Una vergüenza llamada Haití

La ONU gasta 800 millones de dólares anuales en ocuapción militar dejando a los haitianos en la miseria.

“¡Maye, eglu, chocolate!”, repiten una y otra vez los niños haitianos al pedir agua, comida y chocolate a los soldados de la ONU. Y es que son la expresión más clara de la vergüenza que representa Haití para el género humano.

“Ver a los niños ingerir eso parecido al agua o a los adultos comprar por 50 centavos de dólar (125-130 gourdes), es tan lamentable, sobre todo pensando en la cantidad de agua que tenemos en nuestro país”, comentó un paraguayo que cumple funciones en la isla.

En Paraguay hay mucha agua. Tanta que una empresa de refrescos utiliza entre 1.000.000 y 1.500.000 litros de agua por día para producir gaseosas. Entre paréntesis, nada tributa. La abundancia de agua dulce es igual para casi todos los países del Cono Sur, sin embargo, hasta ahora no hemos hecho nada más que enviar soldados a ocupar Haití. Extraña forma de ayuda humanitaria.

Y si en vez de enviar soldados enviamos agua? No veo grandes dificultades en que Brasil ponga aviones y Venezuela combustible, para mandar por lo menos 100.000.000 de litros de agua paraguaya, que es lo que una conocida marca de gaseosas utiliza en 50 días de producción.

Insólitamente el país más pequeño de la región: Uruguay, es el que más soldados envió: 900. Algunos hablan de 1000. Si para consuelo de tontos sirve, Paraguay tiene un solo pelotón colado en el contingente Brasileño, el segundo más grande de Latinoamérica en la zona francoparlante de La Española.

Si pensáramos en una ayuda humanitaria sincera me pregunto si seguiríamos enviando tropas de ocupación. La articulación solidaria podría llevarnos a tender la mano al pueblo haitiano ¿Y si en vez de enviar soldados enviamos agua? No veo grandes dificultades en que Brasil ponga aviones y Venezuela combustible, para mandar por lo menos 100.000.000 de litros de agua paraguaya, que es lo que una conocida marca de gaseosas utiliza en 50 días de producción.

Es el momento de desnaturalizar la miseria y empezar a ver a la nación haitiana como hermana, tan latinoamericana como todas. La ONU gasta 800.000.000 (ochocientos millones) de dólares por año en la ocupación militar. Para que los soldados vivan como reyes y los haitianos como mendigos.

La realidad haitiana se enmarca en una reconstrucción que solo se plantea levantar edificios gubernamentales, que no contempla programas sociales, ni transferencias de alimentos o planes educativos. Vale preguntarnos entonces, con la mayor de las indignaciones, qué carajos hacen las potencias en Haití, y qué hacen nuestros gobiernos enviando soldados.

Quizá, como no se cansa de recordarnos Eduardo Galeano, el mundo nunca le haya perdonado a los haitianos ser la primera República libre de América. Haití y no Estados Unidos, que siguió esclavizando por cien años luego de su independencia. Quizá el pueblo haitiano siga pagando la afrenta de haber derrotado a las tropas de Napoleón, o de ser la primera República negra.

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