Blas N. Riquelme: murió un hombre viejo, hijo del viejo Paraguay que no quiere morir

3 Comentarios

Blas Niño fue sostenido y sostenedor del régimen stronista, en cuyo periodo amasó fortuna. Fue figura simbólica y pintoresca del partido que sostuvo a Stroeesner 35 años.  Fue un terrateniente a carta cabal hasta sus últimos días: gracias a sus gestiones para el desalojo de campesinos en Curuguaty,  fueron asesinadas 17 personas.

El dictador Alfredo Stroessner saluda al entonces empresario Blas N., en Palacio de Gobierno. Foto: ea.com.py

La muerte no es desgracia ni mala suerte personal para ningún ser humano, porque nos llega a todos  sin distinción. Aunque sí puede ser más o menos benevolente cómo y cuándo llega.

En el caso de Blas Niño (hasta cierta ternura connota su segundo nombre), le llegó a los 83 años, en un hospital para ricos, con todos los cuidados de la ciencia, con un imperio económico en la mano, rodeado de sus familiares y correligionarios, y tal vez pensando en una estrategia para quedarse definitivamente con las 2000 hectáreas de tierras del denominado “Campo Morombi” de Curuguaty. Quizás su alma haya leído, tras su muerte, que un diario influyente (Ultima Hora) le haya dedicado unas líneas de homenaje como “Un emprendedor que logró erigir un imperio económico”, tal vez dictado por un hermano espiritual suyo: A. J. Vierci.

Parece que la parca no le cayó tan terriblemente a Blas Niño, a juzgar por las condiciones en las que se lo llevó. Tal vez Dios le tuvo compasión y le perdonó todos sus errores humanos. Sin embargo, nuestro personaje no tuvo compasión con nadie, sobre todo cuando de plata y de tierras se trataba.

Blas Niño fundó varias empresas, entre ellas Cereales SA, Cervecera Asunción SA, para las marcas Victoria, Munich y Polar; y Cervecera Itapúa SA, Cadena Real SA (supermercados), Campos Morombí SA (agricultura) y Cristalera Asunción SA y Embotelladora Central.

También fue propietario de dos molinos harineros y la reciente inversión Indel SA, Fideos Federal y Monarca. Aparte, la familia Riquelme tiene vínculos con los Reguera y negocios en Miami, EE. UU.

Un chico “emprendedor”, como dice hoy el diario Ultima Hora. Pero sobre todo un chico avivado que entendió el contexto de la dictadura de Stroessner para amasar fortuna.

Nuestro personaje (cuya alma seguirá llorando y pataleado porque Dios le privó de tantos bienes terrenales), también fue un colorado ejemplar. Fue electo presidente de la ANR en 1994. Pero antes, en 1993, “regaló” al país un presidente de la República de su estirpe: Juan Carlos Wasmosy, de quien fue el conductor en la campaña electoral. Sirvió (esto es literal) al partido y a sus intereses personales durante 19 años desde la Cámara de Senadores. Fue dadivoso con sus correligionarios en cada interna colorada en la que participaba, puesto que gracias a sus importantes aportes económicos, muchos operadores colorados se enriquecieron, y unos cuantos electores recibieron 50 o 100 mil por la venta de sus cédulas. Fue líder del movimiento Tradicionalismo Democrático, desde dónde también alimentó a muchos hambrientos operadores colorados.

Blas Niño fue, como todo buen stronista, presidente de la Asociación Paraguaya de Fútbol y de la Unión Industrial del Paraguay.

Como todo buen terrateniente reaccionario, fue implacable con campesinos e indígenas sin tierra. Como ejemplos de este su pulcro legajo, menciono sus acciones políticas y judiciales en 1975 para desalojar violentamente a una comunidad del Pueblo Mby’a  de Paso  Romero, en el Departamento de Alto Paraná, ya que su amigo Stroessner le había regalado esas tierras en el marco de su “reforma agraria”. Su último acto coherente, antes de morir, lo acometió el 15 de junio pasado, cuando gestionó política, judicial y policialmente el desalojo de familias campesinas sin tierra en la estancia Campo Morombi. Gracias a sus gestiones, murieron asesinados 17 campesinos y policías.

Se fue así Blas Niño Riquelme, un hombre viejo, hijo de un viejo Paraguay que no quiere morir.

 

 

Comentarios