A un año de la siembra de Francisco Estigarribia: «Ay, Fran…!»

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Por Julio Benegas Vidallet*
Aquel 19 de setiembre de 2018, Francisco Estigarribia se levantó al alba. Tenía un montón de agendas pendientes antes del viaje a Ginebra, donde iba a asumir formalmente su nuevo cargo: colaborador internacional de la Molacnat’s . Alargó todo lo que pudo la despedida con su pareja. La iba a dejar en la primera parada, luego le dijo que la llevaría a la segunda y finalmente la llevó hasta el surtidor de Ñemby. La dejó directamente en la calle que une Ñemby con San Lorenzo.
Esa mañana Francisco tenía una reunión con Leo Rubín y Karina Cáceres. Este grupo se había organizado durante las elecciones presidenciales del 2018, como equipo de asistencia del candidato vicepresidencial. Leo le había pedido al entonces presidente del Partido Convergencia Popular Socialista, Ernesto Benítez, una persona de confianza para el manejo de su agenda de actividades y de presentaciones públicas. Ernesto no dudó en recomendarle a Francisco.
La relación de Francisco con Karina se había sellado en una plataforma de estudiantes latinoamericanos. Pero esa reunión en El Granel, aquella mañana del 19 de setiembre de 2018, se había convocado para producir un programa periodístico en vivo, en Marina Kue, con la presencia, por primera vez luego de recuperar su libertad, de Rubén Villalba. Villalba iba a pisar por primera vez luego de seis años aquel territorio ensangrentado el 15 de junio de 2012, donde habían fallecido 11 ocupantes campesinos y seis policías. Rubén, líder de uno de los grupos de ocupantes, había sobrevivido con un tajo en la cabeza provocado por una bala probablemente del fusil ametrallador Galil que utilizaban los integrantes de la primera línea del Grupo de Operaciones Especiales (GEO).
En la reunión, Francisco se comprometió con dos tareas precisas: Comprometer la presencia de Rubén, recientemente liberado, en Marina Kue, y contactar con radios educativas y comunitarias para establecer una cadena de trasmisión en vivo. En otra sala de El Granel, en Juan de Zalazar casi Artigas, estaban Liz Torres y Norma Duarte. En un momento de distensión de ambas reuniones, Liz y Francisco se encontraron. Luego se acopló Norma.
A la salida, Karina le planteó a Francisco que estaba preocupada por la dificultad que tenían de consolidar una juventud dentro del Frente Guasu.
–Las cosas no se pueden forzar, Karina-, le dijo Francisco y la invitó a visitar a Ernesto en su casa. Fueron en moto.
Luego del encuentro con Ernesto, Francisco debía pasar por Calle Escuela. En Calle Escuela, Fernando de la Mora, Zona Sur, la esperaba Gladys González para cerrar cuestiones de documentos para la reunión en Ginebra, pero Francisco, además de dicha agenda, fue con la decisión de llevar a Gladys a una reunión con un colaborador internacional de la CONNAT’s.
En el transcurso se comunicó con Fabricio Arnella, del Partido Comunista Paraguayo, para acordar la presencia de Rubén en Marina Kue, y habló con gente de Fe y Alegría y otras organizaciones con medios comunitarios y educativos. La idea era dejar todo preparado antes de su viaje a Ginebra. Luego de la reunión, Francisco invitó una cena temprana en el Mercadito. Allí Francisco comió un picadito de carne, Gladys probó el Puretón de Las Delicias.
En Paraguay las transiciones estacionales suelen expresarse con una mezcla de vientos intempestivos. Cuando el norte ventoso, cálido, y el este templado, chillón y polvoriento, se juntan es probable que las nubes estén preparando un juego de pirotecnia que dejen en ridículo el artificio. No iba a ser entonces novedad que ese día la primavera se agazapara para iniciar su recorrido con una tormenta. Aunque, salvo los pronósticos cada vez más certeros de Meteorología, en la atmósfera de ciudad no se sentían indicadores muy evidentes de ese giro que daría el clima en la noche avanzada. Es que en las ciudades vivimos a espaldas de esas paletas de colores del crepúsculo y de esas nubes cargadas de petardos que suben por poniente. Y ya se sabe, Poniente no miente.
A sus 29 años, Francisco andaba a mil cerrando sus agendas diariamente.
-No sabías cómo, pero siempre a todas partes llegaba a hora o incluso unos minutos antes- asegura Karina.
De la reunión en El Granel, en el Barrio Las Mercedes, de Asunción, se habían ido a la casa de Ernesto Benítez, Azara y 22 de setiembre. Allí, Karina le sacó una foto a la flor de mburukuja y luego sacó fotos de la comida, un revuelto de huevo con verduras y una ensalada básica de verdes, tomate y cebolla. Compartieron algunas ideas con Ernesto, líder de Táva Guarani y referente, junto con sus hermanos, de los asentamientos campesinos de San Pedro Norte.
Karina se despidió y él, un poco más tarde, fue a Fernando de la Mora a recoger a Gladys, y de Fernando volvería al centro de Asunción para la reunión con un colaborador de la organización.
Con la moto todo parece más rápido y más cercano. Con el celular en la mano, los trámites, aun las urgencias, aparentan más fáciles. Moto, celulares y autos chileré han invadido hace unas décadas el universo urbano paraguayo.
En el camino, iba a dejar a Gladys en su casa, en Barrio San Pablo. Cuando ella se percató de que no tenía la llave de la casa y que su pareja tardaría en volver, Francisco le ofreció ir a San Antonio.
-Ma’ére piko repytáta okápe, Gladys- le interpeló. Gladys quería esperar a Peque, amigo de Fran, cuate de Fran, porque Peque tenía también un viaje en puertas y no quería Gladys que se fuera sin la despedida. Cosa de parejas.
A la despedida, ubicó el segundo casco en el manubrio de la moto. Francisco siempre llevaba un segundo casco. En el camino le dijo a Ña Tere, la madre, que pasaría a saludarla antes de irse a dormir en la nueva casa. Ña Tere, de esas madres que siempre esperan con algo de comer a sus hijos, compró unas empanadas.
Iba seguramente Francisco con esa sensación del deber cumplido por un camino que le era súper conocido: el Acceso Sur.
Aquella noche, luego de una intensa jornada, Fran iba a buena velocidad con el casco puesto, en un tráfico despejado. Nada extraordinario podía pasar. En la boca del centro de Ñemby, le pasó a la línea 15 que paró a bajar pasajeros. Ya no era hora pico, su carril estaba despejado, incluso podría mudarse al carril del colectivo, pero él se mantuvo en su carril, el izquierdo. Muy pronto el Acceso Sur se despoblaría incluso de los colectivos. Nadie atrás y nadie cerca enfrente. Un poco antes de la calle en la que debía desviar para ir a su casa, previa escala en la casa de su madre, en San Antonio, un auto del carril contrario hizo un giro de 90 grados, atravesando la línea divisoria. Lo llevó a él y a su moto por delante y el auto se incrustó en una murallita, al costado derecho del Acceso Sur. El golpe certero en el pecho, primero, y en la espalda después, comprimió violentamente sus pulmones hasta asfixiarlo, dejándolo sin respiración. La persona que lo atropelló de lleno, a una velocidad de carretera, sobrevivió, luego de una larga intervención en terapia intensiva, con un andar lento y un respirador artificial en las tráqueas. El doctor Hugo Leguizamón, médico forense del Ministerio Público, definió que la causa de la muerte de Fran fue un “traumatismo cerrado del tórax”.
En el dictamen pericial de la sesión Toxicología del Laboratorio Forense, del Ministerio Público, se concluyó que en la muestra de sangre de Víctor Genaro José Amarilla López, la persona que embistió contra Fran y su moto, “no se detecta presencia de alcohol”. Se desechaba así una de las causas más comunes de accidentes de tránsito en el país.
Qué pasó entonces, qué hizo que Víctor Genaro José Amarilla López, a sus 31 años, girara intempestivamente el volante hacia la izquierda, sin estar en boca calle, en cruce o esquinas. El abogado de la familia de Fran, Ricardo González, alzando las manos, en su oficina céntrica, entre papeles y el vídeo del accidente, declara su sospecha de que Víctor Genaro pudo haberse dormido y que, al despertarse, como acto reflejo, llevó violentamente las manos hacia el volante.
En la imputación fiscal por homicidio culposo, la unidad fiscal de Ñemby a cargo de la abogada Claudia María Aguilera Jara, describió que “el imputado, al alcanzar la dirección arriba citada, presumiblemente perdió el control del rodado, ocasionando que sobrepase el paseo central que divide la avenida”.
En ese mismo momento de la embestida, estudiantes de enfermería del Instituto San Patricio, con uno de los profesores, aguardaban el colectivo para ir a sus respectivas casas. El impacto les produjo tal conmoción que acudieron en tropa. Intentaron reanimarlo, pero Fran ya no respondía. El reloj del vídeo que registró el accidente marcó 21.02 de aquella noche negra. La desolación se apoderó de su familia, de sus amigos, de sus compañeros y de sus camaradas. Estallaron los grupos de wasap del partido en el que militaba, de la organización internacional de niños, niñas y adolescentes, de la CONNAT’s, de su grupo de formación de la escuela latinoamericana, de los grupos del Frente Guasu, el de su familia, el de sus compañeros universitarios, el de sus compañeros comunicadores y trabajadores sociales. Esos nubarrones que acompañaban el tráfico relajado de las 21.00, en ese tráfico en el que se lo veía a él conduciendo la moto casi en soledad, cerrando la jornada, planificando detalladamente su viaje a Ginebra, pronto se convirtieron en aguas tormentosas. El mundo Fran, el inmenso mundo Fran estallaba en una desolación que los telediarios registraron como una muerte más, un accidente más de moto y auto.
-Las personas como Fran no mueren, las personas como Fran nacen y crecen en la memoria de nuestro pueblo militante-, arriesga, frotándose el rostro de pómulos saltones, Ernesto Benítez.

Aquel 19 de setiembre de 2018, Francisco Estigarribia se levantó al alba. Tenía un montón de agendas pendientes antes del viaje a Ginebra, donde debía representar al Molacnat’s como colaborador internacional. Alargó todo lo que pudo la despedida con su pareja. La iba a dejar en la primera parada, luego le dijo que la llevaría a la segunda y finalmente la llevó hasta el surtidor de Ñemby. La dejó directamente en la calle que une Ñemby con San Lorenzo.

Esa mañana Francisco tenía una reunión con Leo Rubín y Karina Cáceres. La relación de Francisco con Karina se había sellado en una plataforma de estudiantes latinoamericanos. Pero esa reunión en El Granel, aquella mañana del 19 de setiembre de 2018, se había convocado para producir un programa periodístico en vivo, en Marina Kue, con la presencia, por primera vez luego de recuperar su libertad, de Rubén Villalba. Villalba iba a pisar por primera vez luego de seis años aquel territorio ensangrentado el 15 de junio de 2012, donde habían fallecido 11 ocupantes campesinos y seis policías. Rubén, líder de uno de los grupos de ocupantes, había sobrevivido con un tajo en la cabeza provocado por una bala probablemente del fusil ametrallador Galil que utilizaban los integrantes de la primera línea del Grupo de Operaciones Especiales (GEO).

En la reunión, Francisco se comprometió con dos tareas precisas: Comprometer la presencia de Rubén, recientemente liberado, en Marina Kue, y contactar con radios educativas y comunitarias para establecer una cadena de trasmisión en vivo. En otra sala de El Granel, en Juan de Zalazar casi Artigas, estaban Liz Torres y Norma Duarte. En un momento de distensión de ambas reuniones, Liz y Francisco se encontraron. Luego se acopló Norma.

A la salida, Karina le planteó a Francisco que estaba preocupada por la dificultad que tenían de consolidar una juventud dentro del Frente Guasu.

–Las cosas no se pueden forzar, Karina-, le dijo Francisco y la invitó a visitar a Ernesto en su casa. Fueron en moto.

Luego del encuentro con Ernesto, Francisco debía pasar por Calle Escuela. En Calle Escuela, Fernando de la Mora, Zona Sur, la esperaba Gladys González para cerrar cuestiones de documentos para la reunión en Ginebra, pero Francisco, además de dicha agenda, fue con la decisión de llevar a Gladys a una reunión con un colaborador internacional de la CONNAT’s.

En el transcurso se comunicó con Fabricio Arnella, del Partido Comunista Paraguayo, para acordar la presencia de Rubén en Marina Kue, y habló con gente de Fe y Alegría y otras organizaciones con medios comunitarios y educativos. La idea era dejar todo preparado antes de su viaje a Ginebra. Luego de la reunión, Francisco invitó una cena temprana en el Mercadito. Allí Francisco comió un picadito de carne, Gladys probó el Puretón de Las Delicias.

En Paraguay las transiciones estacionales suelen expresarse con una mezcla de vientos intempestivos. Cuando el norte ventoso, cálido, y el este templado, chillón y polvoriento, se juntan es probable que las nubes estén preparando un juego de pirotecnia que dejen en ridículo el artificio. No iba a ser entonces novedad que ese día la primavera se agazapara para iniciar su recorrido con una tormenta. Aunque, salvo los pronósticos cada vez más certeros de Meteorología, en la atmósfera de ciudad no se sentían indicadores muy evidentes de ese giro que daría el clima en la noche avanzada. Es que en las ciudades vivimos a espaldas de esas paletas de colores del crepúsculo y de esas nubes cargadas de petardos que suben por poniente. Y ya se sabe, Poniente no miente.

A sus 29 años, Francisco andaba a mil cerrando sus agendas diariamente.

-No sabías cómo, pero siempre a todas partes llegaba a hora o incluso unos minutos antes- asegura Karina.

De la reunión en El Granel, en el Barrio Las Mercedes, de Asunción, se habían ido a la casa de Ernesto Benítez, Azara y 22 de setiembre. Allí, Karina le sacó una foto a la flor de mburukuja y luego sacó fotos de la comida, un revuelto de huevo con verduras y una ensalada básica de verdes, tomate y cebolla. Compartieron algunas ideas con Ernesto, líder de Táva Guarani y referente, junto con sus hermanos, de los asentamientos campesinos de San Pedro Norte.

Karina se despidió y él, un poco más tarde, fue a Fernando de la Mora a recoger a Gladys, y de Fernando volvería al centro de Asunción para la reunión con un colaborador de la organización.

Con la moto todo parece más rápido y más cercano. Con el celular en la mano, los trámites, aun las urgencias, aparentan más fáciles. Moto, celulares y autos chileré han invadido hace unas décadas el universo urbano paraguayo.

En el camino, iba a dejar a Gladys en su casa, en Barrio San Pablo. Cuando ella se percató de que no tenía la llave de la casa y que su pareja tardaría en volver, Francisco le ofreció ir a San Antonio.

-Ma’ére piko repytáta okápe, Gladys- le interpeló. Gladys quería esperar a Peque, amigo de Fran, cuate de Fran, porque Peque tenía también un viaje en puertas y no quería Gladys que se fuera sin la despedida. Cosa de parejas.

A la despedida, ubicó el segundo casco en el manubrio de la moto. Francisco siempre llevaba un segundo casco. En el camino le dijo a Ña Tere, la madre, que pasaría a saludarla antes de irse a dormir en la nueva casa. Ña Tere, de esas madres que siempre esperan con algo de comer a sus hijos, compró unas empanadas.

Iba seguramente Francisco con esa sensación del deber cumplido por un camino que le era súper conocido: el Acceso Sur.

Aquella noche, luego de una intensa jornada, Fran iba a buena velocidad con el casco puesto, en un tráfico despejado. Nada extraordinario podía pasar. En la boca del centro de Ñemby, le pasó a la línea 15 que paró a bajar pasajeros. Ya no era hora pico, su carril estaba despejado, incluso podría mudarse al carril del colectivo, pero él se mantuvo en su carril, el izquierdo. Muy pronto el Acceso Sur se despoblaría incluso de los colectivos. Nadie atrás y nadie cerca enfrente. Un poco antes de la calle en la que debía desviar para ir a su casa, previa escala en la casa de su madre, en San Antonio, un auto del carril contrario hizo un giro de 90 grados, atravesando la línea divisoria. Lo llevó a él y a su moto por delante y el auto se incrustó en una murallita, al costado derecho del Acceso Sur. El golpe certero en el pecho, primero, y en la espalda después, comprimió violentamente sus pulmones hasta asfixiarlo, dejándolo sin respiración. La persona que lo atropelló de lleno, a una velocidad de carretera, sobrevivió, luego de una larga intervención en terapia intensiva, con un andar lento y un respirador artificial en las tráqueas. El doctor Hugo Leguizamón, médico forense del Ministerio Público, definió que la causa de la muerte de Fran fue un “traumatismo cerrado del tórax”.

En el dictamen pericial de la sesión Toxicología del Laboratorio Forense, del Ministerio Público, se concluyó que en la muestra de sangre de Víctor Genaro José Amarilla López, la persona que embistió contra Fran y su moto, “no se detecta presencia de alcohol”. Se desechaba así una de las causas más comunes de accidentes de tránsito en el país.

Qué pasó entonces, qué hizo que Víctor Genaro José Amarilla López, a sus 31 años, girara intempestivamente el volante hacia la izquierda, sin estar en boca calle, en cruce o esquinas. El abogado de la familia de Fran, Ricardo González, alzando las manos, en su oficina céntrica, entre papeles y el vídeo del accidente, declara su sospecha de que Víctor Genaro pudo haberse dormido y que, al despertarse, como acto reflejo, llevó violentamente las manos hacia el volante.

En la imputación fiscal por homicidio culposo, la unidad fiscal de Ñemby a cargo de la abogada Claudia María Aguilera Jara, describió que “el imputado, al alcanzar la dirección arriba citada, presumiblemente perdió el control del rodado, ocasionando que sobrepase el paseo central que divide la avenida”.

En ese mismo momento de la embestida, estudiantes de enfermería del Instituto San Patricio, con uno de los profesores, aguardaban el colectivo para ir a sus respectivas casas. El impacto les produjo tal conmoción que acudieron en tropa. Intentaron reanimarlo, pero Fran ya no respondía. El reloj del vídeo que registró el accidente marcó 21.02 de aquella noche negra. La desolación se apoderó de su familia, de sus amigos, de sus compañeros y de sus camaradas. Estallaron los grupos de wasap del partido en el que militaba, de la organización internacional de niños, niñas y adolescentes, de la CONNAT’s, de su grupo de formación de la escuela latinoamericana, de los grupos del Frente Guasu, el de su familia, el de sus compañeros universitarios, el de sus compañeros comunicadores y trabajadores sociales. Esos nubarrones que acompañaban el tráfico relajado de las 21.00, en ese tráfico en el que se lo veía a él conduciendo la moto casi en soledad, cerrando la jornada, planificando detalladamente su viaje a Ginebra, pronto se convirtieron en aguas tormentosas. El mundo Fran, el inmenso mundo Fran estallaba en una desolación que los telediarios registraron como una muerte más, un accidente más de moto y auto.

-Las personas como Fran no mueren, las personas como Fran nacen y crecen en la memoria de nuestro pueblo militante-, arriesga, frotándose el rostro de pómulos saltones, Ernesto Benítez.

*Es periodista y escritor. Prepara un libro sobre la vida de Fran que se presentará en octubre próximo en la Terminal de Omnibus de Asunción (TOA) donde el entrañable dirigente comenzó su tarea organizativa como niño trabajador.

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