Una madre víctima de la violencia y la injusticia

Lucía Sandoval  lleva 3 años y 4 meses encerrada en el Buen Pastor, lugar donde comparte con casi 400 mujeres, muchas de ellas injustamente privadas de su libertad. Es acusada de haber asesinado a su marido. Ella asegura ser inocente y que la acusan de algo que no cometió.

Lucía Sandoval asegura que está presa por un crimen que no cometió.

Lucía Sandoval asegura que está presa por un crimen que no cometió. Foto: Rufino Diana.

“Es muy difícil vivir cada segundo del día, encerrada, sin poder ver a tus hijos, a quien le tuviste meses en tu panza”, relata la madre de dos menores mientras se enjuga las lágrimas. “Ruego me disculpe, señor, es que usted me entenderá el porqué de estas lágrimas. No paso un solo día en que no pida a Dios me devuelva la posibilidad de abrazar a mis hijos, que es lo que más adoro”.

Como muchas personas en el sistema legal paraguayo, aún no tiene sentencia de la justicia. En nuestra Constitución dice que en caso de que una mujer sea maltratada por el marido, gozará de una garantía para realizar su denuncia ante el órgano que atiende el caso. “Fui víctima de violencia doméstica durante años,  denuncié en reiteradas ocasiones. En la última conseguí una exclusión del hogar. En ese contexto fue que mi marido se enojó mucho conmigo, y pasó de sus reiteradas amenazas a lo peor. Una noche fue a atacarme en mi domicilio, donde dormía con mis dos hijos, una nena que cuando eso tenía 7 años y un nene de apenas 3 años”.

Sintió que alguien ingresaba a la casa, era el marido. “Fue muy rápido, tuvimos un pequeño forcejeo cuando le exigí que bajara su arma, que me tenía apuntada. En eso se abalanza sobre mí y es allí que forcejeamos, y en ese momento se le fue un disparo…”.

Unas lágrimas caen lentamente de sus ojos, que me miraban fijamente. Luego de contenerse prosigue con el relato. “Jamás esperé que pasaría esto. Nunca se me cruzó por la mente, si hubiera imaginado evitaba, como sea, por mis hijos, por mí, y por él mismo, fue algo que nunca esperé”.

Desesperada por el hecho, toma el vehículo y se dirige al sanatorio tratando de salvar la vida del padre de sus criaturas, herido accidentalmente por mano propia. No hubo tiempo, el hombre fallece camino al centro médico. “Estaba muy alcoholizado”, aclara Lucía, mientras se seca los ojos con una mano. La llevan detenida, sospechosa de cometer un crimen. Ya en la comisaría, algo calmada relata cómo sucedieron las cosas. “Me hicieron la prueba de parafina, que salió negativo, porque no disparé el arma, ni siquiera la toqué. Igual fui acusada por homicidio y desde allí me encuentro aquí desde hace 3 años y 4 meses. Mi audiencia era para el 3 de enero pasado, pero no se realizó. Mi defensa presentó un recurso de reposición pero aun así, nada. Ahora fijaron para julio. Ojalá se de y me den la libertad para volver a ver a mis hijos”.

Se para unos segundos, acomoda la silla y continúa narrando. “Recién ahora que me toca vivir aquí, me doy cuenta que nadie está exento de esto, clase social ni religión. También me doy cuenta que no solamente las personas marginales son las que sufren injusticia en este país, sino nos toca a cualquiera”.

Mira a su alrededor y continúa relatando su historia. “Con mis familiares tengo la misma relación de siempre. Ellos me apoyan en todo momento, como te digo, están conmigo, nunca me abandonaron. Pero los familiares de mi difunto marido, no. Ellos me querellaron”.

Sus hijos no pueden visitarlo en su lugar de encierro porque los abuelos paternos les prohíben, ya que sostienen que ella asesinó al padre. “A mis hijos no les veo desde que ingresé a este lugar, viven con sus abuelos, y ellos les prohíben que me vea, que hablen conmigo. Le ponen en contra mía, principalmente a la mayor que ahora está por cumplir 12 años. Creo nomás que le hicieron un lavado de cerebro. Le hicieron declarar en mi contra, siendo menor”, comenta Lucía, enjugándose nuevamente el rostro con una toalla empapada casi por completo.

Nunca tuvieron en cuenta el informe médico donde dice que el marido se disparó, las pruebas de parafina dieron  positivo a la prueba que se le practicó. En cambio, a Lucía le había salido negativo, pero aun así la tienen encerrada.

El magistrado que preside el tribunal de sentencia es Julio Granada, quien tiene en sus manos el caso, pero al parecer le da poca importancia como en muchos otros casos, según comenta la afectada.

Oportunidad a la vida

Lucía acaba de cumplir 43 años. Cuando ingresó al Buen Pastor aún no llegaba a los 40. Ya dentro tomó la decisión de estudiar Ciencias Jurídicas. Ya superó unas 30 materias con excelentes calificaciones. “Por eso hay veces que digo que estar en la cárcel me hace más libre de lo que era antes estando afuera”, aunque aclara que es una forma de decir.

Su vida en la penitenciaría es bastante movida, se levanta temprano y cumple varias tareas. “Me  levanto a las seis de la mañana, todos los días, tengo muchas actividades aquí. A las siete estoy en el taller de la Cruz Roja, luego tengo tareas de acompañamiento a las demás reclusas en la biblioteca. Los miércoles tenemos misa, y normalmente me corresponde preparar. Los sábados realizo las actividades cotidianas o habituales hasta las 19 horas”.

Cuando llegan los domingos, no encuentra mejor opción que seguir con algunas actividades, para así, seguir viviendo, lejos de todos, de los hijos que ama, hermanos y padres que cada día la acompañan y la animan a luchar y a los pocos amigos que le quedaron, de quienes guarda buenos recuerdos. “Los domingos me dedico a ponerme al día con mi estudio, realizo trabajo de manualidades, y también tengo la preparación de la misa. En este momento soy la encargada de la llave de la iglesia. En ese sentido gozo de la confianza de los directivos del penal y de las religiosas”.

Además de todas estas tareas, también forma parte de la Dirección de Seguimiento de Actividades Procesales, recientemente habilitado por las autoridades del Ministerio de Justicia y Trabajo, que brinda ayuda a las procesadas del penal.

No logra entender y lamenta que la justicia haya sido tan injusta con ella. “Es muy injusto que siga aquí, porque no he cometido ningún crimen. Me acusan de algo que nunca hice, eso está más que probado. Yo solo quise desviar una agresión que venía sufriendo. Fui víctima de violencia por varios años, y de la  noche a la mañana de víctima me convirtieron en victimaria. Por eso digo que el sistema judicial falló conmigo, cuando me tenían que proteger como víctima, me ponen como victimaria. Esa es mi realidad, que muchas mujeres se encuentran atravesando en este momento, y va seguir sucediendo porque el sistema judicial no funciona en la praxis”.

Mensaje de amor

Al finalizar la conversación le preguntamos qué les diría a sus hijos si los tuviera en frente, como otras madres, que este día se encuentran compartiendo con sus seres queridos.

No consigue evitar que se le vuelvan a caer algunas lágrimas, pero luego se sobrepone y dice: “A mis hijos les digo que les amo, que en todo momento lucho por ellos desde aquí, desde este lugar, donde me prohíben estar con ellos para darle amor, cariño, que siempre les tengo guardado. Los extraño mucho, los necesito… Cada día sueño con verlos llegar, salir corriendo a su encuentro a abrazarlos, brindarles mi amor. Ellos saben que los amo. En su corazón saben que no soy ninguna asesina, por más que le digan eso, ellos saben que no es verdad”.

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