Un 2009 para nuevas ideas y nuevos liderazgo

alt text

Ilustración: Oz Montanía (detalle)

El año que viene podría ser uno de confrontación abierta, radical, e irreconciliable entre dos proyectos-país que buscarán neutralizarse a cómo de lugar. Un posible escenario donde aquella posición que tenga menos piedad con el adversario y más cuidados con los amigos políticos (articulación, hegemonía), tomará el timón del barco. Digo podría ser, porque esta posibilidad dependerá del salto cualitativo que den en su capacidad de movilización, de ideas y de dirección los movimientos sociales y sus expresiones políticas orgánicas para confrontar a sus históricos oponentes: la vieja oligarquía terrateniente y sus aliados modernizantes, con el apoyo de los gobiernos imperialistas. Para dar este salto y profundizar la confrontación, propongo para la discusión cuatro líneas de acción que me parecen estratégicas.

Desarticular el proyecto oligárquico:
1870 es el año fundacional del poder oligárquico a partir de la destrucción del proyecto de Estado-Nación construido por los gobiernos de Francia y los López. La de hoy es en esencia la misma oligarquía del siglo antepasado, aunque con nuevas características acordes al desarrollo del Capitalismo actual. Es este poder y su modelo económico (de latifundio, extracción agraria y exportación) los que quedaron en entre dicho a partir del 20 de abril pasado, cuando la voluntad de las mayorías dictó la caída de la ANR y no dio el poder administrador del Estado a otro partido tradicional, sino a una figura que encarnó esa voluntad de cambio. Quedó así sellado el deseo colectivo de cambiar la vieja cultura de representación política expresada en los partidos tradicionales con su lógica de funcionamiento: prebendaria, clientelista, corrupta y completamente desvinculada de los intereses de la gente. Una cultura de poder que ha excluido a las grandes mayorías sociales de la participación política y de las riquezas del país. Es por esto que surge hoy la necesidad de escuchar nuevas ideas y aceptar nuevos liderazgos. Esta necesidad podrá ser satisfecha con discursos y actos radicales que nieguen a los de la cultura política anterior. Con este objetivo, deben ser atacados y rebatidos los eternos privilegios y las conductas oligárquicas sobre la tierra, la administración del Estado y la economía agroexportadora. Nombrar y explicar pedagógicamente en qué consisten estos privilegios es esencial. Nombrar y explicar sin complejos utilizando todos los medios de comunicación social posibles y disponibles para el movimiento. Nombrar y explicar el pensamiento de las mayorías sociales que, si bien perciben claramente lo que no les conviene, necesitan organizar su pensamiento colectivo. Esta es una tarea de discurso político y comunicacional concreto, de confrontación abierta con las viejas ideas oligárquicas. Una tarea en la que será muy importante el trabajo que pueda desarrollar un brazo intelectual orgánico al movimiento, una tarea de compaginar y ordenar el conocimiento colectivo. Un brazo intelectual cuya articulación debe ser consolidada con la incorporación de las diversas generaciones que vienen acompañando la lucha del movimiento desde las ideas, incluyendo a algunos miembros de la intelectualidad socialdemócrata con pensamiento oligárquico que hoy ven derrumbarse su ilusión de construir poder por fuera del movimientos social y popular, ante el fracaso de los proyectos «modernos y democráticos» que representaron el PRF, Encuentro Nacional, País Solidario y otros. Una batalla de militantes y dirigentes en el plano de la ideas para dibujar la estructura de poder aún vigente e indicar propuestas de poder diferentes. Una lucha sin tregua por ganar la dirección que tomará el país en las próximas décadas, con nuevas ideas y nuevos liderazgos políticos.

Desmontar el proyecto colonial: A fines de 1400 se inicia el proceso de construcción de la mentalidad colonial en Paraguay y en América Latina con la conquista y colonización española. Un pensamiento funcional a los intereses culturales, políticos y económicos de Europa y de los sucesivos estados imperiales de occidente. Un poder colonial que nos educó para pensar y actuar hacia a fuera, y no hacia adentro de éste país. Un poder colonial que nos impidió mirarnos, escucharnos y valorarnos, con nuestras limitaciones y nuestras potencias. Una estrategia de poder, que utilizando el saber eurocéntrico, nos embaucó con supuestos saberes universales para dominarnos. Según este proyecto de dominación, sería sagrado leer y aplicar ciegamente los dictados de Marx, Lenin, Levis Straus, Adan Smith y los demás oráculos de Occidente a esta nuestra realidad concreta y particular. Esta estratagema nos lleva a considerar a las teorías de afuera cómo más importantes que el pensamiento nacional producido por Melia, Roa Bastos, Eligio Ayala, Justo Pastor Prieto, Branislava Susnik, Natalicio González, con todas las contradicciones de estos intelectuales. Peor aún, nos educa a despreciar el pensamiento, el arte y la cultura nacionales. Así las cosas, la tarea prioritaria es reivindicar, promover y debatir la historia, el arte, la sociología, la antropología de este lugar del mundo, único e irrepetible, lleno de riquezas, y de miserias también. Importará más leer a Saro Vera, Carlos Pastore, Cecilio Báez o Ramiro Domínguez que a las viejas vacas sagradas occidentales. Porque lo que hizo el Saber-Poder Occidente con los paraguayos y latinoamericanos es amputarnos una parte de nuestro ser cultural: esa parte con la que se encontraron los españoles, ingleses y portugués cuando llegaron a América. Así, desmontar el proyecto colonial significa reconstruir esa parte de cultura y conocimiento amputados por los colonizadores de ayer y de hoy. Esta es una tarea intelectual portentosa, sistemática, paciente, dialogante y de largo aliento que ya comenzaron los Bartomeu Melia, Enrique Dusell, Patricio Guerrero, Walter Mignolo, Santiago Castro Gómez, Enmanuel Wallerstein y muchos otros. En síntesis, es una tarea que apunta a reconstruir el sentido de nación, con su particularidad cultural y su diversidad, recuperando su historia de héroes y villanos, pero sin negar el conocimiento general (no universal) de la humanidad.

Mirar al movimiento antes que al Estado y al partido:
La historia enseña que todo poder se construye en y con el movimiento histórico, dialéctico y contradictorio. De una alguna u otra forma, las grandes revoluciones y los grandes revolucionarios siempre estuvieron atentos a la realidad que viven las mayorías que construyen esta realidad. Y todos los cambios posibles vienen de aquí. Si se concede este axioma, sería insensato mirar primero al Estado Capitalista o al partido y luego al movimiento-realidad. Porque no puede construirse ni Estado ni partido alguno, de cualquier tipo, sino no surge del movimiento. Mirar y construir en el movimiento, mirar y construir el partido y el Estado dentro del movimiento, para que luego se exprese formalmente con todas sus contradicciones, sería entonces la propuesta. Así, las militancias y dirigencias del movimiento y sus expresiones políticas deben abandonar la necedad de poner al partido y al Estado antes que al movimiento en su hacer cotidiano. Y en este sentido, las experiencias regionales son muy elocuentes. El caso boliviano es claro, y radical: la comunidades indígenas, las vecindades urbanas y las organizaciones obreras y campesinas, retomando su historia de lucha, su proyecto de poder truncado, se organizaron, se movilizaron, propusieron, formaron sus partidos; los intelectuales aimaras y los de clase media urbana encabezados Alvaro García Linera, metidos en el fragor de la batalla en las calles, compaginaron el pensamiento político del movimiento boliviano. Casi quinces años después de haber reiniciado la construcción del proyecto de poder, el movimiento (la realidad) desborda al poder oligárquico e imperial boliviano y se expresa en un indio que asume la administración del Estado boliviano. Teniendo en cuenta nuestra historia, nuestros héroes, nuestros conocimientos, y nuestras fragilidades, es posible hacer lo que hizo el movimiento boliviano.

Seguir una agenda propia: No habrá peor error del movimiento si comete la torpeza de seguir la agenda política que imagina Lugo y su gobierno. Más que pensar qué hará Lugo con su gobierno, si confrontará o no con la oligarquía abiertamente…etc, mucho más importante, estratégico, es que qué hoja de ruta política y social consensuada deben seguir el movimiento y sus expresiones políticas. Una agenda autónoma a las ocurrencias de Lugo. Y si se negocian conveniencias con el gobierno, debe ser con autonomía y lucidez. Cualquiera sean los actos de Lugo, él y su proyecto deben ser mirados como una transición para avanzar en un proyecto país para las mayorías.

Comentarios

Publicá tu comentario

Este mensaje de error solo es visible para los administradores de WordPress

Error: Las solicitudes de API se están retrasando para esta cuenta. No se recuperarán nuevas entradas.

Inicia sesión como administrador y mira la página de configuración de Instagram Feed para obtener más detalles.