal del 2000 al 2005, con una gestión intachable. Una notable excepción destacada por la eficiencia y sobre todo, por la honestidad. Un ser que parecía de otra galaxia . Ese político es Andrés Manuel López Obrador.

Con esa inmejorable credencial, se presenta para las elecciones generales del año 2006 contra el Partido ultraconservador que había roto el monopolio del PRI, el partido Acción Nacional (PAN), cuyo candidato fue Felipe Calderón. López Obrador gana esa elección con un importante margen. Pero los poderes fácticos pudieron más y esa elección estuvo impregnada de un grotesco fraude, para darle la victoria al candidato de la oligarquía y el gran capital. Fue así, que el pueblo salió a las calles con una indignación equiparable al asesinato de Gaitán en Bogotá en el 48. Durante tres meses la mayor plaza de Ciudad de México, el Zócalo , rebosaba de una multitud enfurecida. Así y todo, todos los mecanismos brutales de la derecha hicieron que su candidato al final quedara con la presidencia. Seis años después López Obrado vuelve a presentarse para competir esta vez, contra el candidato del PRI Enrique Peña Nieto. De vuelta el fraude alevoso, y el robo al verdadero ganador. De vuelta el pueblo en las calles y de vuelta, los poderes fácticos determinaron la historia a su favor.

Pero felizmente la tozudez , la obstinación, la tenacidad de un luchador nato, pudo más que todos los obstáculos. Desde un nuevo partido fundado por López Obrador , MORENA, que apenas tiene algo más de tres años, obtuvo el domingo 1 de julio una victoria histórica.

Estas elecciones son consideradas las más violentas de la historia de México. Más de 140 políticos asesinados, de los cuales alrededor de 40 eran candidatos. En ese clima de incertidumbre y violencia, todo parecía que la historia se repetiría. Pero el desprestigio de los signos partidarios de la oligarquía habían llegado a un punto tal de podredumbre, que el pueblo dijo basta y salió a votar. No estuvo exenta de intentos de fraude, pero la masa pudo más. Con una participación de más del 63% , el candidato de la honestidad, de la austeridad salió victorioso con más del 50% y lejos del segundo que apenas alcanzó un 22% de los votos válidos.

Esta victoria tiene no sólo para México sino para América Latina una importancia capital. En una coyuntura regional en que la derecha arremete impúdicamente con un neoliberalismo rampante,   ocasionando daños enormes a los sectores populares.

Bienvenido a la historia de América Andrés Manuel López Obrador; millones de latinoamericanos estamos esperanzados en tu obstinación redentora. Esta victoria es un impulso invalorable para el resurgimiento del progresismo en nuestra sufrida Latinoamérica. Y como dice su compañera Beatriz Gutierrez después de una hermosa versión de la canción de Silvio Rodriguez, el necio: “Es  para no cansarse; la perseverancia es como la necedad:. Cuando la necedad es para construir un mundo mejor, hay que ser muy necios”.

A los agoreros que anunciaban el fin de la historia; el fin del ciclo progresista, hoy el pueblo mexicano y los de América Latina pueden decir sin ambages que la necedad de quienes quieren construir un mundo mejor podrá marcar el rumbo de una nueva América Latina.

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