A propósito de Bolsonaro, neoliberalismo, tiranos y tiranuelos

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Por Carlos Verón de Astrada

Nada es casual, el desafío es descifrar los fenómenos. En el mundo y por supuesto en nuestro país –suponiendo que somos parte del mundo- estamos asistiendo a la manifestación a veces velada y otras no tanto, de una respuesta a la oleada recesiva que  suele ser cíclica . Esta respuesta que en la Europa del siglo veinte se dio en llamar fascismo , se está notando con más claridad en occidente, y por supuesto en el nuestro – suponiendo que somos parte de occidente-

El neoliberalismo es un modelo económico que necesariamente se sustenta en el terrorismo de Estado. Por algo será que el programa piloto del neoliberalismo se dio en la dictadura de Pinochet que en un escenario dantesco impregnado de sangre, repatrió a sus economistas instalados en Chicago bajo la égida de Milton Friedman.

Por qué se desenvuelve en el terrorismo de Estado?. En primer lugar porque paradójicamente,  si para transferir el control económico del sector público,  al privado,  debe achicarse el Estado hasta el punto de anularle su rol en el sistema económico, ese  achicamiento del Estado se da necesariamente desde un gobierno autocrático.

Achicado el Estado entra en un proceso deficitario , lo que le hace recurrir al financiamiento externo y se hace primero emitiendo bonos y más tarde recurriendo al FMI. Este organismo otorga créditos blandos pero a cambio de que el país acreedor firme una carta de intención, que supone ajustes estructurales para preservar el equilibrio fiscal que le permita al país hacer frente a su compromiso con el organismo multilateral. Los ajustes estructurales producen tensión y el mecanismo de control social, es el terrorismo de Estado. Una fatal espiral, que todos conocemos.

Cómo se justifica

La justificación para achicar el Estado, es la ineficiencia y la corrupción que impregnan los administradores del Estado. A partir de esa premisa, la vía ineludible de recuperar el Estado de la inmundicia de la corrupción y la ineficiencia, es un personaje mesiánico que con mano dura, barra sin tapujos el Estado republicano moderno con todas sus instituciones.

El caldo de cultivo entonces  para justificar ese liderazgo mesiánico y despótico, sobre todo en una coyuntura global recesiva, es entonces la corrupción reinante.

Lamentablemente en Latinoamérica y por supuesto en nuestro país –suponiendo que somos parte de Latinoamérica- los administradores estatales (incluyendo los considerados progresistas) se contaminaron de corrupción.

Si  en Europa del siglo XX el fascismo emerge en el marco de la gran recesión de los 30, en el occidente actual , además de la recesión, la corrupción allana y justifica el camino hacia la autocracia despótica.

Aquí estamos entonces hoy, en el occidente quebrado en el que airosos emergen los despóticos mesías , cuya impronta discursiva es nacionalista, xenófoba, racista, homofóbica y “justiciera”.

Si bajamos a escala nacional, el terreno es por demás fértil. Tenemos una historia que no registra secuencias democráticas (salvo esporádicas y muy breves excepciones). Esa historia nos hizo ambular por la vida tragando y rumiando autoritarismo, que fácilmente nos hace caer en la nostalgia de eso que fue nuestra constante: la dictadura. La sociedad paraguaya tiene  fuertemente internalizado , como en un disco duro , tan duro que es difícil quebrantar , ese mito de la mano fuerte que pondrá orden en el caos. La dictadura de Stroessner es venerada porque fue quien se alzó al poder con un golpe, después de un largo periodo de inestabilidad y latrocinio. Ese es el discurso de los nostálgicos de la dictadura. Lamentablemente ese periodo caótico aludido, existió realmente. Después vino lo que ya sabemos, la larga pesadilla manchada de sangre. Una pesadilla que padeció toda la región.

Dicho todo lo dicho hasta aquí (porque el tema da para mucho), no es nada casual que aparezcan grotescos personajes como Jair Bolsonaro en Brasil y en nuestra republiqueta, un Payo Cubas, caricatura de tiranuelo, que teniendo como modelo a otro personaje grotesco desde el norte como Donald Trump, desde el gobierno de una potencia en franco derrumbe, y desde el  que quiere recuperar el control de su histórico patio trasero, para presentarse como figura “justiciera” impugnando las instituciones del Estado moderno republicano (que lamentablemente están minadas de corrupción). Esto explica en nuestro país la gran cantidad de gente que clama por la vuelta de los restos de Stroessner, pero también explica la masiva respuesta que tiene un Payo Cubas, que vociferando y repartiendo cintarazos, que para achicar el Estado , propone bajar los salarios de los senadores y el funcionariado público.

El escenario Latinoamericano  actual debe llamar entonces a los proyectos progresistas ( que inexorablemente volverán, porque el neoliberalismo carece de sustento), a tomar nota de la necesidad de además de reconfigurar la correlación de fuerzas , hacer todo el esfuerzo necesario para erradicar la corrupción, que es el caldo de cultivo del fascismo.

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