Una navidad en Maracaná

Foto: Jana Brunner.

Foto: Jana Brunner.

La navidad se festeja en todo el mundo. Cada país, cada cultura tiene sus costumbres tan distintas, tan especiales.

El 23 de diciembre todo parece una locura. Quizás en todo el mundo la gente se arrepienta de no haber hecho todo lo necesario unos días antes. Pasando por el mercado Municipal N° 4, llegando a la Terminal de ómnibus, da la impresión de que toda Asunción está caminando por las calles. La cierta tranquilidad paraguaya que tanto amamos de este país está interrumpida, solo un ratito, por los ruidos y la muchedumbre. Hasta el colectivo que pasa por el Mercado 4 está obligado de desviar, dirigido por un policía que chifla su silbato y gesticula impetuoso con sus brazos, porque en la calle ya no se mueve nada. En la Terminal la gente intenta rápidamente conseguir los últimos pasajes. Si ya no hay asientos entonces por lo menos parados. Todos quieren pasar Navidad con sus familiares.

Anahí se ve muy linda. Un discreto maquillaje en su rostro, un vestido bonito y su pelo bien peinado tiene un rico olor. Ella se preparó para el viaje a Maracaná, Canindeyú. Vidalia cuenta que este año no se va a Canindeyú, ella está esperando a que llegue su mamá con su hija. Fernando cuenta que no había más ningún lugar en el colectivo. Sin embargo va a llegar a su casa. ¿Cómo? “Ndaikuaái, pero de cualquier manera voy a llegar”, he’i. Todo eso para poder pasar los días festivos con los parientes. La Navidad en el campo paraguayo es algo muy especial.

Hace unas horas ya que falta el oxígeno en el colectivo. Más gente y más gente se sube. Cada vez que un pasajero quiere pasar por el pasillo, alguien hace un comentario en guaraní y todo el mundo empieza a reírse. Les da risa porque la posibilidad de que una persona pase por todos estos obstáculos en forma humana, en esos espacios tan pequeños. Pero al final siempre se logra, y nadie entiende cómo.

“Jajotopáta ko pyhare”. A las 6 de la mañana Anahí se baja en el cuarto encuadre de Maracaná y con su maleta entra por el bosque hasta llegar a su casa. Ella se quiere acostar un ratito más. Sabe que tendrá que preparar muchas cosas hoy, el 24 de diciembre.

Al llegar a la casa de Ña Irene, ella espera en el portón. Parece que todo el pueblo se despertó ya. Desde la mañana se prepara la comida y la bebida que va a tener que llenar todas las panzas de los hijos, tíos, nietos y primos. Y con razón empiezan tan temprano. El choclo para la chipa guasu hay que traer de la chacra y molinar bien finito, para las hojas del pesebre hay que encontrar una palmera y también una flor de coco, el kure hay que matar antes de poder asarlo a la parilla. Y la prisa no existe nunca en el campo paraguayo.

Foto: Jana Brunner.

Foto: Jana Brunner.

En Maracaná reina un ambiente increíble. Al llegar a cualquier casa, la gente ofrece su chipa y su clericó. Hoy, nadie para de comer. En todas las casa brilla un pesebre, lleno de figuritas. A veces también se encuentran unos juguetes de Pokemón al lado de María y José. Cuando oscurece solamente queda el brillo de las casas y de las estrellas en el cielo que está tan intenso esta noche que ilumina bien el camino rojo de arena. Lejos se escucha unas polkas paraguayas. Se toma cerveza y gaseosa. Después de comer y llenarse de nuevo la panza que ya estaba luego llena, todos esperan la media noche. A las 12 en punto se levantan para felicitar a todo el mundo. Hay tanta gente abrazándose que hay que tener cuidado para no olvidarse de nadie. Y de repente todo entra en una tranquilidad. Se paran frente al pesebre, observando el brillo, las figuritas y oliendo la flor de coco. Rezando, cada uno por su cuenta, transmitiendo una paz.

En la mañana del 25 vemos que no solamente a nosotros nos gustó el pesebre sino también a los chanchitos que parece que se divertieron bastante bajo la protección de las hojas de la palmera. Esa mañana también llega Fernando. Esta Navidad la pasó en la maletera de un taxi que lo llevó de Santani a Curuguaty. En Curguaty llegó recién a la una de la madrugada. “Igual no más“, él está feliz, sobró mucha chipa guasu.

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Foto: Jana Brunner.

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