Un hombre llamado Chávez

Opinión de Juan Carlos Camaño, presidente de la Federación Latinoamericana de Periodistas (Felap).

Hugo Chávez, presidente de Velezuela, y Juan Carlos Camaño, presidente de la Felap.

Puede que ocurra en Antímano, un barrio de Caracas, como de hecho ocurrió el pasado tres de agosto. Y que la gente de la Venezuela “roja, rojita” cante y baile, ría y llore, emocionada, cuando un hombre llamado Chávez alce su voz, como la alzó, para decir que “más nunca la burguesía volverá a explotar al pueblo”.

Chávez, Hugo, es el mismo al que hace poco tiempo atrás sus matadores de cada día daban por muerto. El mismo que cita al Ché y a Eva Perón, en diálogo con las masas que agitan banderas y, si se cuadra, suben a la tarima identificadas en una enfermera que explicará cómo funciona el hospital del lugar.

Chávez es un diálogo en el canto. Y lo es en la reflexión que desmenuza, con datos y más datos, cómo PDVSA -Petróleos de Venezuela, Sociedad Anónima- no le regala el petróleo a Cuba y cómo Cuba paga cada barril que recibe brindando atención médica en barrio adentro, allí donde antes de Chávez las gentes se enfermaban y morían de hambre y miseria.

Ese hombre llamado Chávez es el que cita a Fidel en la grandeza de sus actos, en las inacabadas enseñanzas dedicadas a entender este mundo, en este tiempo. Cita a Fidel cada vez que se le cruza una simple anécdota de la vida cotidiana, o en homenaje a las sabias sugerencias del líder cubano para nadar contracorriente frente a las políticas capitalistas-imperialistas.

Hugo Chávez, presidente de la República Bolivariana de Venezuela, va por su reelección, arropado por un pueblo que, como ocurriera en Atímano, el pasado tres de agosto, cubre las avenidas, se encarama a los techos, se asoma a los balcones, se trepa a cuanto puede, para verlo de cerca, para escucharlo decir que “aquí más nunca el imperialismo nos dirá qué tenemos que hacer”.

Un comunicador como pocos, este hombre llamado Chávez. El sepulturero del ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas), en Mar del Plata, Argentina, una tarde de lluvia de hace casi siete años -noviembre de 2005-. Un estratega inteligente, promotor de las integraciones regionales, con el presente como motor y el futuro para nada lejano, para nada imposible. Un cerebro despierto, lúcido, el del Chávez luchador consecuente con las ideas de Bolívar, de Martí, de Miranda.

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