El aumento del hato ganadero no genera productividad, sino ineficiencia a escala mayor

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El patrón de producción de la ganadería paraguaya sigue siendo el de “mayor carga animal por hectárea”, en detrimento de una mayor productividad por hectárea. El Ministerio de Agricultura y Ganadería, al no tener una política propia para el sector ganadero, adopta dicho plan que es la de la actual dirigencia de la Asociación Rural del Paraguay, pretendiendo como objetivo, el de beneficiar a los pequeños y medianos ganaderos. Este ineficiente como arcaico patrón de producción, es una de las causas de la baja productividad de la ganadería nacional, que tiene como principal estrategia  de productividad, el aumento del hato ganadero a través de planes de “retención de vientre”, lo que muchos ganaderos y miembros de la ARP ya cuestionan. El atraso de este sistema de producción y su ineficiencia puede mostrarse en las siguientes estadísticas. El promedio nacional de extracción del ganado bovino es de sólo el 15 % anual, siendo del 12 % en campo natural de la región oriental y del 20 % en pasturas implantadas, cuando en los países de la región el promedio nacional está por el 24 a 25 %.  La tasa de extracción  es el cociente anual de la venta o faena sobre el stock existente.

Así mismo, la producción de carne en Paraguay es de 28,9 kilos/Ha/año, mientras que en el Brasil es de 49,04 Kg/Ha/año; en Argentina 34 Kg/Ha/año y en Uruguay 40,9 Kg/Ha/año. Por  otro lado, el 70 % de las tierras destinadas a la ganadería son pasturas naturales, sin ninguna mejora ni manejo. La ganadería ocupa la mayor parte de las tierras productivas del país, con 16.300.000  hectáreas, de 24 millones de hectáreas que comprenden las tierras aptas para la producción agropecuaria del país, y alberga a 10.015.366 cabezas según el Censo Agropecuario Nacional del 2008, la que en la actualidad estaría por las 14 millones de cabezas, conforme a la proyección de la población bovina elaborada por SENACSA. La estrategia  de mejorar la productividad sólo aumentando el hato  ganadero, sobre la base del mismo sistema de producción extensivo tradicional, sin cambios en la técnica, la infraestructura, la genética y la nutrición, no hará más que aumentar la proporción del sistema ineficiente de producción, pero no la productividad.

El productor pecuario tradicional que tiene 1.000 cabezas de ganado, con una venta anual de 150 cabezas, no tiene márgenes de renta que le permita contratar a un profesional veterinario en forma permanente, sino de recibir su visita en forma esporádica. Tomando a Paraguarí como muestra de la región oriental, el potencial de uso de campo natural es de 1,5 hectáreas por vaca, mientras que en el bajo chaco es de 2,5 hectáreas por vaca, siendo el promedio nacional de 1,63 hectárea/Vaca. Es decir, para tener 1.000 cabezas de ganado en la región oriental, un productor tradicional necesitará 1.500 hectáreas de campo, más las demás áreas de la finca, lo que sumará un promedio de 1.800 hectáreas. Mucho capital en tierra y mucho capital en ganado, con poca rentabilidad. De ahí el dicho de que el ganadero es una persona que vive pobre y muere rico. Paradójicamente, dirigentes de la ARP y sus voceros suelen calificar de ineficiente a la agricultura campesina, alegando que tiene en su poder mucha tierra ociosa.

Veamos las grandes diferencias de productividad, sólo teniendo en cuenta el ganado criado en campo natural y el criado en pasturas cultivadas: la tasa de extracción en campo natural es del 12 %, en pastura implantada es del 20 %; la edad de faena en campo natural es de 3 a 5 años, en pastura implantada es de 2 a 2,5 años; el peso de faena en campo natural es de 350 a 450 kilos en 3 a 5 años, mientras que en pastura cultivada es de 440 a 500 kilos en 2 a 2,5 años; la ganancia diaria de peso en campo natural es de 220 a 280 gramos diarios, mientras que en pasturas implantadas es de 420 a 500 gramos diarios; el peso al destete en campo natural es de 120 a 140 kilos en 8 a 9 meses, mientras en pastura implantada es de 180 a 200 kilos; la mortandad en campo natural es de 10 a 17 por cada 100 animales, mientras que en pasturas implantadas es de 3 a 5 animales por cada 100; la marcación en campo natural es de 35 a 45 %, mientras que en pasturas implantadas es de 70 a 80 %; el animal entra en servicio en campo natural a los 3 años, mientras que en pastura implantada entra a los 2 años, lo que equivale a una mayor reproducción.

Por otro lado, utilizando en forma eficiente la tierra, se obtiene mayor cantidad de Unidad Animal por hectárea, necesitando menos tierra para mayor producción. Así, en pasturas implantadas, el rendimiento en el período de primavera-verano, es de un máximo de 1,8 Unidad Animal (1 UA=1 animal de 400 kilos o 1 Vaca con cría) por hectárea, y en el período de otoño-invierno el rendimiento es de 1,2 Unidad Animal por hectárea, siendo el promedio de 1,5 Unidad Animal por hectárea.

Dos factores fundamentales condicionan la necesidad de un mejoramiento en la eficiencia productiva o productividad de la ganadería que son, las demandas de un mercado cada vez más exigente de carne de mejor calidad y el aumento creciente de la demanda de tierra por parte de los agricultores campesinos y pueblos indígenas. Más que el aumento del hato, la ganadería debe superar su tradicional sistema productivo ineficiente, mejorando la productividad, mediante el mejoramiento de la calidad del ganado, la asistencia técnica estatal hasta ahora inexistente, la infraestructura, la sanitación, la nutrición, la genética y el acceso a los créditos apropiados del estado, para éstas acciones y no atados a programas de retención de vientre como lo viene haciendo.

 

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