El monopartidismo perfecto

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“Salgamos pues de los clichés y las distorsiones. Sepamos lo mal que estamos y lo falsa que es esta democracia, tal vez con esa conciencia podemos ensayar análisis mejores”

Por Pelao Carvallo

Vivimos el monopartidismo perfecto, perfecto porque no parece que lo haya. De eso han convencido a la intelectualidad crítica y acrítica que pulula en y en torno a Paraguay. Un monopartidismo transdictatorial que se disfraza de bipartidismo, bipartidismo imperfecto, democracia semilegislativa, semipresidencial, garantista, plural… los disfraces que sean necesarios para autoconvencernos de dos cosas: que desde mediados de los años ´40 del siglo pasado (70 años! ) somos gobernados, domesticadas, abusados, exprimidas, oprimidos, dominadas por el mismo y autorreproducido partido: la ANR, Partido Colorado con la legitimación de todos los ilusos demócratas que se conforman con un golpe de suerte para cambiar algunos cargos y nada fundamental.
Vivimos un monopartidismo perfecto porque no parece que lo sea, y en eso ha colaborado entusiasta toda oposición electoral, resignándose al poder del partido colorado como excusa para sus derrotas que demuestran que hay democracia al mismo tiempo que gana siempre el mismo partido. Y para que sea siempre, pues ha perdido en un par de lugares y en un par de ocasiones. Las oposiciones, enceguecidas con ese par de victorias en un par de lugares y ocasiones se ha tragado el cuento de que esta es una democracia imperfecta que uno de ellos hace el par para que esto sea bipartidismo. Cuentos, pasatiempos, ilusiones para seguir manteniendo la gobernabilidad y la gobernanza, ambas al servicio de la continuidad en el poder del partido colorado y de la mantención de la ilusión democrática.
El modelo es monopartidista (ya dicho: http://ea.com.py/v2/blogs/el-modelo-es-monopartidista/) y las acciones de las oposiciones, pese a su intencionalidad de cambio, no hacen más que fortalecerlo por legitimación. Se conforman, nos conformamos también el resto, con ser actores secundarios, comparsas, de esta situación. El monopartidismo perfecto que vivimos requiere de esta participación secundaria, de este apoyo como extras y relleno. Sin ello todo sería escándalo, represión y saqueo de una minoría contra la mayoría, es decir, lo mismo que vivimos ahora pero sin ilusiones. Las descripciones de los analistas que insisten en describir esto como una mera democracia también apuntan a fortalecer el monopartidismo por legitimación.
No se ve la necesidad de romper con la historia, pero hay esa necesidad. El modelo se reproduce también por acostumbramiento, tradición y resignación. No solo por el componente monetario de la supuesta “democracia” electoral que vivimos. Hay necesidad de romper con esa historia, acostumbramiento, tradición y resignación que es esta sumisión resignada al Partido Colorado que nos toca, aunque se disfrace de resistencia, indignación y oposición. Vivimos la sumisión resignada a la ANR y la muestra de ello es la creencia de que vivimos una democracia plural. Es eso lo que hay que dejar de una vez por toda si queremos cambiar la historia y no simplemente perpetuarla y reproducirla.

No basta con decir basta, por un momento, ante una situación, algún robo, fraude o asunto que nos indigne. No basta con decir basta mediática, virtual o/y reticularmente. Todas esas expresiones tienen su curso regular de aplauso, represión y olvido. Menos aún es necesario pensar en las próximas elecciones: están siempre o muy cerca o muy lejos y muy domesticadas. Ciertemente el monopartidismo que vivimos no es el único de nuestros problemas, pero sí que es un problema que sintetiza todos los otros: discriminaciones, abusos, opresiones. Por sintetizar bien los demás problemas que afectan a la eterna mayoría minorizada del Paraguay es que resolverlo ayudaría en mucho.
El monopartidismo transdictatorial que vivimos se resuelve deslegitimándolo, desacostumbrándonos, con una política de oposición civil permanente ante todos sus cuadros e instituciones: ministerios, gobernaciones, intendencias, jueces y tribunales, policías y ladrones. Con una acción constante de desobediencia civil, no colaboración activa, insumisión permanente, objeción de conciencia y de práctica con una sola demanda: el fin de la dictadura colorada disfrazada de democracia.
No colaborar más, no avalar más, no legitimar más esta situación ilusoria. Ir desde la denuncia a la renuncia: renunciar a seguir colaborando con la legitimación constante de este monopartidismo transdictatorial. Hasta que se acabe, hasta que no sea posible más gobernabilidad y gobernanza procolorada. Hasta que renuncien todos, hasta que se vayan todos los colorados y sus aliados.
Si esto no da para más, nos toca hacer que no dé para más. 

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