Agustín Barúa: “El discurso belicista en salud niega al discurso de la solidaridad”

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Considera que hay un “clasismo implícito” en la frase “quedate en tu casa” máxima de difícil cumplimiento para una mayoría en pobreza

Por Jorge Zárate

El psiquiatra y antropólogo, Agustín Barúa Caffarena, entiende que las salidas a la crisis de la pandemia se darán en los colectivos. Lo ejemplifica con Benedetto Saraceno, un psiquiatra italiano inspirador: “Salud mental es igual a cercanía social. En general me parece que es la vieja lección de la humanidad la que va a seguir pendiente: validar que no soy sin el otro. Es una vieja lección, pero cada vez más a contrareloj. El abordaje tiene que ser desde la salud pública y colectiva, es un plural, es cuidarnos”.

¿Cómo vas viendo la salud mental de la gente que puede cumplir la cuarentena?

Es complejo de caracterizar. Resaltaría algunos aspectos:Un punto es que parece que algo viene funcionando como acatamiento a las medidas gubernamentales por razones complejas, una mezcla de cosas como conciencia de cuidados, miedos múltiples, amenazas de sanciones, adoctrinamiento histórico en docilidad y sumisión ya aprendidas por largo tiempo, abusos de los 3 poderes del estado que casi nunca se castigan.

Otro aspecto es que hemos tenido como sociedad reacciones muy mezquinas, el ejemplo más horroroso fue el sin lugar en que quedaron muchos compatriotas que volvían del exterior yquedaron atrapados o hacinados. En estas conductas mezquinas el discurso de “la guerra contra el virus”, el discurso belicista en general, es una vía rápida para construir muy fácilmente al otro, en contacto o en sospecha de contacto con el virus, como “peligro” o como “amenaza”, y así nos predisponemos a la sola vigilancia o peor, al ataque. Este discurso pro militarista se contradice con otro discurso que también se viene difundiendo que está centrado en el cuidado y la colaboración.

Es esperable  que desde el Estado (o al menos este) no se pueda sostener un discurso coherente sobre el cuidado en tanto ese mayormente no ha sido su rol, sino que ha cumplido roles clientelistas, represivos, autoritarios y precarizados.

¿Es claro que la situación desnudó las desigualdades, cómo se manfiesta esto en las conductas?

-Sí, a la situación político económica ya atroz de la que veníamos (71% de la población adulta económicamente activa en “empleo informal” o sea precario o sin empleo, privilegios impositivos para que las élites sigan concentrando, sectores mafiosos que imponen sus reglas, gran daño ambiental por el capitalismo extractivista) se le sumó la pandemia y las medidas sanitarias.

Si a esto le agregamos lo que pasó en el parlamento que, ante la discusión de medidas impositivas redistributivas que al menos disminuyan los enormes privilegios y márgenes de ganancias de ciertos sectores, mucho del poder político se volvió a subordinar a las élites económicas. 

Hay, una vez más, una confirmación de la expulsión de las mayorías por fuera del estado de derecho en que supuestamente estamos “todos los paraguayos”, en “unión e igualdad” y otros blablases, donde muchísimos derechos constitucionales no se cumplen. Esta desigualdad es un insulto para la salud mental de las mayorías (y en el fondo también de estas minorías que viven presas de sus miedos). El rol del parlamento y del ministerio de hacienda en la salud es aún más importante que el del propio ministerio de salud: Tenemos una concepción reduccionista de la salud mental (y de la salud), quizás deberíamos pensar en nociones más abarcadoras como bienestar social.

Otro punto es la agresión en salud mental que significa el clasismo implícito del “quedate en casa” que configura una nueva agresión a las clases desfavorecidas. Esta agresividad de este tipo de políticas públicas sobre las mayorías no es nada nuevo: por larguísimo tiempo los derechos no han sido concretados, así la gente ha recibido largas lecciones en ese ser despreciadas a través de mensajes desvalorizantes que vienen minando su autocuidado y, mucho más aun, su vocación de cuidar al otro: te tratan como basura y no como persona, y a la larga ya no te sentís siquiera persona (digna, independiente, con derechos).

-¿Qué sugerirías hacer en la salida, en los cierres/aperturas que se supone que habrá en el futuro?

Creo que más que pensar en la salida ya, que es bastante brumosa aún, pensaría en lo que ya se está haciendo y que podría preconfigurar para el futuro cuestiones a difundir y a defender.

Una, la solidaridad de las ollas vecinales populares que volvió a salvar a la gente ¿Cuándo no? Esto no es nuevo pero sí remarca la lección de que la solidaridad comunitaria y su potencia política son un camino de enorme validez y confiabilidad política.

Otra cuestión que creo que se percibió masivamente y puede dejar un legado, es que las ofertas que privatizan derechos y los convierten en lucro bajo el disfraz de seductoras publicidades (y apoyándose en la destrucción de la oferta pública), en su gran mayoría en este contexto no se pudieron sostener y todas sus supuestas ventajas, se cayeron. Esto se vio en el ámbito sanitario, en el educativo y en el empleo.

La tercera es que justamente antes de la pandemia (y también ahora mismo) se discuten propuestas de sistemas de salud donde todas las propuestas usan el adjetivo “universal”. En la organización que integro (Alames Paraguay– Asociación Latinoamericana de Medicina Social) entendemos que hay puntos que definen lo genuinamente universal: que el financiamiento salga de una reforma impositiva que favorezca a las mayorías disminuyendo los históricos y largos privilegios de las élites, que la salud nunca deber ser una mercancía sólo para quienes la puedan comprar (y al decir salud hablamos de servicios articulados comunitarios y hospitalarios, de calidad y con calidez), que no hay salud sin participación de la gente, y que no hay reforma válida en salud si sólo se reforma y salud y no los otros sectores para garantizar los otros derechos a la par.

Estudios

Agustín Barúa Caffarena, es médico especialista en Psiquiatría de Atención Primaria de Salud. Magister en Antropología social. Psicoterapeuta en Clínica placera. Investigador en la Universidad Nacional de Pilar. Integrante del Colectivo Noimbái. Miembro de la Asociación Latinoamericana de Medicina Social (ALAMES) – Paraguay. Miembro de la Sociedad Paraguaya de Psiquiatría.

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