A propósito de fascismo, neo liberalismo, financiarización y otras palabras muy en boga

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Por Carlos Verón de Astrada

Es consenso en el estudio de la economía la existencia de ciclos económicos que dan cuenta que la misma no se desarrolla en forma lineal y armónica. Esos ciclos a su vez, van legitimando modelos políticos compatibles con las alzas y bajas de la economía.

Desde la formulación de los economistas clásicos, y más tarde de los neo clásicos, surge la idea de una regulación automática de la economía desde el mercado. Se imaginó una tendencia al equilibrio desde una “mano invisible” que nos llevaría inexorablemente a la estabilidad. En gran medida, el marxismo dio respuestas bastante claras de lo contrario.

Es decir, de los desequilibrios que ocasiona esa fantasía de un mercado regulador que está por encima de la voluntad humana. De hecho, el proceso de acumulación capitalista, conduce inexorablemente a convertir el “libre mercado” en un mercado cautivo de los dueños de un capital cada vez más concentrado.

Siendo así, desde una secuencia histórica de corto plazo, si arrancamos de la gran depresión de los años 30 del siglo pasado, hemos visto cómo el capitalismo o si se quiere, la burguesía, encontró una salida socorrida, quebrantando la teoría del automático equilibrio del libre mercado, con la formulación de un economista británico llamado John Maynard Keines. Este señor propuso como salida, una fuerte intervención del Estado en la economía para levantar la muy deprimida demanda efectiva, a través de inversiones públicas.

Y aparece y se impone un concepto nuevo. Esta nueva corriente, echa por tierra los principios del liberalismo, y la burguesía que tanta bulla hizo en favor del libre mercado, la iniciativa privada y la no intervención del Estado, de pronto tiene que recurrir al Estado para poner orden en un desorden que fuera ocasionado por la doctrina que le justificó.

En todo el mundo desarrollado se recurrió al gasto público para levantar la deprimida demanda efectiva de bienes y servicios y mover la economía del desesperante letargo de la gran depresión.

En EEUU se llamó New Deal en tiempos de Franklin D. Rossevelt. Pero también el nazi fascismo europeo recurrió al control del Estado en la economía, con un estilo diferente, pero económicamente, en esencia lo mismo.

La Unión Soviética desde luego era doctrinariamente de una economía estatal centralizada. Todo el mundo por tanto desde diferentes emblemas, Keinesianos, fascistas, bolcheviques etc, daban al Estado un rol determinante en la economía

Y no se puede negar que tanto keinesianos como nazi fascistas lograron levantar la demanda efectiva desde la inversión estatal y reactivaron la economía. Las más importantes obras de infraestructura vial que existen en Italia, se hicieron en el gobierno de Benito Mussolini. En la Alemania nazi además de inversiones viales, se abrieron fábricas de armas que daban trabajo a obreros que trabajaban a tres turnos.

Además, el Estado hizo emisiones inorgánicas (como las que hace hoy la Reserva federal norteamericana). Ese nacionalismo basado en un Estado centralizador se trasladó a América Latina, que en algunos países como el nuestro se contaminó de corrupción.

Pero llega la década del 70 del siglo pasado; EEUU rompe el compromiso de convertibilidad asumido en Bretton Woods en 1944 y a partir de ahí, empapela el mundo con dólares que imprime sin respaldo.

Por otro lado, habiendo salido del desequilibrio de la gran depresión, la gran burguesía se planteaba devolver la economía al sector privado. Y a principios de la década de los 80 bajo los gobiernos de Ronald Reagan en EEUU y Margaret Thatcher en el Reino Unido de G.Bretaña, se inicia la era del neo liberalismo.

Una palabra nueva se pone de moda y es usada y abusada en los ámbitos políticos: el neoliberalismo.

Una vez resuelta la recesión de los años 30 con el recurso Keinesiano , o el Estado de Bienestar, o como se llame, había que devolver la economía a la “regulación” del mercado, lo que es lo mismo que decir pasar de nuevo el control de la economía al sector privado , es decir, a la gran burguesía.

Desde el punto de vista académico, la teoría neoclásica desde lo que se conoce como la teoría marginalista, no es más que una sacralización desembozada del mercado y sobre todo, convierte el dinero y/o el negocio financiero en el actor protagónico de la economía.

A Milton Friedman le otorgan el premio Nobel de economía y la escuela monetarista de Chicago marca la agenda planetaria. Los bancos pasan a ser los actores protagónicos en la economía, lo que dará lugar más tarde al uso de una palabra también nueva: la financiarización.

La financiarización no es más que la transferencia de capitales del sector de la economía real de bienes y servicios hacia el negocio financiero. Sabemos que eso creó un globo, que explotó en el año 2008.

Con la intención de aclarar aunque sea un poco respecto a la palabra neo liberalismo tan usada y abusada, es que esa vuelta al “libre mercado” del control estatal de la economía, se debía realizar solamente desde gobiernos autoritarios. O si se quiere, desde el terrorismo de Estado.

Una periodista canadiense llamada Naomi Klein escribió “La doctrina del shock” para explicar que esa vuelta sólo se lograría en un contexto convulsionado como consecuencia de un hecho impactante en la sociedad. En realidad esa vuelta, es decir esa instalación del neo liberalismo se dio desde un plan piloto que fue la dictadura militar de Pinochet en Chile, instalada a través de un cruento golpe en contra de un gobierno legítimo pero sobre todo, de una economía estatista como fue el de Salvador Allende. Un gobierno que en el poco tiempo que duró, hizo grandes cambios en función del control social de la economía, nacionalizando el cobre, el salitre, la banca; repartiendo tierras a campesinos etc.

Todo eso había que echar por tierra y reivindicar el “nuevo modelo”. Es decir, el neo liberalismo. Ese modelo implicaba o implica flexibilizar al máximo la economía. Privatizar los servicios públicos, privatizar el seguro social, flexibilizar la relación laboral. Es decir, privatizar a mansalva. Esa abrupta vuelta a la sacralización del mercado, no se podía dar de forma pacífica y democrática. Sólo con el terrorismo de Estado. Pinochet repatrió sus economistas de Chicago, eso que se conoce como los chicago boys, y su modelo neo liberal fue presentado como el paradigma a seguir. Era el paraíso chileno y de ahí había que expandir a toda la región.

Ahora se está demostrando que mucho se mintió sobre la bonanza de Chile en esa época.

¿Es lo mismo neo liberalismo que fascismo?

A lo que quiero llegar después de todas estas vueltas, es que un gobierno no porque sea autoritario o totalitario, represivo y asesino, es necesariamente fascista. Porque el fascismo como se vio, es ultranacionalista y absolutamente no supone subordinación al capital foráneo.

El gobierno de Bolsonaro sin dudas represivo y conservador, tiene como ministro de Economia, una cartera que ahora absorbe los Ministerios de Hacienda, Planificación, Presupuesto y gestión e Industria, a un señor llamado Paulo Guedes, un exponente de la Escuela de Chicago que asesoró a Pinochet. Uno de los Chicago Boys a los que recurrió el militar chileno.

El ministro Guedes es partidario de privatizar todo, incluso sectores estratégicos de Brasil: la electricidad, el petróleo etc. etc. Este señor sin embargo encuentra el freno que le ponen los militares nacionalistas herederos del período militar de los años 60 y 70 en Brasil. La línea de Guedes es absolutamente incompatible con una política nacionalista, porque si fuera por él, remataría su país a favor de las multinacionales norteamericanas.

El que sí es ultranacionalista sería Trump, que pretende repatriar las empresas norteamericanas que se radicaron en otras latitudes –principalmente en Asia- y adopta una política proteccionista para superar la desocupación en su país. Ese fue y sigue siendo su discurso independientemente de que lo logre o no.

Dicho esto, creo que no estaría mal debatir sobre los procesos en curso en América y el mundo para diagnosticar desde la complejidad que comporta, y desde ahí, hacer los juicios de valor no tan ligeramente. Por ejemplo, saber que los gobiernos fascistas son autoritarios y represivos, pero no todos los gobiernos autoritarios y represivos son fascistas.

Algunos reprimen y matan para instalar el neo liberalismo que no es precisamente nacionalismo, eje doctrinario del fascismo.

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