El exilio de millones de venezolanos y la situación del gobierno de Maduro

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Por Arístides Ortiz Duarte

 

David Beasley, director del Programa Mundial de Alimentos de la ONU informó: más de un millón de venezolanos ya migraron a Colombia en los últimos cuatro años.

“Un 1% de hambre, implica un 2% de desplazamientos”, subraya el mismo, a manera de explicación del crecimiento geométrico del exilio de millones de venezolanos que huyen de la hiperinflación, la falta de trabajo y la carencia de perspectivas económicas para sobrevivir.

El Departamento de Migraciones del Perú dice: 395.000 venezolanos ingresaron al país desde el 2014.

En ese mismo lapso, Ecuador recibió a 250.000 refugiados de Venezuela. Chile a 84.000, Mexico: 31.000. Paraguay: 2.000.

Brasil representa un capítulo aparte. En los últimos dos años recibió a 54.000 migrantes venezolanos, desatando varios episodios de xenofobia por parte de poblaciones adonde se trasladaron los emigrantes.

La Agencia de Refugiados de las Naciones Unidas afirmó recientemente: desde el 2016 han dejado Venezuela 2,3 millones de ciudadanos de este país.

“El movimiento de población más grande de la historia reciente de Latinoamérica”, agregó Filippo Grandi, el Alto Comisionado para los Refugiados de la ONU.

Leer: https://www.hrw.org/sites/default/files/report_pdf/venezuela0918sp_web.pdf

Con el actual acceso a la información, resulta imposible ocultar los datos concretos sobre el fenómeno de la migración venezolana. Crisis económica y crisis política, establecen una relación simbiótica que hace que la situación empeore diariamente.

¿Por qué el modelo defendido por Nicolás Maduro a fuego y represión ya no da esperanzas de que se solucione el complejo problema de Venezuela?

El país no produce alimentos para satisfacer las necesidades de la población. La hiperinflación hace que la moneda no sirva ya para ningún tipo de transacción: un millón de litros de gasolina vale igual que una lata de atún (1,6 euros). El salario mínimo es 5.196.000, esto es: 1, 3 euros. Si no fuera porque otras absurdas equivalencias implican el hambre de millones de personas, las relaciones serían risibles.

Leer: https://elpais.com/elpais/2018/07/05/album/1530787099_721189.html#foto_gal_3

En las góndolas de supermercados escasean carne, pan, leche, arroz, lo básico para la subsistencia. La explicación oficial es que el bloqueo económico impuesto por EE.UU es la causa. La lógica elemental sostiene que un país que tiene una mínima organización es capaz de generar lo básico para alimentar a la población.

El modelo actual de economía, fuertemente influido por la política (autoritaria) no proyecta soluciones. El imperio estadounidense ya no es el todopoderoso de décadas atrás. Otros gigantes mundiales: Rusia, China, India, la Unión Europea, terminaron por ganar el terreno suficiente para que la omnipotencia y omnipresencia norteamericanas se haya debilitado considerablemente.

Exceptuando la UE, Maduro ahondó las relaciones de su gobierno con esos otros grandes imperios. Accedió a créditos (algunos leoninos como los que consiguió de China), pero la solución de fondo está lejos de conseguirse. Siguen los problemas sociales y económicos venezolanos.

El Socialismo del siglo XXI parece más un esquema militarista con trasnochadas ideas decimonónicas que un sistema ideológico; un esquema que solo sirve para conservar el poder del aparato estatal, y no para resolver los desesperantes  problemas del pueblo venezolano. Hugo Chávez y su carisma personal, en una coyuntura de bonanza que rodeó al inmenso negocio del petróleo durante gran parte de su gobierno, parecen haber emitido una realidad ficticia. Una ficción en la que si no había alimentos, se importaba; si no había empleo, se subsidiaba al desempleado, si no había medicamentos se compraba del exterior. Todo lo solucionaba el petro-dólar venezolano. Y cuando el boom petrolero entró en uno de sus ciclos problemáticos (a la baja) toda la estructura del Socialismo del siglo XXI chavista se vino abajo.

Ahora que la principal producción venezolana, el petróleo, experimenta suba de cotización (según la tendencia no durará mucho), técnicamente toda la estructura petrolero está a manos de China, según el acuerdo al que arribó Maduro en las últimas semanas con Xi Jinping, durante una visita oficial que realizó al gigante asiático.

¿Por qué en Paraguay muchos socialistas siguen defendiendo un gobierno, el de Maduro, que ya no puede resolver los problemas de la gente, del pueblo venezolano? El que se siente socialista, ¿debe defender las ideas políticas y económicas del socialismo como solución a los problemas de las mayorías sociales de un país o para que unos cuantos que se dicen socialistas conserven el poder estatal a como dé lugar?

Para la segunda interrogante, la respuesta es clara: la lealtad de un o una socialista debe ser con la gente, con el pueblo mayoritario de cualquier parte del mundo, y no con un régimen que se dice socialista. Los que se sienten socialistas en Paraguay tienen un grave error de perspectiva. Desconocen la realidad desesperante de millones de venezolanos para no poner en duda sus pensamientos políticos, su identidad política, para no ser acusados de “traidores”,  o simplemente porque no se informan, por perezosos, sobre lo que realmente está pasando en Venezuela.

Para la primera pregunta, podría haber varias explicaciones. Una de ellas, la trampa de la nostalgia de los primeros años del chavismo en el poder. La bonanza provisoria que, a estas alturas, ya es solo recuerdo romántico y no se volverá a recuperar.

Otra: la idea de que para sostener aquel recuerdo ilusorio, es necesario aplicar abusos de poder a la antigua usanza, persiguiendo a disidentes, concentrando el poder en la milicia y la policía, hegemonizando el poder en un partido único, controlando  casi totalmente el aparato del Estado.

No admitir que el partido  y el gobierno de Maduro son un régimen, una forma solapada de excesos autoritarios que está haciendo pasar hambre  al pueblo venezolano, es caer en el feroz error de la falta de autocrítica. Una autocrítica que permita imaginar otras salidas para Venezuela que no sea la vía de la derecha.

El socialismo como utopía ya no puede sostenerse sobre una base autoritaria y sobre la ineficiencia que no puede resolver los complejos problemas de un país, porque en estos tiempos el que ejerza poder necesariamente debe ser eficiente para los demás, para los ciudadanos. La élite del actual gobierno venezolano está plagada de ineptos y de amantes del dinero, que los lleva a replicar las viejas prácticas del poder de la derecha, que convierten en magnates a los profesionales de la política, dejando hambrientos a las mayorías populares. Hay suficiente publicación periodística seria a esta altura sobre la corrupción de los hombres y mujeres del actual gobierno de Maduro.

Leer: https://elpais.com/politica/2018/07/24/actualidad/1532432469_458131.html

Nicolás Maduro despierta el mal genio del mitómano Donald Trump, quien  se relame con la idea de un eventual uso de la fuerza contra él. Ahora tiene un apéndice, Jair Bolsonaro (no menos mitómano que yanqui) como cuña en la hasta hace poco pacífica Latinoamérica.

La conjunción de autoritarios en una sola constelación pareciera traer un piélago de calamidades a la región. La crisis venezolana tiene a muchos socialistas racionales preocupados, intentando diagramar salidas de emergencias. Pero también a muchos irracionales rebuznando fórmulas de “solución” con anteojeras de 200 años atrás.

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