Tres anécdotas donde la «verdad» de los grandes medios falló

Hace poco se habló fuerte de golpe de Estado en Paraguay. Mientras se “solucionaba” lo de Honduras, el gobierno de Lugo cambió las cúpulas militares y Jaeggli se levantó por las mañanas con más ganas de vivir que nunca. Las fuerzas democráticas sentaron postura y todo el momento nacional repercutió más allá de las fronteras.

Si ahora los sectores todo tiempo pasado fue mejor están en silencio no es porque cambiaron de idea, sino porque analizan sesudamente cuál es la siguiente estrategia. No quieren esperar a que llegue el 2013. No da gusto esperar y las dos formas que tienen para fracturar el proceso de transición democrática son el golpe militar y el golpe parlamentario (aquí entra tanto el juicio político como el recorte de los gastos sociales del Presupuesto y otros sabotajes en torno a leyes sociales). Sea cual fuera la maniobra, tiene que contar con una opinión pública favorable, de lo contrario fracasará. Y los medios de comunicación modelan las opiniones públicas.

“Sentís el cambio”

Muchas personas ya dijeron que son los medios de comunicación los que construyen la percepción que tenemos de los gobiernos, ni siquiera son los mismos gobiernos a veces. En Paraguay no existen medios públicos y los medios estatales que están (Radio Nacional, Radio C.A. López, IP Paraguay) están condenados a vivir en terapia intermedia por el marginal presupuesto público que tienen. El gobierno de Lugo “no puede decir su palabra”, reflexionaba una vez Melquíades Alonso. Tanto no lo puede hacer, que recurre a publicidades como “Sentís el cambio” dentro de los medios de comunicación.

Entonces según los titulares que viene publicando y difundiendo la gran prensa ¿acaso ya no estamos como para aceptar, acompañar y hasta pedir a gritos un golpe de Estado? ¿Existen otros factores en Paraguay que contrapesan la titánica opinión de los medios de comunicación más influyentes? ¿Cuáles son?

Proyecto país

Primero hay que reconocer el trabajo de comunicación, participación y organización que vienen haciendo las radios comunitarias y contados periódicos alternativos. Todos estos medios trabajan frente a los grandes medios y se encargan de difundir sus versiones de lo que pasa. Agrego a esto que, por ser comunitarias, gozan de una total credibilidad en sus bases. Y por sobre todo, la población mayoritaria de Paraguay, que es popular, se identifica con sus valores comunicacionales.

Otro factor que hay que evaluar es que a pesar de lo que publica la gran prensa hoy, hay que recordar que el proyecto de la Alianza Patrótica para el Cambio ganó gracias a la voluntad popular. La gente no solo votó a favor de la Alianza, también votó para castigar al Partido Colorado (incluyo acá a votantes colorados). Y castigó al modelo de hacer política de los colorados. Hoy los sectores poderosos hablan en la prensa de lo mala que es la administración Lugo, pero no tienen nada que ofrecer a cambio. La gente lee la prensa y dice, “a lo mejor Lugo no es un santo, pero ¿qué proyecto pio se nos ofrece?”. Y es más, la gente ve que los que más denuncian, aseveran y se enervan son aquellos a quienes castigó con su voto en abril de 2008.

Laura en América

Sobre lo que viene diciendo la prensa más influyente, se habla de que un ejercicio saludable es compararlo con la realidad palpable. Por ejemplo: Una maestra ad honorem con méritos a quien le marginaron siempre para nombrar a la hija, al sobrino, al hermano del concejal, del diputado, del gobernador…al ser nombrada por esta administración Lugo, va a creerle a la irrefutable realidad, va a quedarse con su verdad y no con los apocalípticos titulares del diario, la radio y la tele.

Hay muchos estudiosos de la comunicación que dicen que hay otro factor que contrarresta la verdad arrolladora de los medios poderosos. Y ese factor son los valores de la cultura popular. Cuando una persona de extracción popular lee el periódico, ¿qué apropiaciones hace de lo que lee? La mamá del amigo Arístides Ortiz siempre veía Laura en América, y a él le daba mucha rabia. Siempre se paseaba impaciente pero no quería decirle nada, hasta que un día lo hizo. Y su madre, haciendo gala al arandu ka’aty, le dijo “No vayas a ser tonto, mi hijo, ya sé que esto es todo mentira, ¿pero no te das cuenta acaso que yo veo para divertirme?”. Y hasta hoy ve.

“Ya me puedo morir tranquila”

¿Que usos le da a lo que ve en la tele, lo que lee en el periódico o lo que escucha por radio la gente? ¿Usa para reírse? ¿Usa para divertirse? El padre del amigo Vicente Páez, señor de extracción popular, llegó de viaje y se encontró con él. Le preguntó “¿Mi hijo, nderekói la japu pyahuvéa ña lee haguâ?” Lo que le estaba pidiendo era el periódico del día. ¿Qué hace que Don Páez, a pesar de todo el bombardeo de los medios de comunicación, tenga el concepto que tiene sobre las noticias? Aparentemente existen valores de la cultura tradicional campesina que trabajan en ocasiones. Cada vez que este señor va a leer el diario, interpone sus valores populares como un tamiz entre él y el papel que tiene frente a sus ojos.

Hace dos meses el presidente Lugo hizo su día de gobierno junto con sus ministros en el departamento de Presidente Hayes. Entre otras cosas, aprovechó para inaugurar unas viviendas populares en la comunidad de Saladillo. Eligió al azar una casa y simbólicamente, colocó un ladrillo en la pared. La dueña de la casa, le estrechó la mano al mandatario y luego se le escuchó decir: “Ahora ya me puedo morir tranquila”. Lejos de identificarme con el luguismo, uso el episodio para reflexionar: falló la demoledora verdad de los medios dominantes de comunicación.

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