Tremendos daños causa a las sociedades la concentración mediática

“Recorta derechos, justifica arbitrariedades y apaña atrocidades”, asume nuestro compañero de tareas, Paulo López, luego de participar en dos seminarios internacionales en Perú. En Paraguay, la concentración mediática aumenta ostensiblemente con el ingreso del Grupo Cartes -compró los medios que eran de Juan Carlos Wasmosy y Osvaldo Domínguez Dibb- en el «negocio».

Crónicas rojas, amarillas, pedido permanente de militarización, de represión de las luchas sociales y recorte de derechos son expresiones cotidianas en los grupos que controlan la información y el entretenimiento en el país y en varios países latinoamericanos. También con ese cuadro se encontró  Paulo López en Perú, donde estuvo en mesas de dos seminarios internacionales sobre el ejercicio profesional, las libertades y los derechos, en representación del Sindicato de Periodistas del Paraguay.

Aquí la entrevista realizada por la página oficial del Sindicato de Periodistas del Paraguay

–¿Qué semejanzas encontraste entre el Paraguay y el Perú en cuanto al escenario de concentración de medios?

–En Perú el sector es dominado por el grupo económico El Comercio, que es propietario del 80 por ciento de los medios, de acuerdo a los datos expuestos en los seminarios. Es decir, hay un contexto de bastante concentración al igual que acá. En los días que estuve leyendo los diarios y viendo los canales del grupo vi que su agenda actual es la militarización de la seguridad urbana con el supuesto fin de combatir la delincuencia.

He sentido una sociedad muy shockeada por el problema de la “inseguridad”, algo que debe ser problematizado. La desigualdad y la pobreza son fenómenos reales, pero creo que los actos de delincuencia aparecen sobrerrepresentados, como en todos lados, con crónicas rojas, amarillas y de otras tonalidades. Lima no se me apareció como una ciudad amenazante. Por el contrario, hay una ciudadanía que asume la importancia de ocupar el espacio público.

Así, aflora nuevamente el discurso de la mano dura y, en efecto, para las presidenciales de 2016 la candidatura que se perfila con mayor fuerza es la de Keiko Fujimori, hija del expresidente Alberto Fujimori, actualmente preso por crímenes contra los derechos humanos. De ganar, es probable que indulte a su padre, al menos esa fue la consigna en las elecciones en las que perdió contra Ollanta Humala, y revalidaría su política autoritaria.

Sin embargo, parece que tampoco quiere quedar muy pegada al sector más duro del conservadurismo y se ha pronunciado a favor del aborto terapéutico y de la unión civil entre personas del mismo sexo, desatando la furia del ala más radical del fujimorismo.

–¿Y en este contexto cómo intervienen los medios?

–A pesar de lo poco que he visto, creo que están sedientos de sangre. En las protestas antimineras en una zona rural murieron tres personas a fines de setiembre y el mensaje y la sensación trasmitida era la de un gobierno que no respondía con la firmeza necesaria para acabar con los revoltosos. Como siguiente noticia te meten lo de sacar a los militares a patrullar las calles.

En Paraguay sabemos a qué nos ha llevado militarizar la seguridad interna. Ese clima fue precisamente estimulado por los medios concentrados. La concentración mediática recorta derechos, justifica arbitrariedades y apaña atrocidades. ¿Por qué Cartes está comprando tantos medios? Esta sería apenas una de las claves.

–¿Cómo te parece que se puede avanzar en acciones coordinadas en el continente para enfrentar estas situaciones?

–Yo prefiero poner el acento en las cosas más humanas y sencillas, y por lo tanto más importantes. El trato y diálogo horizontal que hemos tenido en general me reafirma en que el proyecto de la patria grande latinoamericana no solo es posible, sino necesaria. La práctica y la ideología de intervención colonial que rige muchas veces nuestras relaciones refuerzan los particularismos y conduce a la tentación del nacionalismo.

Hay integracionismos con discursos amables, pero con voluntades hegemónicas e imperiales. En estos términos no hay integración. O quizá la hay, pero desde una lógica de integración subordinada a los mercados. Las élites locales juegan su juego divisionista planteando falsas contradicciones en torno a si el modelo de integración pasa por el Mercosur, la Alianza del Pacífico o la firma de tratados de libre comercio con la Unión Europea y Estados Unidos. La integración es de los pueblos, no la harán los burócratas ni los mercaderes.

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