Tranquilo Favero era feliz

Opinión sobre las declaraciones de brasileño naturalizado paraguayo a un medio de comunicación del Brasil.

Tranquilo Favero. Imagen: Blog Bivapy.

Por Cinthia López.

Durante el reino del general Stroessner y sus sucesores, maravillas de todo tipo aguardaban a los sujetos como Tranquilo Favero. Quienes como él estaban dispuestos a formar parte de la fiesta del dictador, podían estar seguros de recibir su tajada: miles de hectáreas de las tierras más fértiles del país llegaban a sus manos como caídas de una gran piñata; miles de millones de dólares entraban en sus bolsillos gracias a las inacabables contrataciones de provisión al Estado; abundaban soldaditos escuálidos que ahorraban el gasto en jardineros y limpiadoras; obedientes policías y militares custodiaban las propiedades y la seguridad personal de los convidados a semejante paraíso terrenal.

Y, por si todo esto fuera poco, jovencitas campesinas se encontraban al alcance de la mano de los hombres poderosos, porque nada de esta vil historia de los derechos humanos y –habrase visto– ¡derechos de las mujeres! perturbaba los eternos y dichosos placeres del general y sus cómplices.

El tiempo pasó y los cimientos de esos silenciosos feudos en los que reinaban Favero y otros reyes del latifundio, la soja, el ganado, la falsificación, los tráficos ilegales y el robo al Estado, hoy simplemente crujen.

Los pequeños, sucios y desarrapados campesinos se han convertido en insolentes sujetos parlantes que reclaman mensuras y plantean exigencias; las mujeres se indignan y realizan denuncias penales cuando se les quiere explicar que, como muchas de sus congéneres, los campesinos sólo entienden a base de golpes y palos. Incluso los indígenas consiguen que se les restituyan territorios.

Pero para el pueblo paraguayo el carnaval recién empieza, Tranquilo Favero no resistió más y salió a defender un sistema prebendario, burlándose de los grandes beneficios que le brinda el sistema económico en nuestro país, de la clase trabajadora campesina, la sociedad paraguaya.

Un Ministerio Público y un Poder Judicial que actuaban como guardaespaldas de los terratenientes –esos momentos de gloria y obediencia– es lo que Favero extraña. Así como los garrotes que daban los policías y los militares defendiendo a los grandes terratenientes de nuestro país, con reclusiones arbitrarias de líderes campesinos.

Recordarse bien del general Stroessner en público ya no es siquiera políticamente correcto.

El mundo está al revés; y el Paraguay, patas arriba.

Parece que la fiesta se está acabando, don Tranquilo.

Y, como ya nada tiene sentido, millones de paraguayas y paraguayos empezamos hoy a festejar la caída de la dictadura, la caída de los dinosaurios que siguieron repitiendo las mismas prácticas durante la llamada “democracia” en los gobiernos de turno del Partido Colorado.

Comentarios

Publicá tu comentario