Un puñado de tierra

Recordando a Hérib Campos Cervera, uno de los fundadores, junto a Josefina Plá, de la nueva poesía paraguaya.

Retrato de Hérib Campos Cervera.

Al  promediar la década del 30, Hérib Campos Cervera (1905-1953) regresaba al Paraguay de su primer exilio. En Montevideo y Buenos Aires había tomado contacto con las nuevas corrientes en el pensamiento y en la literatura. Josefina Plá (1903-1996) también volvía de España ―donde había leído la poesía de las generaciones del 27 y del 36 y había vivido la tragedia de la guerra civil desatada por el fascismo― tres años después. Ambos serían los fundadores de la nueva poesía paraguaya, delineando con sus versos y con su prédica teórica una práctica literaria afín a la de los grandes creadores contemporáneos de lengua castellana.

En la poesía de Hérib desaparecen por entonces los últimos vestigios del Modernismo y se incorpora en cambio el acento (el stimmung) y los recursos expresivos de una corriente poética consolidada en las voces de algunos poetas de la generación hispánica del 25 o 27, como Vallejo y García Lorca, Neruda y Alberti, y después en la del 36 y la del 40, generaciones estas últimas caracterizadas plenamente ya por rasgos postvanguardistas.

Campos Cervera tardará muchos años en reunir en libro sus poemas de este período. Lo hace al fin, al cumplirse el medio siglo, en su libro Ceniza redimida, que causará un hondo impacto en la poesía contemporánea del Paraguay. Aunque buena parte de los poemas contenidos en ese volumen eran ya conocidos por haberse publicado antes en diarios y revistas de Asunción y Buenos Aires, la obra marcó un hito en la historia de la poesía paraguaya moderna y la influencia estética del autor se hizo aún más notoria en la formación del gusto poético de esos años.

Ceniza redimida contiene poemas de un lapso de cerca de veinte años. En la copia de los originales preparada para la imprenta, constan, bajo el título, entre paréntesis, las fechas 1932-1950. En efecto, hemos podido constatar, en un original manuscrito del poema Símbolo muerto, la datación de 1932. No obstante, cabe conjeturar que en muchos casos los textos fueron reelaborados en el transcurso de varios años hasta llegar a la forma definitiva del libro, en el que raramente se hallan altibajos estilísticos.

En líneas generales, puede apreciarse que su poesía posterior a 1935 asume paulatinamente algunos de los rasgos característicos de la poesía moderna, en particular la de los poetas hispanoamericanos y españoles como Pablo Neruda, César Vallejo, Nicolás Guillén, Federico García Lorca y Rafael Alberti. No obstante, es innegable que una nota peculiar asoma tempranamente en la escritura poética de lo que podríamos llamar su tercer período. Ella procede, posiblemente, de una reflexión crítica sobre la forma postmodernista de su fase anterior a la luz de las nuevas tendencias literarias, así como a la forma interior de su lenguaje, determinada por su particular experiencia del mundo. Esta experiencia tiene su correlato teórico en dos manifestaciones diferentes, pero no definitivamente inconciliables, como el materialismo histórico y la filosofía existencial, que marcaron el pensamiento y la praxis literaria y político-social del poeta.

Por otra parte, debe tenerse en cuenta que la poesía castellana, en la época en que se afirma la expresión poética de Campos Cervera ―esto es, a fines de la década del 30 y principios de la del 40― entra en un período de asentamiento y moderación de los recursos expresivos, ya pasado el momento de ruptura con la tradición que caracterizó a los diversos vanguardismos históricos tanto en Europa como en las Américas, particularmente en lo que se refiere a las formas métricas, sin por ello renegarse de las conquistas expresivas y de las aperturas temáticas de la Modernidad. La generación española del 36 ―y su antecedente, la del 27―, la argentina del 40 ―con maestros de la generación anterior, como Mastronardi y Borges― y la brasileña del 45, son ejemplos de esta tendencia de la poesía moderna, que en la historiografía literaria se conoce como Postvanguardismo. Grandes figuras de la primera generación vanguardista iberoamericana, como César Vallejo (el de los Poemas humanos y España, aparta de mí este cáliz), Pablo Neruda (a partir de Canto General), Manuel Bandeira y el más joven Carlos Drummond de Andrade, acompañan este proceso con obras capitales en ese período.

Manuscrito del poema Un puñado de tierra.

Sin duda, es en este ámbito poético donde se comprenden mejor las características métricas de algunos poemas de Campos Cervera, en que el verso alejandrino se plasma con hondas resonancias, y el octosílabo y el hexasílabo convocan la gracia antigua y a la vez moderna del verso castellano de arte menor. Incluso en los poemas de versos libres se halla presente un sentido del ritmo que se consolida plenamente en estructuras poemáticas de notable rigor formal y fuerte carga significativa.

Entre la publicación de Ceniza redimida y la muerte del poeta median apenas tres años. En ese lapso escribió cinco poemas, de los cuales cuatro fueron editados por primera vez en la sexta entrega de los Cuadernos del Colibrí, de Ediciones Diálogo, en 1966, bajo el título de Hombre secreto.

En ese opúsculo poético reaparecen los motivos capitales de su poesía: la existencia agónica, la reivindicación social-projimista y la esperanza revolucionaria. La expresión poética, salvo alguna reminiscencia lorquiana en uno de los poemas (Responso), define una voz cada vez más entrañable y grave.

La muerte (su propia muerte, como diría Rilke) interrumpió el canto y la vida del poeta unos meses después de cumplir los cuarenta y ocho años. Ese mismo año de 1953, ante la muerte de Paul Eluard, había escrito su hermoso poema Tu nombre sobre el muro. En el mismo se encuentran unas palabras finales que podrían referirse también al gran poeta paraguayo: «Ese pastor nocturno de la libertad / era la dignidad del hombre…»

Última visión del poeta

Acaso un poema como Un puñado de tierra, el primero de Ceniza redimida pero probablemente uno de los últimos que escribió para ese libro, pueda ser considerado como una síntesis de los universos significativos más entrañables de su poesía. Allí están expresados, en efecto, el hombre agonista y el desterrado solidario con el pueblo largamente encadenado de la patria, el paisaje desolado de una tierra ensangrentada por enfrentamientos fratricidas, azuzados por intereses extraños al pueblo, así como los laberintos incandescentes de un espíritu en perpetua vigilia, incompatible con la injusticia y el despotismo.

En tiempos de incertidumbre y desaliento, de degradaciones y omisiones, una poesía como la de Hérib podría resultar, quizás, anacrónica. Sin embargo, desde un punto de vista más abarcador y profundo, esa escritura que se juega al mismo tiempo por la causa de los hombres humanos y por el esplendor de la palabra poética auténtica, se alza como una gran llamarada en la noche oscura. Un poeta entrañable, una poesía viva.

[Prólogo a la edición facsimilar del manuscrito de Un puñado de tierra, Asunción, Diálogo, 2000.]

 

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