Una vida pasada por agua (2)

A sus 21 años, con dos criaturas, Jéssica Arias aguanta su segunda inundación. Cuando se mudó, el agua ya llegaba a la cintura. Ya en su nuevo asentamiento, 25 y Estados Unidos, también recibió la propuesta de atención especial de la SEN si…

Jéssica y su hija mayor en el campamento de Estados Unidos y 25.

Jéssica y su hija mayor en el campamento de Estados Unidos y 25.

“No pueden jugar así con nuestra miseria”, nos cuenta al recordar que un funcionario de la Secretaría de Emergencia Nacional le ofreció atención especial si… «sabés luego a que me refiero”. A diferencia de Raquel, que cuando vio las aguas alrededor de la escuela, al lado de su casa, ya tomó sus cosas y se mudó a un terreno más alto, Jéssica se aferró a la esperanza de que el agua nuevamente baje. Estuvo en ese vaivén por cuatro meses. “Es que subía y bajaba. No es fácil dejar la casa”, comenta. Solo cuando el agua le llegó a las rodillas, en su patio, tomó la decisión.

A sus 21 años, esta es su segunda experiencia de inundación. En la primera vez, la navidad y el año nuevo pasó debajo de unos hules negros y precarios puntales.

Es hija ya de humedales, en Santa Ana. Cuando eso (la primera inundación) “era más fácil, estaban papá y mamá”. Ahora ella tiene que vérselas sola con sus dos hijos, aunque reconoce que el padre de las criaturas los ayuda, a “distancia”. “Mejor a distancia. Se evitan tantos líos, por Dios”, sentencia, procaz, revelando unos pronunciados hoyuelos al reírse.

Hace once años que su madre fue a la Argentina, en ese destierro tan extendido de nuestra gente. Ella, hija mayor, a sus 10 se hizo cargo, con el padre, de sus cuatro hermanos menores, entre ellos un niño de un año y seis meses.

A su hija le puso por nombre Siomara. Lo sacó de la tele. Su hijo se llama Dexon. Le gustó el nombre cuando vio colgado en la pared del sanatorio Español esa palabra: Dexon. “Luego, por internet, supe que significaba ácido”, suelta, “pero a mí me gusta”.

Con el 1 de la Media terminado, Jéssica quisiera terminar el colegio. Por ahora no puede pensar más que en la supervivencia.

-Mba’eoko oikopata la ñande gente gui-, se pregunta, como reclamando al universo. Acá no existe gobierno, no existe Estado.   Emaemina mba’eichapa oiko la ore vecino-, nos dice mostrando las aberturas del rancho de terciada.

El frío y la humedad arropan la piel. Arriba, el cielo, luego de una semana de lluvia, se muestra despejado.

Cómo hace falta un viento sur que lleve la humedad y nuestras penas. «Y eso que luego vendrá el Niño», refuerza Jéssica.

Habrá que prepararse.

«Oñepyrutaramo hina la ory», refuerza la vecina.

Artículo relacionado: Una vida pasada por agua (1)

Comentarios

Publicá tu comentario

Este mensaje de error solo es visible para los administradores de WordPress

Error: Las solicitudes de API se están retrasando para esta cuenta. No se recuperarán nuevas entradas.

Inicia sesión como administrador y mira la página de configuración de Instagram Feed para obtener más detalles.