Una historia de las olvidadas trabajadoras domésticas

Ña Ana se levanta a las 4.40 de la mañana. Se prepara raudamente y deja listo el desayuno para su gente. Tiene suerte, no paga pasaje pues trabaja de empleada doméstica en casa de una vecina. A las 5.30 llega y con destreza comienza a armar las empanadas para la venta, las frita y luego de una buena cantidad pasa a otra cosa. Barre, repasa, lava, plancha… su labor acaba a las 10 de la noche y llega “muerta” a su casa. Repite la misma actividad de lunes a sábado, durante cinco meses. Todo por 100.000 guaraníes a la semana, 400.000 al mes. Dejó de trabajar para su vecina al conseguir algo mejor. Tres veces a la semana hasta el mediodía limpia la oficina de la nueva patrona y otros tres días la casa de la hija de la patrona hasta las 17. Cada jornada le vale 25.000 guaraníes. 600.000 al mes. Le obligan a usar uniforme para que “no haya confusión”, le dicen. “Para que sepan que vos sos la empleada”. ¿Mejor trabajo frente al anterior? Sí. ¿Mejor trabajo para mejorar su vida…?

Por ahora no…

Un corto de Marcelo Martinesi denominado Partida nos muestra en 14 minutos un fragmento de la vida de una mujer tironeada por los cuestionamientos de su madre. Che memby, pe óga remba’apohápe piko nde’irindeve ikatuhá rejujepi reke ape nde rógape. Ha’emango che patronape kuri, mamá. Ha mba’e he’i ndéve? Ko’anga ndaikatumoai, he’i chéve.

Sigue el quebranto de la madre. Ella responde resignada: por ahora no, he’i chéve. El castellano – por ahora no – es la reproducción de la voz de la patrona. El guaraní – he’i chéve – es la impotencia de la mujer.

¿Por qué el trabajo doméstico está tan subvalorado socialmente? ¿Por qué muchas familias que contratan a empleadas domésticas disponen de la vida de estas y piensan, en muchos de los casos, que les hacen un favor?

Se necesita muchacha sin… derechos.

Así se titula el trabajo de sistematización y análisis hecho por Hugo Valiente. Un apartado interesante es el que arroja luces sobre los antecedentes históricos que instalaron el modo de concebir en la actualidad el trabajo doméstico. En el recorrido histórico establece el vínculo entre las instituciones legales de la esclavitud en la colonia y el fuerte componente cultural. Si bien desde 1843 se decretó la abolición de la esclavitud, los resabios culturales que hacen a las prácticas no se suprimen fácilmente.

Quienes acompañan el camino de dignificación del trabajo doméstico remunerado, identifican dos aspectos que deben de cambiar profundamente: lo legal y lo cultural. Es cierto que lo legal es un respaldo; sin embargo, en el fondo de todo, lo cultural define la práctica. He ahí el desafío mayor.

Las cosas empiezan a cambiar

Para muchos ésta será una novedad notable. La caída de la dictadura stronista en 1989 trajo consigo explosiones de iniciativas, de nuevos aires, de nuevas esperanzas. Inscripto en la historia de aquel entonces está el SINTRADOP (Sindicato de Trabajadores Domésticos del Paraguay).

Hoy se erige una nueva iniciativa de organización: la Asociación de Empleadas del Servicio Doméstico del Paraguay. La pudimos conocer gracias a los testimonios de Solana Meza, quien tiene la representación de la zona de Lambaré, y de Marciana Santander, de la Chacarita. Marci nos abrió el portón de su casa donde se suceden reuniones de la Asociación. Un pulcro patio, oasis de plantas, encubre el calor infernal de la tarde. Unos minutos después de empezar la conversación los mosquitos ametrallan. Solana le reclama, conteniendo a duras penas la seriedad, que haya dejado abierto el portón: por culpa de eso entraron los mosquitos…

Tres meses atrás, no todas las empleadas domésticas tenían derecho a IPS

La primera gran victoria de estas mujeres fue la de haber coincidido en la necesidad de constituirse en un cuerpo organizado. Solana cuenta que además del objetivo de ir sumando compañeras y compañeros en esta lucha, buscan que esa progresión de esfuerzos se dirija a cambiar leyes trastocadas. La segunda victoria ya está registrada. Consiguieron extender el servicio de IPS a todas las trabajadoras domésticas de todo el país. Este derecho, desde 1965, estaba reducido a las trabajadoras de Asunción. El 11 de setiembre de 2009 consiguieron la firma de la resolución que extiende el derecho a nivel nacional. Es una cobertura médica completa, sin aporte jubilatorio. Unos 45.000 guaraníes que deben pagar los patrones o en su defecto la propia afectada.

Particular convocatoria en medios populares

En las páginas de periódicos y en radios que circulan sus mensajes en las esferas populares del Paraguay, la ONG Centro de Documentación y Estudios (CDE) invitaba a todas las trabajadoras remuneradas a participar de un encuentro denominado “La vida de las trabajadoras paraguayas del hogar”. Enigma y simbolismo había en esa invitación; la convocatoria llamaba para el 30 de marzo de 2008, fecha en que se recuerda el Día Internacional de la Trabajadora del Hogar. 80 mujeres asistieron, hablaron de cómo se les trataba, cómo creían que se podía dignificar el trabajo y escucharon los testimonios de unas y otras.

Marci reconoce que desconocía la mayoría sus derechos. “Ahí nos enteramos de que el seguro de IPS sólo se establecía para las trabajadoras de Asunción y que luego se iría extendiendo”, dice.

Dejaron sus datos como para seguir encontrándose, pues, a partir de ese primer colectivo se armó un grupo promotor y ahora se reúnen cada 15 días para conocer sus derechos, capacitarse y reclamar.

“No pretendemos una lucha con la parte empleadora”

En Paraguay no es requisito ser de clase alta para contratar servicio doméstico; eso lo entienden estas mujeres organizadas.

Una situación común es la “empleada sin retiro”. En muchos de los casos, para que la vida de los patrones pueda continuar sin demasiadas complicaciones, la vida de ellas debe postergarse, con posibilidades casi nulas de estudiar, conocer gente, fomentar relaciones de pareja… “Uno de los justificativos de pagarles poco es que se les da una pieza, una cama, comida, baño, etc. La verdad es que las patronas y patrones contratan en esas condiciones porque ellos y ellas lo precisan y, en puridad, deberían de pagarles más por esa jornada interminable”, es lo que dice la abogada Line Bareiro en el cuaderno de propuestas Lo que debe cambiar. Para la igualdad legal de las trabajadoras del servicio doméstico.

Solana aclara que la intención de ellas no es enfrentarse con la parte empleadora. Ellas introducen en sus reflexiones la realidad de que no todas las personas o familias que contratan servicio doméstico están en condiciones de asumir el pago de un salario mínimo. Entonces buscan negociar. Si la persona sólo puede pagar G. 500.000, “podemos trabajar con ellos media jornada”. De acuerdo a lo que pueden pagar se asume el tiempo de compromiso.

Que el trabajo doméstico sean una opción

Las trabajadoras domésticas aceptan las condiciones de explotación porque no tienen otra opción. Ellas aspiran a la profesionalización del servicio doméstico, a un plan de capacitación, poder estudiar cocina, primeros auxilios, economía del hogar.

Solana es muy equilibrada en sus juicios, no hay resentimiento en su voz ni en su mensaje. Dice que llegó a trabajar en casas de familias donde la trataron bien, comió con ellos en la mesa y de su misma comida. Pero así también llegó a trabajar en otros lugares donde por un mejor salario sintió más fuerte la discriminación: un área para el servicio doméstico, “un menú para el servicio doméstico y esas son cosas que pesan, que duelen”, dice.

Hasta ahora no había conocido la experiencia organizativa. Cuando se enteró de que los pocos derechos legislados no se cumplían, entonces le pareció que era momento de arremangarse la ropa. Ellas anhelan que el trabajo doméstico sea una opción. Por ejemplo, si una mujer decide no ser periodista y quiere hacer servicio doméstico, que lo haga teniendo el mismo salario, que pueda solventar sus estudios con lo que gana y que se sienta igual de digna.

Para contactar con la Asociación, se puede llamar a Solana Meza, al 0981 982142.

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