Tremenda tortura sufrió la señora que sobrevivió a un operativo “erróneo” de la FTC

Aún no habla. Mira a lo lejos. Solo una hija, de ocho, la atiende en Emergencias Médicas. Nadie de la Fiscalía ni de otra institución pública se le ha acercado. Algunas personas de Derechos Humanos, monseñor Pablito Cáceres, vicario general de Concepción, entre otras, la visitaron.
La Fuerza de Tarea Conjunta “omombo chupe ko’ape ikuei ha ore rejarei”, nos cuenta una hija de la víctima.
Rosa González fue acribillada por la Fuerza de Tarea Conjunta (militar policial) el viernes 5 de setiembre en Kurusu de Hierro, Concepción, junto con Marcos y Hermenegildo Ovelar.
Pero ya en Emergencias Médicas, a más de las balas, aparecieron las cuchilladas.
La Fuerza de Tarea Conjunta habría creído que esta gente era parte el Ejército Paraguayo del Pueblo. Según todos los testimonios recogidos, se habían ido a buscar vaca en el crepúsculo de aquel viernes.
El comando operativo estaba de rastreo por la zona. Al ser alteadas, estas personas habrían corrido por el espanto.
Pero las Fuerzas de Tarea Conjunta las presentarían como acribilladas en un enfrentamiento.

En ese tiempo, el ministro del Interior Francisco José De Vargas dijo que tenían información de que habría “una reunión entre los del EPP y el apoyo logístico”.
Hermenegildo murió en el hospital de Concepción. Marcos, en Emergencias Médicas. Rosa quedó muy malherida. Lograron reconstruirle la mandíbula destrozada. Y de a poco cicatrizan las cuchilladas en la espalda y en el brazo.

La casa donde vivían Rosa González, Marcos y Hermenegildo Ovelar. Kuruzu de Hierro, Concepción.

La casa donde vivían Rosa González, Marcos y Hermenegildo Ovelar. Kuruzu de Hierro, Concepción.

Qué pasó.
Rosa no habla. No puede aun mover la mandíbula, recién reconstruida. Su mirada es temerosa. La hija también teme, pero saca fuerzas de algún lugar. Respira ansiosa.
-Hetaitereima che a gasta hese-, nos cuenta. Che añoite añe encargá hese. Mba’emo la ojehupava la che hermano kuerape.
-Oimevarako okyyje hina-, interviene un paciente de Emergencias de la zona norte.
-Oimevaera upeicha-, repite, resignada.

No es para manos. A sus 23 años, y en la pobreza secular, ella y su pareja tuvieron que quitar créditos de acá y allá para que su madre sea atendida en Emergencias Médicas. Solo la prótesis costó G. 6.000.000.
“Oreko mboriahu nde avéi. Mba’ere la peicha ojejuga ore re’e”, reflexiona, apenas contenida.

 

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