Una noche con la eternidad de los Beatles

El espectáculo que ofreciera esta semana el maestro Luis Álvarez, denominado Beatles en violín, fue un viaje compartido por los músicos, el público y la imperecedera música de Los Fabulosos Cuatro de Liverpool. 

Fotos: Dani Adorno. Gestileza: Luis Álvarez Producciones

Lunes, 10 de septiembre. Ocho y treinta de la noche. Me bajo del colectivo y camino sobre la noche en dirección al teatro. Ya sé que no es Liverpool, ni es 1962, ni el mundo puede salvarse, ni el rock and roll aún está naciendo. Sé que ya no hay Lennon y que ya no hay George, y que los sueños se terminan, muchas veces, por el bien de la magia. Tampoco es que sepa muchas cosas, solo lo inevitable: sé que es Asunción y es septiembre, que el calendario dice 2012 y que sospecho que aún el mundo, hoy, tendría ganas de salvarse. Sé también que a algunos nos gustaría que por lo menos sobreviva el rock.

Sé de mucha gente que persiste gracias a la música, y creo que también la música no hubiese sobrevivido en muchos, si no fuera por los Beatles. Sé que aún existen los Beatles.

Y está más que claro que seguirán existiendo porque su música es, hace tiempo, universal y atemporal, puesto que sus melodías forman parte del ADN cultural de cinco generaciones que gozan con sus canciones y se permiten soñar con viajar a todos los momentos posibles en los que su nombre les convoque.

Por eso acudí al llamado de lo imperecedero, el lunes pasado, al Teatro Municipal, ocasión en la que el maestro Luis Álvarez invitaba a viajar en el tiempo, poseídos por algunas de las melodías más hermosas que nos regaló la música en la segunda mitad del siglo XX, con el espectáculo Beatles en Violín.

En el show (reprisado el martes 11), el maestro Álvarez tocó los clásicos de los Fabulosos Cuatro de Liverpool, no solo con la necesaria obsesión del músico, sino también con la incontenible pasión del fan. Álvarez lo dijo claramente al recordar cómo a los 8 años, su padre Lorenzo Álvarez le puso el violín en sus manos y le dijo “tomá este, mi hijo”. Aquel fue también el momento en que aparecieron los Beatles en el mundo. “Yo crecí con los Beatles –dijo Álvarez, visiblemente emocionado-, por eso es como que este concierto lo estoy tocando hace cincuenta años”.

Y esa carga, en todo sentido, se sintió plenamente en el show del lunes. Una potente entrada con el tema “Come togheter” sería la señal de que la magia estaba distribuida en la pequeña gran orquesta preparada para la ocasión, con un ensamble de vientos, cuerdas, coro, guitarras eléctricas, bajo, teclado y batería que sostenían la excelente interpretación de los temas en el violín de Luis Álvarez.

No había casi tiempo para las palabras, y la verdad que hay veces en que estas están de más. Así, “Michelle”, “Girl”, “Here comes the sun” y “Something”, vienen una tras otra desde todos los rincones del teatro, como si fueran los rincones del tiempo.

Y una vez copada la sala por esa sutiliza beatleniana, el espíritu de Sargent Pepper’s irrumpe con su particular alegría para soplar el espacio con los aires eléctricos del rock de los sesenta. Luego “Get back” y después “While my guitar gently weeps”, en versiones que demostraron lo power que puede sonar una orquesta compacta, y que me hicieron creer que el violín fue desde siempre un instrumento del rock. La conversación mantenida entre el violín de Luis Álvarez y la guitarra de Derlis Gonzáles fue, para mi, una de las interpretaciones más hondas de la noche.

Para “Yesterday” subió a escena Lupita Álvarez para acompañar a su padre. “Oh, Darling”, “Obladi, Oblada”, “Birtdhay”, “When I’m sixty four” y “Penny Lane”, completaron la siguiente tanda de versiones, esta última con su otra hija como invitada, la flautista Patricia Álvarez.

“Ticket to ride”, “Let it be”, “The Long and Winding Road” (con participación de Emilio García, su compañero por años en los Hobbies) fueron versiones emotivas que prepararon al público para “Eleanor Rigby”, una delicada versión de violín y cuerdas que conmovió notablemente.

Luego vino un medley con fragmentos de “Yelow submarine”, “With a Little Help from My Friends”, “Love me do” (con Enrique Zayas, del grupo Paiko, como invitado en armónica y voz), “Twist and shout”, “Day tripper”, “Eight days a week”, “A hard day’s night”, “I saw her standing there”, “Can’t buy me love”, “Help” y “Carry that weight”, para cerrar luego con el infaltable “Hey Jude”.

Álvarez ejecutó una treintena de canciones con la calidad y solvencia interpretativa que le es característica, acompañado de manera sólida por la orquesta que incluyó a los músicos: César Cipolla, en batería; Nene Salerno, en bajo; Derlis Gonzáles y Gabriel Lema, en guitarras; José Carlos Mendoza, en teclados; Remigio Pereira, Néstor Barreto y Bruno Muñoz en vientos, entre otros músicos de orquesta clásica y de rock.

Un verdadero viaje por el espacio y el tiempo, en el que quedó demostrado, una vez más, que a pesar de los años, las noches, los estilos y los mundos, los Beatles seguirán sonando. Y emocionando.

 

 

 

Comentarios

Publicá tu comentario

Este mensaje de error solo es visible para los administradores de WordPress

Error: Las solicitudes de API se están retrasando para esta cuenta. No se recuperarán nuevas entradas.

Inicia sesión como administrador y mira la página de configuración de Instagram Feed para obtener más detalles.