Tito interpela el poderoso recuerdo de la niñez

Hasta hace poco tiempo, Valeria (seis años) recordaba a cualquier hora los títeres con los que dialogaba y jugaba, como si se tratasen de amigos imaginarios. Su padre, Osvaldo Zayas (30 años), dice: “es lo más divertido que vi en cumpleaños”. Es que Valeria festejó sus dos años con «Tito y su Mundo Fantástico».

Durante años, Valeria habló de lo mismo. Al igual que su padre (30 años), que de chico se subió al escenario a jugar con los títeres. “El marcó varias generaciones”, se repite Zayas, periodista.

El mundo fantástico era un “poco de oxígeno, junto con Robotech y otros dibujos, a la tremendísimamente aburrida televisión paraguaya de esos años…”, arroja Carlos E. Morales, 37 años,  un periodista de jugosa memoria. Aunque la música y los muñecos “me daban un poco más de miedo”.

La gente de su generación tiene un recuerdo poderoso de niñez con Tito. Leamos lo que nos cuenta la actriz Carmen (Carmencha) Rodríguez: “Recuerdo que al salir de la escuela, corría hacia mi casa para ver el programa. Me encantaba ser del equipo de los osos, estaba presente casi todos los días, era un amigo, lo admiraba y lo quería…”

Ya un poco más grande, con Cala del Puerto, músico y clawn, lo entrevistaron. “Estábamos nerviosos, muy nerviosos. El era tan tranquilo que todo fue muy relajado y él, solo, prácticamente, hizo todo el programa. Nos enseñó el manejo de los muñecos, era una persona sensible, sencilla, muy simpática».

Carmencha (38 años), ya actriz consumada, actuaría con su ídolo en Lisistrata, dirigida por Maluli Vera.

Un auténtico maestro

Un par suyo de grandes espectáculos, Jorge (Bochin) Brítez, lo recuerda con gran respeto por su capacidad “de recepcionar y administrar en la escena la respuesta de su público. El manejo de escena era realmente su fuerte.  El dio un plus de calidad en el espectáculo infantil desde su llegada al país en la década del 70”.

Y remata: “La calidad era su sello, en el Municipal o en el patio de Don Ramón”.

En la elaboración de muñecos “un autentico maestro, todos ellos son gestuales, únicos. Allí se entiende que perdido un material ya no se pueda reemplazar jamás: se podrán hacer otros, pero el que es es.

Salían de su mano, “eran sus hijos queridos. Incluso si ayuda a otro a realizar un material le cuesta desprenderse de él. Porque nadie movía un muñeco como lo hacia el. Conocía los nervios del personaje y el ritmo de latido que les correspondía”.

Tito, tal como lo recordamos, ya no está. Tanto fuego que tragó intentando defender sus muñecos lo dejaron sin vida ayer. ¡Larga vida a su mundo fantástico¡

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