Un viaje hacia la tierra sin males

Entrevista a Sara Raquel Chavez, a 39 años de la partida del antropólogo León Cadogan.

Sara Raquel Chaves, poetisa y catedrática jubilada de antropología cultural de la Facultad de Filosofía UNA.

El 30 de mayo de 1973 fallecía en Asunción el etnógrafo paraguayo León Cadogan, “miembro genuino del asiento de nuestros fogones”, según fuera nombrado por los mbyá-guaraní, que lo acogieron e hicieron partícipe de las “primeras palabras hermosas”. En esta entrevista con Sara Raquel Chaves, poetisa y catedrática jubilada de antropología cultural de la Facultad de Filosofía UNA, conversamos sobre la obra que nos legó Cadogan y el sentido del mito de la tierra sin mal, figura simbólica en la que se sustentaron las grandes migraciones guaraníes.

–¿Cuál es la implicancia ética que conlleva la traducción y publicación  de textos esotéricos, tal como lo hizo León Cadogan con el Ayvu Rapyta?

–León Cadogan era un etnógrafo, y el etnógrafo reúne datos, describe, explica, analiza. Él enriqueció el acervo cultural de la humanidad porque abrió la posibilidad de un estudio comparativo de los tesoros místicos. Y eso nos enriquece porque en el fondo está demostrando la unidad del espíritu humano.

–La pregunta viene principalmente por el episodio que sucedió luego de la publicación y las disputas internas que generó la divulgación de las tradiciones secretas a personas ajenas a la comunidad.

–En muchas tradiciones, incluso en el primitivo cristianismo, había rituales y prácticas iniciáticas, o sea, muchas enseñanzas que concedían poder no se podían dar a cualquiera. Tenía que ser una persona que las utilizara de una manera inegoísta, no para obtener poder. Ha de haber habido quejas. Hay religiones como el islam que ni siquiera dan la mano a los infieles. No quieren compartir nada, ni siquiera la mano. Por lo tanto, es lógico pensar que en algunas culturas se considere que pierdan eficacia. En algunas culturas ciertos conjuros pierden eficacia si son dados a conocer. Pero yo creo que eso tiene mucha relación con técnicas de poder. Por ejemplo, en el hinduismo se cree que ciertos ritos te dan poder, y sobre todo en la religión egipcia. En las iniciaciones egipcias no se podía dar conocimientos de poder a personas que tenían mucha negatividad en sí  porque la iban a utilizar para el mal.

El Ayvu Rapyta es un tesoro condensado, con las circunstancias de que haya sido por gratitud, ya que no fue una simple entrevista en la que un informante responde a las preguntas de un etnógrafo (…). Es más que un trabajo de etnografía.

–¿Cuál es su lectura del mito de la tierra sin mal?

–Era un viaje en una dimensión física. Entendían que querían alcanzar el gran mar. Es como un arquetipo, es un viaje hacia la perfección espiritual. Creo que implica una semilla que está latente entre nosotros. Ahora la gente para lograr un bienestar material, muchas mujeres se van a España (…).  La gente se va buscando su tierra sin males. Pero yo creo que ése es el camino, ése es el verdadero sendero iniciático, y tendrá sus aspectos secretos. El camino lo tiene uno; es un camino de perfeccionamiento individual. Y ésa es para mí la solución, porque no creo en los cambios externos, no creo en las ideologías. Ya tenemos el ejemplo de lo que han hecho los capitalistas y los marxistas,  las sociedades, digamos, industriales. Vamos a superar el impasse ideológico. Las sociedades industriales son las causantes de la devastación, en menos de 300 años quedó devastada la Tierra. Imagínese hasta dónde desembocó el delirio de poder y el delirio de la codicia. Desembocó en que los recursos naturales están a punto de colapsar. Quiere decir que tiene que haber otra manera de vivir, más acorde con la que querían estos grupos guaraní, que buscaban algo mejor, una tierra donde el mal no esté presente.  El mal parece que es la sociedad industrial.

León Cadogan, etnógrafo paraguayo. Imagen: Blog de lengua guaraní.

–¿El sentido de las migraciones podrían explicarse según motivaciones económicas en cuanto a que el desplazamiento era forzado por la agricultura rotativa y la economía de recolección?

–Sí, por supuesto, tiene validez eso. Yo no sé si todos los indígenas eran forrajeros, es decir, cazadores, pescadores, recolectores. También había horticultores,  o sea, los que practicaban la roza. Eran grupos móviles porque después de unos años cambiaban el sitio donde practicaban la horticultura. Los agricultores ya son estables, ya no se mudan, ya no hacen sus famosos viajes. Creo, sin embargo, en un componente espiritual. ¿Para qué se irían tan lejos? Si tenían muchas tierras fértiles, unos cinco años después ya se renuevan, siete años, digamos, ya la tierra puede ser cultivada nuevamente. Todos eran horticultores con tierra. Ése era el paisaje económico.

Pero yo creo que el mito tiene un componente religioso, porque los chamanes los guiaban. Iban en un estado de exaltación espiritual, iban cantando y rezando, según me dijeron algunos nativos con los que hablé. Ellos llegaron al borde de la tierra sin males, porque ellos creían que estaba más allá del gran mar. Sería África. No sé. Habría que relacionar si no había grupos muy antiguos que tenían recuerdos de la tierra originaria. Según la doctora Susnik, los guaraníes eran protomalayos que cruzaron el estrecho de Bering, o sea, que no sé qué vestigios, qué legados culturales recibían los guaraníes. Pero creo que hay un componente espiritual. La migración tenía que haber estado sostenida por algo más, porque pasaban hambre y morían.

–Qué piensa sobre lo que plantean algunos investigadores, como por ejemplo Hélène Clastres,  sobre el hecho de que las migraciones oponían a los líderes religiosos con los políticos. En un sentido más general, ¿el mito retrata efectivamente antagonismos entre las fuerzas políticas y religiosas?

–Sí, es probable. Son estudiosos muy serios (…).  Mi interpretación es que los chamanes en un estado exaltado de cantos y rituales se preparaban en oración.  Y eso tiene equivalente. Es la historia de los viajes. ¿Acaso los judíos no se lanzaron en la búsqueda de la tierra de la leche y la miel? ¿Y quién los guiaba? Moisés. Yo pienso que esos grandes desplazamientos en el espacio tienen motivaciones básicas. Claro, la interpretación es materialista. Pero, ¿será que podemos juzgarlos solamente por interpretaciones materialistas? Los guaraní eran un pueblo metafísico.

–¿Puede decirse que la tierra sin mal es una alusión metafórica, tal como planteaba Clastres, a la sociedad sin Estado?

–Bueno,  los guaraní nunca llegaron a tener Estado. Y toda su cosmovisión era producto de una sociedad igualitaria, donde evidentemente había jefes políticos. Los que emprendían estos viajes podrían ser calificados de agricultores, porque entre los horticultores los jefes no tenían tanto poder político. Entonces, no sé qué riñas políticas tan profundas los moverían. Yo pienso que la dimensión espiritual estaba presente en ellos. Y que ellos eran capaces de vislumbrar ese viaje al paraíso que está presente en tantas culturas. Es un legado. Inclusive en el cristianismo. Usted le pregunta a un cristiano hoy en día y va a creer que va a llegar a un estado de perfección post mórtem. Las tradiciones budistas, por ejemplo, nos dicen que el estado de perfección debe ser alcanzado acá.  La  felicidad, la iluminación pueden ser acá. Es aquí y en el ahora, en el eterno presente.

–Hay una dimensión material si vemos que en la tierra sin mal el maíz crece espontáneamente, las flechas se disparan solas para proveer los productos de la caza.

–Jung habla de los arquetipos. ¿Por qué el paraíso o un sitio donde el mal esté superado está presente en tantas culturas? ¿Será un arquetipo? Para mí que es un motor espiritual. Ahora, mi concepción es que el paraíso es interior, primero, y luego se traduce. (…) Ese cúmulo de perfección debe ser alcanzado por uno mismo. Ésa es la perfección, ésa es la evolución humana, que es interior. ¿Qué evolución humana vamos a tener si dominan nuestras emociones destructivas, como por ejemplo, el odio?

Entonces yo digo que esa perfección, que esa tierra sin males se va a instaurar cuando nuestro territorio esté libre de emociones destructivas. Porque, como decía un poeta romántico alemán, lo que está adentro está afuera. Yo creo que el paraíso de los guaraní, la tierra sin males es nuestra capacidad de derrotar y dominar nuestras emociones destructivas. Reconocer que somos capaces de ser grandes dictadores o grandes capitalistas codiciosos capaces de llevar a una gran crisis mundial (…). Primero, la gente tiene que cultivar su tierra sin mal y luego, externamente, podrá haber una tierra sin mal, sin necesidad de ir en grandes migraciones.

–¿Qué quiere significar o qué busca (o buscaba) un nativo cuando dice que parte rumbo a la tierra sin mal?

–Creo que es una búsqueda temporal, pero también tenemos que hacernos una pregunta: ¿era solamente una búsqueda espacial? O sea, que recorrían un espacio. Ahora, ¿sería también la búsqueda interna? ¿Habría ahí un tiempo sicológico? Ahí tenemos que recurrir a las traducciones. Porque a lo mejor ellos no daban a conocer la parte interna de ese viaje en pos de la tierra sin mal, la parte espiritual, el contacto con la divinidad (…). Ahí entra, no digo la doctrina, sino las técnicas. No es algo muy especializado, no se puede hablar de un corpus de creencias, sino de los rituales. Yo creo que había un viaje interior, en toda experiencia espiritual el viaje es interno.

–¿Cuál sería el significado sociorreligioso de la antropofagia, el simbolismo o la función que encerraba?

–Yo pienso que es el apropiarse, una interpretación muy clásica. La apropiación de las virtudes del coraje, el valor. Siempre se le atribuyó la intención de apropiarse de  cualidades como el valor y el coraje de aquellas personas. Creo que es Melià el que dice que los preparaban tanto tiempo, claro, era un antropofagia ritual (…). No quisiera darle la interpretación occidental, de la venganza, la ley del Talión (…). Hay que trabajar sobre el concepto del sacrificio, ése es un concepto muy elemental. Yo creo que el sacrificio es un intercambio energético. Es un hacer sagrado (…). Yo hago esto para recibir aquello. Era una forma de restablecer el equilibrio.

–¿De qué manera podría resumirse en términos generales la función y el efecto que ejercía el mito sobre el orden social?

–Yo creo que era algo, no digo desesperado, pero era algo exaltado el ir de viaje. Entonces a lo mejor revitalizaba el culto y por ende al grupo social, que buscaba un estado de conciencia diferente en un ámbito espacial, porque parece que no podemos eludir el término espacio. Parece que era una tierra, digamos, material. Pero había un estado ahí exaltado de conciencia. Quizás era una forma de pensar que en un nuevo entorno las cosas cambiarían. Pero la interpretación que yo hago, poética desde luego, con todas las licencias del caso, es que en realidad se buscaba la hermosa tierra que está en nuestra conciencia, era la búsqueda de una nueva conciencia. Que es la búsqueda desesperada de nuestra sociedad occidental, porque si seguimos como estamos, tan destructivos, no habrá ni siquiera espacio en que podamos vivir. Entonces, la búsqueda ya no va a ser posible.

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