Arrom y Martí fueron secuestrados y torturados

No hay comentarios

Por Julio Benegas Vidallet

Es tarde, lo sé. Para tantas cosas es tan tarde. 2.002, todo lo que de ese tiempo hasta acá pasó, mi Dios. A Anuncio Martí y Juan Arrom los secuestraron en Lugano casi Colón, cuando subían la cuesta en el jeep que manejaba Juan Arrom. A media cuadra funcionaba el Centro de Investigaciones Judiciales, a cargo Javier Cazal, funcionario del Ministerio Público, amigo y hombre de confianza del fiscal general Oscar Latorre. Operaban como comando con el subcomisario Antonio Gamarra y el suboficial José Schémbori. Los intervinieron y los secuestraron. Les metieron bolsa a la cabeza y los torturaron. Luego los llevaron a una casa en Villa Elisa, a la espera de que sus heridas cicatrizaran. 15 días después, luego de que la Policía decía que Arrom y Martí estaban prófugos en el Norte, las hermanas Arrom, en el marco de una campaña grande por la desaparición de éstos, ubicaron a los secuestrados. Aún en estado shock, en el hospital, Anuncio Marti, periodista, me dijo: «Julio, querían que les digamos dónde estaba la plata y yo no sabía qué decirles ni sabía de qué me hablaban». Un poco después apareció liberada la señora María Edith de Debernardi. A su salida dijo con una contundencia que luego nunca más repitió: «esto nada tiene que ver con la izquierda». En otro operativo, el mismo comando dirigido por Gamarra, Cazal y Schémbori «recuperó» 50.000 dólares del supuesto pago del secuestro. La señora Rosa Samudio, esposa de Víctor Colmán, activista de Patria Libre, relató, cosa que ningún medio luego reprodujo, que le metieron la mano en la vagina y que la plata la plantaron durante el procedimiento. 10 minutos luego apareció la fiscalía y diez más tarde la prensa. Un tipo llamado Marcos Alvarez, alto funcionario entonces del Ministerio de Justicia y Trabajo, apareció con 350.000 dólares. Según él, Arrom se los dio en depósito porque no sabía dónde ubicarlos. Unos 600.000 dólares de los supuestos 1.000.000 de dólares pagados por el rescate desaparecieron.

En el secuestro de la señora María Edith de Debernardi no existe ninguna otra supuesta prueba más que el testimonio de la señora. Según el libreto oficial Arrom era el jefe intelectual del secuestro y Martí el guardia malo. Martí, en ese tiempo, cuidaba a su primer bebé con Gloria, de una comunidad originaria, y andaba intentando construir un movimiento indígena, y trabajaba en un proyecto en Bañado Sur. El era, como guardia malo, aquel que supuestamente apuntaba de arriba abajo a la cabeza de Maria Edith en la prueba que los secuestradores publicaron a través del diario Vanguardia, de Ciudad del Este. Martí es un tipo de no más de 1.60, mucho más bajo que María Edith. Según María Edith, el guardia bueno, siempre encapuchado, era un tipo lampiño con un lunar en el pecho. Según el libreto oficial el guardia bueno era Alcides Oviedo, este tipo que luego asumió la dirección política del EPP. Durante el juicio oral él se sacó la camisa y mostró al mundo su pecho lampiño sin lunares. Nadie fue capaz de parar el juicio por lo menos para hacer una inspección médica de modo a establecer si se había pasado navaja u operado el lunar.

La persona que aquel día del secuestro acompañaba la caminata en Ñu Guazu de María Edith, Rosa Gunter, en su primera declaración (luego desapareció del expediente fiscal), dijo que unos tipos se llegaron muy amablemente y la invitaron a María Edith a subirse al auto.

El auto del secuestro, una camioneta Jeep Cherokee, fue casualmente encontrado por Miguel Cano Melgarejo, primo del esposo de María Edith, Antonio Debernardi, y sin más condujeron el auto llenándolo de huellas.

El esposo entonces de Marina Arrom, hermana de Juan Arrom, Guillermo Bordón, hermano de María Edith, era el que casualmente encontraba las cartas de los secuestradores. El llegaba a un lugar y, oh, se encontraba con la carta, ya fuese en una peluquería, en un hospital, en la casa de los Arrom o en Radio Ñanduti.

Antonio, hijo de Enzo De Bernardi, ex director de Itaipú y la Ande durante el gobierno de Alfredo Stroessner, ya murió. Enzo también, al igual que el entonces ministro del Interior, Julio César Fanego, quien, junto con ABC y otros medios, mostraban como terroristas a pobladores de los asentamientos Marquetalia y Tava Guarani. Ah, y también ya murió Marcos Alvarez, el que había sido el supuesto depositario de los 350.000 dolares.

Gamarra llegó a ser jefe policial de la Fuerza de Tarea Conjunta y en el 2018 se postuló a senador. Arrom y Marti tienen estatus de refugiados en Brasil. Y en el 2008, ya con sus líderes Carmen Villalba y Alcides Oviedo en prisión, aparecía por primera vez un panfleto atribuido al Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP). Miguel Cano Melgarejo, el que encontró el auto del secuestro, falleció el año pasado, pero un poco antes la señora María Edith de Debernardi lo había querellado por lesión de confianza en una empresa ganadera (Codena S.A.) que habían fundado luego del secuestro.

Ah, antes de morir, Antonio Debernardi, en esta querella, dijo que el fiscal general de Javier Dìaz Verón le había pedido 100.000 dólares para actuar en este caso y que él ya le había pasado 15.000 dólares.

Comentarios