Un cuestionado santo

En 1979, el monseñor salvadoreño Óscar Romero se entrevistó con Juan Pablo II, actual santo. Fue a denunciarle atrocidades de la dictadura de su país. El papa minimizó la situación, descalificó el asesinato de un cura por ser supuestamente “guerrillero” y le dijo que lo más “cristiano” era que trabaje en armonía con la dictadura.

Romero fue asesinado al año siguiente en plena misa. En su “lucha” contra el comunismo, San Juan Pablo II tuvo varios cuestionados gestos con asesinos de lesa humanidad. También es cuestionada la protección que le brindó a religiosos pedófilos.

Encuentro entre el Papa Juan Pablo II y Oscar Arnulfo Romero en Plaza de San Pedro. Foto: Lado B.

Encuentro entre el Papa Juan Pablo II y Oscar Arnulfo Romero en Plaza de San Pedro. Foto: Lado B.

Hace 5 días, el papa Francisco canonizó a los fallecidos pontífices Juan XXIII y Juan Pablo II. Lo hizo junto a su predecesor, Benedicto XVI. “Declaramos bendecidos y definimos como santos a Juan XXIII y Juan Pablo II y los incluimos entre los santos, decretando que deberán ser venerados como tales por toda la Iglesia. En el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo», dijo el papa Francisco.

Si bien Juan Pablo II gozaba de una importante popularidad en América Latina, la región con mayor cantidad de católicos del mundo, importantes sectores no le perdonan haber tratado con mano dura a los obispos y teólogos comprometidos con los sectores más pobres de la sociedad.

Asesinato de Oscar Arnulfo Romero. Foto: Lado B.

Asesinato de Oscar Arnulfo Romero. Foto: Lado B.

Un caso emblemático es el del arzobispo de San Salvador, Óscar Romero, a quien el pontífice le había negado ayuda, ante las atrocidades que eran cometidas por la dictadura de su país en los años 70.  Karol Wojtyla le aconsejó que sea un buen cristiano y dialogue con su gobierno. Estaban en plena guerra fría, donde el papa era uno de los puntales de la lucha contra el comunismo y los movimientos de izquierda. En América Latina había sido capturada por dictaduras de derecha, bajo la excusa de la guerra al comunismo. Romero sería asesinado luego por el régimen salvadoreño.

Un grupo de teólogos contestatarios deploró en abril del 2011 que la beatificación del arzobispo de San Salvador, Óscar Romero, asesinado en 1980 por un comando de extrema derecha, permaneciera «bloqueada» en el Vaticano y que, en cambio, fuera beatificado el papa Juan Pablo II.

El teólogo italiano Giovanni Franzoni, quien fue abate de la basílica de San Pablo Extramuros, testimonió en 2007 en el Vaticano contra la beatificación de Juan Pablo II, a quien no le perdona el «doloroso aislamiento» del obispo salvadoreño Oscar Arnulfo Romero, asesinado mientras oficiaba misa. «Romero de regreso en 1979 del Vaticano quedó destruido, afligido tras la audiencia con el papa. Decía que nunca se había sentido tan solo como después de ese encuentro», contó hace tres años a la AFP Franzoni.

El teólogo recordó que el papa instó a Romero a «llegar a un acuerdo con el gobierno», algo impensable, ya que el obispo salvadoreño denunciaba en sus homilías dominicales las numerosas violaciones de los derechos humanos y manifestaba públicamente su solidaridad hacia las víctimas de la violencia política de su país.

Romero fue asesinado mientras oficiaba una misa. Foto: Lado B.

Romero fue asesinado mientras oficiaba una misa. Foto: Lado B.

Le pidió armonía con la dictadura

El Monseñor Romero, casi llorando, le relató su desencantado encuentro con el papa a la radialista María López Vigil un día 11 de mayo de 1979.

Romero se fue cargado al Vaticano con informes sobre las violaciones de derechos humanos y asesinatos perpetrados por la dictadura salvadoreña de Carlos Humberto Romero Mena. “¡Ya les he dicho que no vengan cargados con tantos papeles! Aquí no tenemos tiempo para estar leyendo tanta cosa”, le recriminó Wojtyla.

El cura le llevó una foto de Octavio Ortiz, el sacerdote al que la guardia dictatorial había matado hacían unos meses junto a cuatro jóvenes. “Yo lo conocía muy bien a Octavio, Santo Padre, y era un sacerdote cabal. Yo lo ordené y sabía de todos los trabajos en que andaba. El día aquel estaba dando un curso de evangelio a los muchachos del barrio…”, dijo desmintiendo las versiones del gobierno sobre sus actividades, que argumentaron su muerta “diciendo que era un guerrillero”. “¿Y acaso no lo era?”, le contestó el Pontífice.

“Usted, señor arzobispo, debe de esforzarse por lograr una mejor relación con el gobierno de su país. Una armonía entre usted y el gobierno salvadoreño es lo más cristiano en estos momentos de crisis. Si usted supera sus diferencias con el gobierno trabajará cristianamente por la paz”, fue lo que “recomendó”, el santo.

El 12 de mayo de 1994 la Arquidiócesis de San Salvador envió al Vaticano la solicitud para comenzar con el proceso de canonización (hacerlo Santo) y el proceso en la Santa Sede se extendió hasta 1995 cuando el expediente fue remitido a la Congregación para la Causa de los Santos. Tras un “largo análisis” en el año 2000 la causa se derivó a la Congregación para la Doctrina de la Fe por entonces encabezada por el cardenal alemán Joseph Ratzinger (a partir de 2005, el Papa Benedicto XVI). Ratzinger, estudió los discursos y las homilías de Romero tras lo cual en 2005, monseñor Vicenzo Paglia (postulador de la causa de canonización) leyó públicamente el análisis llevado a cabo en el Vaticano tras tantos años… “Romero no era un obispo revolucionario, sino un hombre de la Iglesia, del Evangelio y de los pobres”. El proceso de canonización aún sigue adelante sin grandes novedades ni justicia a la vista.

El Papa Juan Pablo II falleció el 2 de abril de 2005 y casi sin respiro el proceso para su beatificación comenzó el 13 de mayo del mismo año. Joseph Ratzinger, ya como Papa Benedicto XVI, concedió autorización para “pasar por alto” los cincos años de espera necesarios para comenzar con el proceso de beatificación y el 2 de abril de 2007 (a dos años exactos de su muerte) Juan Pablo II fue finalmente beatificado. Hace 5 días fue canonizado.

Juan Pablo II con Pinochet, dando su saludo a los chilenos. Foto: Vozciuadanachile.

Juan Pablo II con Pinochet, dando su saludo a los chilenos. Foto: Vozciuadanachile.

Con otras dictaduras

Los gestos de Juan Pablo II con varias dictaduras del continente siguen siendo recordados por sus críticos. En pleno 1987, el papa polaco se asomó al balcón del palacio presidencial al lado del dictador chileno Augusto Pinochet, lo que fue considerado como una suerte de bendición a la dictadura.

En marzo de 1983, el papa Juan Pablo II realizó el primero de sus tres viajes a Centroamérica y el Caribe. En su escala en Guatemala, Carol Wojtyla pasó por alto el fusilamiento de seis jóvenes, sentenciados en juicio sumarísimo por “subversivos”.

Su encuentro con el general evangélico Efraín Ríos Montt transcurrió entre sonrisas y sin sobresaltos.

En esa época el Istmo americano se desgarraba en una serie de guerras civiles. En Guatemala un general evangélico, Efraín Ríos Montt, gobernaba a punta de masacres y fusilamientos. Desde sus primeros días en el poder instituyó tribunales especiales, facultados para condenar al paredón a sospechosos de “acciones subversivas”.

Juan Pablo II con el genocida guatemalteco Rios Mont. Foto: Prensalibre.com

Juan Pablo II con el genocida guatemalteco Rios Mont. Foto: Prensalibre.com

Días antes de la llegada del papa polaco, el jefe de la Iglesia católica local pidió clemencia para seis jóvenes –cinco guatemaltecos y un hondureño– que eran juzgados esos días.

En respuesta, Ríos Montt ordenó la ejecución de los seis antes del alba, frente a un muro del viejo cementerio municipal de la capital. Nadie habría sabido de estas ejecuciones si uno de los bomberos que ayudaron en el levantamiento de los cadáveres no hubiera avisado a los familiares de los muchachos, que habían estado esperando toda la noche frente a las rejas del panteón.

Décadas después, en marzo de 2012, El Periódico publicó el testimonio de Armando Cú Morán, quien en 1983 era un joven recién nombrado secretario particular del entonces nuncio papal Oriano Quilici. Cú había llevado un diario personal con sus vivencias de aquellos días.

Refiere la reacción dentro de la Nunciatura ante aquellos hechos. “El nuncio estaba indignado por lo acontecido. Lo vi preocupado y colérico. Llegaron algunos embajadores y el nuncio solicitó urgente audiencia con el presidente Ríos Montt. Audiencia que no fue concedida. Toda la alegría había desparecido”.

Se rumoraba que este desaire a una petición del Vaticano le costaría a Ríos Montt la cancelación de la visita papal. No fue así. Juan Pablo II llegó a Guatemala el 6 de marzo en medio de gran celebración. Hubo misa en la catedral, visitó al general en su Palacio Nacional y luego dirigió una homilía en el Campo Marte. Los fusilamientos cayeron en el olvido.

Posteriormente viaje siguió a Belice y culminó su gira en Puerto Príncipe, al lado del entonces dictador Jean Claude Baby Doc, en una misa en la magnífica catedral de Notre Dame, que ya no existe.

Juan Pablo II es acusado de haber protegido a pedófilos como Marcial Maciel. Foto: CNN.

Juan Pablo II es acusado de haber protegido a pedófilos como Marcial Maciel. Foto: CNN.

Pedofilia

Una de las críticas más fuerte contra Juan Pablo II es por no haber sabido o querido alejar de la Iglesia a los curas acusados e inclusive condenados por pedofilia.

Para sus detractores no tomó suficientes medidas, claras y firmes, cuando en el 2000 estalló el escándalo en Estados Unidos.

El hecho de no haber sancionado a eclesiásticos acusados de pedofilia, como el cardenal austríaco Hans-Hermann Gröer y a sobre todo al influyente religioso mexicano Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, figuran entre las grandes manchas de su pontificado.

Maciel, quien llevaba una doble vida, tuvo varios hijos y fue condenado por abusar sexualmente de varios jóvenes y hasta de sus propios hijos, fue recibido –gracias a sus buenas relaciones con importantes jerarcas del Vaticano– en 2004 por el pontífice, cuatro años antes de su muerte.

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«Culto de la personalidad»

Para el movimiento católico progresista Somos Iglesia, había una «trágica brecha» entre el deseo de Juan Pablo II de realizar reformas y su voluntad de diálogo con la centralización que impulsó dentro de la milenaria institución.

Para ese movimiento, que propugna una reforma a fondo de la institución, uno de los mayores defectos del pontificado de Juan Pablo II fue su «autoritarismo dogmático» contra los teólogos rebeldes.

Para ellos el papa polaco impulsó el «eurocentrismo» en la Iglesia, según resumió el movimiento en un documento enviado al argentino Francisco tras ser elegido el año pasado al trono de Pedro.

Según Somos Iglesia, Juan Pablo II tenía una visión de la Iglesia «retrógrada», «pomposa», «clerical», basada en el «culto de la personalidad», escribieron.

«Era un hombre de Dios, pero no era necesario hacerlo santo. Tendría que haberse retirado antes», comentó el fallecido cardenal italiano Carlo Maria Martini, prestigiosa figura de la iglesia progresista, según cuenta en el libro «La santidad del papa Wojtyla» el historiador italiano Andrea Riccardi.

 Fuente: Voltaire/ El Espectador/ Terra / Vanguardia/ Lado B

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