El giro de la sexualidad

No hay comentarios

Por Julio Benegas Vidallet

El giro continental hacia la derecha punitiva se sostiene básicamente en recrear el disciplinamiento de la sexualidad y en el etnocentrismo. El cuerpo, la última bandera y la primera cárcel, aparece en el centro de las propuestas básicamente por dos elementos centrales: la negación de respuestas a demandas materiales concretas como viviendas, salud, educación y servicios básicos esenciales y, por el otro, la necesidad de que las corporaciones desanden todas las normas que protejen el derecho social y la naturaleza de lo poco que ha quedado en derecho.
En este giro se enmarca el recrudecimiento de que los hombres, para ser hombres, vuelvan a los cuarteles y que las mujeres, para ser mujeres, usen color rosado, para diferenciarse del hombre que, en el caso de Brasil, deben, para ser hombres, usar color azul. Es así que aparece como un delito político casi todo lo relacionado con el cuerpo, la homosexualidad, la bisexualidad, la transexualidad y la educación sexual y las teorías de género. Lo heterosexual es la norma y los hombres deben ir al cuartel y las mujeres jugar a las muñecas y pintarse de rosa. Todas estas cuestiones que formaban parte de antiguas estructuras de creencias custodiadas básicamente por las iglesias reaparecen en escena pública con carga de delito político. Si antes ya eran delitos morales, ahora lo serán también políticos.
Por qué es importante para estas nuevas oleadas concentrarse en la sexualidad como lo hicieron en las dictaduras militares.
Por qué este retorno casi medioeval al fascismo contemporáneo.
En el interés de crimininalizar toda forma diversa a la propagada por las iglesias y el Ejército, las dos más grandes, junto con las escuelas, templos “cilivizadores”, se asocia cualquier planteo de diversidad sexual con la inminencia del caos y que, por lo tanto, todas las personas que asuman la defensa de qué hacer con el cuerpo,desde una posición autonomista, pasan a ser sospechosas de desestabilizar el orden.
El juego es muy interesante. Al no tener estas oleadas neoliberales formas de ilusionar a la gente con el chorreo de capitales, con convertirnos a cada uno de nosotros en “exitosos emprendedores”, en vivir en “plena armonía con el consumo y los valores del mercado”, cuales eran las ilusiones instaladas en los 80 y 90, ahora vienen a atacar el fundamento del disciplanamiento de las sociedades modernas basadas en la definición sin “desviaciones” de lo que debe ser el hombre y de lo que debe ser la mujer. Una forma de acumulación del capital, de origen primeramente feudal y luego capitalista, se basó en definir con precisión el “ser varón” y el ser “mujer” que en las últimas décadas ha entrado en crisis -lamentablemente no por emancipación- porque el sistema de producción e intercambio de bienes y capitales ha definido que cada uno de nosotros seamos sujetos-objetos de consumo y propiedad sin interesar credo, color, sexo. Pero, y sin embargo, sus apóstoles actuales, al no tener respuestas a las grandes demandas sociales, criminalizan el cuerpo y cualquier “desvío” en la antigua normatividad.
Es un juego de doble faz. Los valores del mercado en esta súper acumulación de capitales en manos del tres por ciento de la población mundial afirman tu individualidad para volverte un consumidor y poseedor único e irrepetible “y que hagas la tuya”. Ese mismo mercado de capitales -concentrado en las corporaciones- apuesta ahora a utilizar la uniformidad social como látigo contra cualquier posibilidad de ser diferente.

Claro, hay gente que cree seriamente en esto, pero, lamento decirle, a esa buena gente, que esta no es más que una forma de no discutir a profundidad temas tan urgentes como la deforestación del planeta, el ecocidio, el genocidio, la desigualdad y para mantener y ampliar las tasas de ganancias de los grandes capitales.
Porque, convengamos, qué daño puede causar un niño que juega a las muñecas o una nena que juega a la pelota o que un tipo no vaya al cuartel o que una tipa le guste el cuerpo de otra tipa y que al tipo le guste la carne de su semejante y cosas así frente a esta devastación

Comentarios