Aborto: Retrato de una sociedad con miedo

No hay comentarios

Por Julio Benegas Vidallet

En nuestro país, en particular, más que en otros países, tenemos una educación moral religiosa. Nuestra formación está lejos de ser técnico científica. Esto tiene mucho que ver con la orfandad en la que quedara la población luego de la Guerra Grande, con su San Cayetano, la Virgencita, el designio de los astros y los poras.

Nuestro estado moderno, el que se refundara con el régimen de Alfredo Stroessner, recreó un modelo educativo completamente obediente al poderocito de turno, ya sea el director, el jefe, el capataz, la supervisora, el presidente de seccional, el procurador, el aduanero, el comisario y el militar. Sin crítica, con un nacionalismo folklorista y manipulador, mataron la profundidad de la cultura popular en las academias, en las escuelas, hasta producir pero tal vaciamiento del pensamiento que, finalmente, los argumentos con los que quedamos se sostienen en moralismos seudo religiosos, pero, sobre todo, se sostienen en el miedo.

El miedo es piel, carne y hueso. Y es ese miedo el que todos los días reinventa el grupo de poder en nuestro país. Al no tener un proyecto profundamente popular, su base subjetiva de dominación es el miedo. El miedo paraliza, el miedo te hace cerrar las puertas y las ventanas, el miedo te hace pensar que por todos lados hay un enemigo de tu propia clase. El miedo, en el caso de la gente que tiene mínimo bienestar, a que las cosas cambien y que ese mínimo bienestar se vea en peligro por elementos contaminantes, subversivos.

El resto, pobre, de la población sobrevive nomás, no tiene nada que conservar pero ya no tiene ni tempo para pensar ni organizarse de tanta súper explotación para conseguir algo de estudios, de pan y, si se puede, algo de alegría. Es ese el escenario en el que ese grupo de poder y las clases de bienestar definen, en amparo de su formación y sus miedos, que en las escuelas no tengamos educación sexual y que un ministro de Educación, Enrique Riera, hijo de la oligarquía ganadera, haya asumido públicamente que se quemarán los libros sobre teorías de género y cosas así.

Y es también en este contexto en el que en discusiones sobre embarazos, abortos, anticonceptivos, se los invite a los curas, guardianes extraños de esa cofradía moral del feudalismo, cuando estos temas se debaten en la televisión, en las radios e incluso en las universidades, lugares donde, se supone, la educación, por excelencia, en estos tiempos, debería ser técnico científica. Quieren que todo siga tal cual, que no se toque un ápice de ese orden que es amparo y resguardo de un modelo de acumulación latitundista, narcosojero, cuasi mafioso. Han construido una altísima hegemonía sostenida en el miedo. Y es así que, finalmente, por las dudas, gente buena, que nada tiene que perder, no apoya la ley de paridad y que, por las dudas, se opone a la educación sexual en las escuelas y en los colegios y, por las dudas, se mantiene en su cueva, con las ventanas cerradas, apaga la luz y que el resto, tan o más pobre, sobreviva como pueda.

Comentarios