El 8 de marzo las mujeres trabajadoras contamos la historia

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No caben dudas de que la desigualdad histórica que ha padecido la mujer ha sido fuertemente  reforzada por el modo de producción capitalista.

Por Celeste Houdín y Alhelí González Cáceres

La historia universal  no puede narrarse sin que en ella se pongan de manifiesto las condiciones materiales de la existencia. Es decir, necesitamos  recuperar  el contenido clasista  de la sociedad burguesa patriarcal y la inherente desigualdad que de ella emana para desde este prisma comprender cómo el modo de producción capitalista encuentra en el patriarcado un aliado de gran valor, sobre el cual logra edificar todas las demás desigualdades provenientes de la apropiación privada de los recursos, aliado al cual se une en forma casi simbiótica. A partir de esta unión, las mujeres pasan a convertirse en nuevas esclavas del capital; mujeres que además de ser explotadas, confinadas a los más recónditos espacios del hogar, se convierten en víctimas de una doble explotación.

No caben dudas de que la desigualdad histórica que ha padecido la mujer ha sido fuertemente  reforzada por el modo de producción capitalista, en sus diferentes momentos; desde la pérdida de las tierras, con el cercamiento y la instalación de la propiedad privada,  luego con la pérdida de sus propios cuerpos y de sus hijos e hijas, que pasaron a  ser propiedad del hombre. Más adelante, también se apropiaron de sus saberes y los criminalizaron. Saberes que se mezclan con la propia vida y  la  madre tierra;  dar vida,  sanar,  alimentar,  sentir y dar placer,  bailar,  cantar, serenar,  apaciguar, solidaridad,  cultivar, soñar,  pacificar, entre otros tantos.  El sistema capitalista patriarcal las confinó al hogar, encerradas entre cuatro paredes, sin libertades y sin derechos, omitidas en muchos sentidos de la historia. A pesar de eso, sobrevivimos, despertamos y hemos luchado por nuestra emancipación y lo seguiremos haciendo, unidas y unidos.

La historia la escriben los vencedores (Voltaire). A las mujeres este sistema de dominación, explotación y sometimiento no ha logrado  vencer, por eso  contamos esta historia, que quiso ser borrada, pero no lo  fue.

Hoy 8 de marzo es el  Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Por ello  esta fecha  debe recuperar las incansables luchas de aquellas mujeres trabajadoras, que el sistema capitalista/patriarcal no quiere recordar sencillamente porque  las ha convertido en  mártires de la lucha contra la desigualdad y la explotación.

Las mujeres, así como hombres, niños y niñas, fueron sometidos en la industria textil a condiciones  salvajes de explotación, pero esta explotación era aún mayor sobre las mujeres, quienes además de ser sometidas a las extensas jornadas laborales, recibían menor salario por igual trabajo.

Y es en este contexto de súper explotación de la fuerza de trabajo que tienen lugar las primeras luchas de las mujeres trabajadoras, que ni siquiera contaban con permiso de maternidad y de amamantar a sus hijos, sumado además a una brutal brecha salarial que rondaba entre  60% y 70% entre los trabajadores del mismo ramo a favor de los hombres.

En 1857, las obreras textiles de Nueva York reclamaban la reducción de la jornada laboral, igual salario por igual trabajo y mejores condiciones laborales. Diez años más tarde, en 1867,  se da la  huelga de planchadoras. Esta, así como otras manifestaciones y huelgas llevadas adelante por las mujeres trabajadoras, fueron dispersadas por el aparato coercitivo del Estado burgués.

En el año 1910, durante la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, celebrada en la ciudad de Copenhague,  la dirigente del Partido Socialdemócrata Alemán Clara Zetkin propuso la declaración del 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, teniendo gran repercusión a nivel internacional un año después. La propuesta de Zetkin partió del reconocimiento de las luchas que venían librando las mujeres trabajadoras del ramo textil, fundamentalmente.

Medio siglo después de las primeras manifestaciones, en 1908 Nueva York nuevamente es testigo de una protesta masiva. Unas 15.000 obreras textiles marchaban en la ciudad al grito de “Pan y Rosas”, exigiendo las mismas reivindicaciones de un siglo atrás. Recordemos además que, ese mismo año, 129 obreras textiles murieron como consecuencia de un incendio en una fábrica textil de Nueva York, provocado por el propio empresario, quien se negaba a acceder a las exigencias de las trabajadoras, encerrándolas e incendiando la fábrica.

Por otra parte, al otro lado del mundo, en la Rusia zarista las mujeres marchaban llamando a sus compañeros de clase a una huelga general, exigiendo el fin de la guerra imperialista, bajo la consigna de “Pan y Paz”, emblema de la Revolución Bolchevique.

Hoy, ¿cuáles son hoy las condiciones laborales de las mujeres en nuestro país? Datos de la  Encuesta Permanente de Hogares  2016 y cifras del Banco Mundial indican que  existe un total de  3.313.088 mujeres en el país, representando el 49,2 % de la población total.

Un 41,57% es económicamente activa, el desempleo abierto afecta al 6% de la población femenina, la brecha salarial entre hombres y mujeres es de 37,2%, menos salario por igual trabajo, siendo el ingreso promedio de las mujeres Gs. 1.900.000.

Asimismo, el 33% de los hogares paraguayos tienen a una mujer como cabeza de familia, siendo estos los más propensos a la pobreza. Existe una gran incidencia de empleos informales en la ocupación femenina. El empleo por cuenta propia comprende el 31,22% de la ocupación total, y la tasa femenina es superior a la masculina, tanto en el sector urbano como en el rural, el 32,03% de las mujeres ocupadas son cuentapropistas.

La Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos (DGEEC) en sus proyecciones expone que  la brecha de ocupación de género entre la población ocupada es del 16,4%, siendo la tasa de ocupación para los hombres del 58,2% mientras que la de las mujeres es de un 41,8%.

Otro elemento que requiere ser colocado es el empleo doméstico,  que está reconocido como un trabajo servil, casi de esclavitud, con  valoración  social  y cultural negativa. Nuestro país es el único en la región que desde su propia legislación discrimina el trabajo doméstico permitiendo que su paga llegue solo al 60% del salario mínimo legal vigente. Además, se promueve social y culturalmente que este empleo sea de forma casi exclusiva para las mujeres, generando a su vez una discriminación por razones de género.

Casi un 90% de la fuerza de trabajo para el empleo doméstico es femenina. Las mujeres trabajadoras, sobre todo la población adolescente y juvenil, sufren otro flagelo social que es el acoso sexual en sus puestos de trabajo y/o estudios, desde  descalificaciones constantes, amedrentamiento o solicitudes explícitas o implícitas para realzar actos sexuales para un  ascenso o  permanencia en el  puesto de trabajo.

Las leyes de protección a la maternidad y lactancia no son cumplidas, y en muchos casos las  mujeres embarazadas no logran ser contratadas en puestos de trabajo. En otros casos, cuando  quedan embarazadas, son obligadas a renunciar.

Más de un siglo después, la pobreza, la exclusión, la discriminación laboral, el desempleo  y la explotación siguen teniendo rostro de mujer. La lucha contra la subordinación al orden patriarcal jamás puede ser entendida sin la lucha contra el sistema capitalista explotador y expoliador, enemigo de la vida y, sobre todo, de la clase trabajadora.

Imagen: Fotociclo

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