Caso Arrom/Martí: Que la condena la paguen Latorre y los torturadores

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Por Julio Benegas Vidallet

El Estado paraguayo debe condenar y transferir cualquier multa que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) disponga (aún no hay condena) al ex fiscal general Germán Latorre, al comisario Antonio Gamarra, al oficial José Schembori y a todos los que estuvieron involucrados en el secuestro y en la tortura de Juan Arrom y Anuncio Martí.

Así nomás.

Ellos son los responsables de un secuestro y tortura que estuvieron a punto de terminar en la muerte de estas dos personas, en el marco de uno de los secuestros más contradictorios, con mayor cantidad de lagunas y alta corrupción con el poder político de entonces y la familia Debernardi: el secuestro de María Edith de Debernardi.

Es más, si tuviéramos un mínimo Estado se debería investigar de nuevo qué pasó aquella vez. Qué pasó con los 600.000 dólares del supuesto pago del rescate que no se encontraron, cómo fue posible que un funcionario del Ministerio de Justicia y Trabajo haya sido el depositario de buena fe de 350.000 de dólares y se le debe dar la palabra a la gente que como Rosa Samudio dijo que el comando de José Cazal les plantó, con violación incluida, 50.000 dólares para acusarlos.

Se debe investigar por qué la declaración de Rosa Gunter, que ese día del secuestro estaba con Maria Edith, no aparece en la carpeta fiscal. Esta señora había dicho que unas personas se acercaron e “invitaron” a Maria Edith a subirse el coche.

Se debe investigar cómo Guilerrmo Bordón, hermano de María Edith, esposo de una de las hermanas de Juan Arrom, casualmente llegaba a los lugares donde acababan de dejar los secuestradores las cartas. Se debe investigar por qué el juicio oral contra Alcides Oviedo, asumido jefe político del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), no se paró al mostrar este que no era velludo ni tenía lunares como había dicho, en su descripción del guardia bueno, María Edith luego de ser liberada.

Y se debe entender cómo el guardia malo, supuestamente Anuncio Martí, hizo para estar todos los días con la rehén habiendo tenido recientemente un hijo, habérsele visto trabajar en los bañados y sobre todo se debe explicar cómo él, que no mide más de 1.60, supuestamente era la persona que le encañonaba a María Edith desde arriba, en esa foto que apareciera en el Diario Vanguardia, de Ciudad del Este.

Antonio Debernardi, marido de María Edith, debió haber explicado por qué y cómo él encontró el coche del secuestro y por qué se subieron en él y embarraron las posibles primeras evidencias físicas.

Tienen que explicar tantas cosas, pero, ahora mismísimo, que el Estado está a punto de ser condenado a pagar por el secuestro y las torturas de Arrom y Marti, lo mínimo que el Estado debe hacer es procesar a esa gente que lo hizo y que además impidió un proceso judicial por este hecho. Y que de esta gente se saque la plata para pagar la multa al Estado paraguayo.

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