Turquía insurrecta

Una chispa más de la llamarada anti sistémica.

Fuente de Imagen: AFP / GURCAN OZTURK

Las turbulencias sociales en Turquía podrían interpretarse como la emergencia o instalación en el mundo de una convulsión popular planetaria, consecuente de una crisis civilizatoria.

Es difícil creer en meras casualidades la casi simultaneidad de expresiones insurreccionales que se dan en los cuatro puntos cardinales del planeta, que van teniendo una onda expansiva, para desencadenar expresiones que tienen diferentes matices o singularidades, pero que remueven esquemas que se han consolidado, después de las dos guerras mundiales.

A la llamada “Primavera árabe” en el norte de Africa, siguieron “los indignados” de España, y unos meses después, los occupy Wall Street en New York .

El escenario insurreccional tiene como impronta, su carácter urbano, un ámbito que ha sido por antonomasia en la ortodoxia revolucionaria, el escenario típico de la lucha de clases.

La fuerza que tiene esa onda expansiva se evidencia, cuando un detonante que puede no ser de magnitud, adquiere dimensiones nacionales.

Lo que es digno de destacarse entre otras cosas en esa “Primavera árabe”, es que esta región del mundo, se ha caracterizado por la sumisión al orden establecido que hoy se está rompiendo. Bien se puede inferir, que la onda expansiva de esa turbulencia planetaria es la que está logrando este fenómeno que aun no queda claro que destino tendrá.

A este convulso escenario se suma hoy Turquía.

El proyecto de arrasar con un pequeño parque en Estambul para la instalación de un centro comercial,  dio lugar a una manifestación en la plazq Tazkim de esa ciudad, constituyéndose en la chispa o el detonante de una ola insurreccional que hoy está adquiriendo dimensión nacional. El que la protesta fuera contra la instalación de un centro comercial y se iniciara en una plaza, dan la clara impronta de lucha de clases en su lugar de eclosión natural, la ciudad.

Para avanzar en la lectura del fenómeno, puede resultar práctico tomar como referencia la insurrección egipcia. Esto porque a pesar de sus singularidades, los gobiernos de ambos estados (Egipto y Turquía) fueron gobiernos, por distintas razones, funcionales al imperialismo.

Hay quien dice que las manifestaciones en Turquía podrían considerarse como una protesta contra el Islam político (Ian Buruna). Curiosamente lo inverso de lo ocurrido en la plaza Tahir de El Cairo,  en que la insurrección era de un movimiento sesgado por lo religioso, contra un gobierno laico. Esta paradoja podría estar confirmando los efectos de esta pandemia insurreccional hacia pueblos que estarían tomando conciencia de su capacidad protagónica en lo político. Y que más allá de sus matices y motivos, apuntan a impugnar un orden establecido que tiene como eje determinante, un sistema en crisis

El actual gobernante de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, es un político que si bien tuvo un inicio progresivo sobre todo en términos de derechos humanos y en proceso de laicización del Estado, en el transcurrir de su gobierno, fue adoptando políticas fuertemente autoritarias, que fueran promovidas por un componente religioso que progresivamente fue tomando cuerpo, produciendo el hartazgo de su población para dar lugar al estallido que hoy se vive.

La singularidad de Turquía en cuanto a las implicaciones que vaya a tener en el mundo, es ser heredera de un poderoso imperio como fue el otomano, y fundamentalmente, el que su territorio abarque parte de Asia y Europa.

Esta convulsión por tanto se suma a una llamarada que se produce en un contexto de reformulaciones en el mapa de correlación de fuerzas a nivel internacional en una coyuntura de crisis del sistema capitalista, donde decaen imperios y emergen nuevos en un desplazamiento de occidente hacia oriente. Si esto es así, Turquía sin ser hoy un gran territorio, se ubica en un punto de convergencia de las dos civilizaciones.

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