Ticio Escobar siente una situación de desesperanza en el pueblo paraguayo

-Ticio, ¿cómo ves el gobierno de Horacio Cartes, ¿qué es para vos y qué perspectivas tiene nuestro país en este escenario?

Yo tengo una concepción pésima, desde el golpe (junio de 2012) se ha mostrado la faceta más fea, el rostro peor. Si bien el gobierno de Lugo era contradictorio, marcaba una cierta dirección, había una escena, que no fue muy bien aprovechada, pero indicaba la posibilidad de un camino.

-¿Qué pasó? ¿Qué ves ahora?

Ahora veo un fracaso de un liderazgo de la clase política, uno estaba obligado a elegir (Cartes y Efraín Alegre) entre uno y otro, ambos te llevaban al abismo

Siento una situación de desesperanza. Histórica, que sobrepasa coyunturas, que crea una situación negativa en la cual nadie tiene posibilidad de construir hegemonía. La izquierda tuvo posibilidad pero fracasó, quedó muy pulverizada, la derecha tampoco presenta candidaturas importantes para sentar cierta institucionalidad, sanear cosas… Yo veo bastante oscuro el panorama, aunque, sabemos, la historia da sorpresas. En algunas cuestiones se hacen bien las cosas, pero sin sentido en conjunto. Es, desde esa perspectiva,  mucho mejor que el gobierno de Franco.

¿Vos sentís un retorno del fascismo stronista, de sus formas de represión, de su forma de hacer, pensar y enfrentar las diversidades y los conflictos sociales?

Determinados climas y conformaciones culturales tienen que ver con el autoritarismo y con  la corrupción,  con la desigualdad y la consolidación de una elite opulenta. Es difícil pensar, sin embargo, en un esquema stronista puro. Se puede hablar de retorno del stronismo metafóricamente, pero ese modo de corrupción y de represión de todo el pensamiento crítico diferente, de esa forma no. La represión actual tiene otras modalidades.

Es otra cosa, retornan impulsos, conductas, miedos, pero la gente ya es distinta, la sociedad ha cambiado, ya es impensable un retorno a dicho modelo, así como lo conocimos y lo padecimos. El golpe estuvo a punto de eso, pero el Mercosur se cerró, pero te digo, no se sostiene este modelo, no digo que este gobierno tenga buenas intenciones. No les conviene al sistema corporativo, a la clase dominante, un modelo estrictamente stronista. Si por semejanza o por similitud vemos una inmensa brecha social, corrupción e impunidad y la destrucción del medio ambiente, mucho peor que en la época de Alfredo Stroessner.

Las fuerzas económicas están desatadas con  destrucción del medio ambiente irreversible, en complicidad de los tres poderes. No sé cuál de ellos es peor.

-Las fuerzas progresistas que acompañaron al gobierno de Fernando Lugo quedaron muy golpeadas con el golpe parlamentario. Creés que ese estado continúa o ves alguna recomposición en la fuerzas de cambio.

No es solamente el problema de que la izquierda esté golpeada, como un mal histórico. La historia se construye en  procesos y sujetos sociales que mínimamente buscan o necesitan cierto guión histórico, los procesos históricos son largos.

¿No ves puertas de salida de este embudo?

No son detectables, por ahí hay una puerta silenciosa, tampoco veo un liderazgo, no veo proceso, pero sí muchísima gente consciente, mucha gente que hace cosas interesantes, pero no existe articulación posible en términos de cuadros dirigenciales para construir la poli, la fuerza pública.

 ¿No ves un giro posible de la historia?

Cualquier giro histórico que no esté sustentado en fuerza política es síntoma, no es una fuerza que pueda sostenerse como proyecto histórico, porque sube alguien como Lugo lo echan. El sistema de intereses está muy constituido, Cartes mismo es también un síntoma, tampoco se traduce una fuerza real, salvo los intereses más compactos de las trasnacionales y los demás grupos económicos que se consolidan.

 -¿Cómo ves, en este escenario, la creación, la representación cultural?

La fuerza más viva es el arte popular indígena, aun menguada, retirada, y entre los fenómenos más recientes el cine como una fuerza más que interesante, una apuesta a futuro; se desenvuelve un poco solo, pero hay una tendencia a una industria, se avizoran señales bastante interesantes.

Luego veo una creatividad social más viva, más despierta, en las redes, hay como un desenfado, otro sentido, juventud más despierta, más vigilante, hay un sentido de ciudadanía (no jurídico formal) sino como participación más de la gente. En se sentido  el bicentenario desató cosas. Aunque sea muy difícil pensar, existen resortes para la creación y el  pensamiento crítico. En el Paraguay siempre existió un activo cultural mucho más grande que la institucionalidad cultural. Existe una porfía de la cultura que rebasa la institucionalidad.

Cuando existe una cierta apertura institucional  se puede beneficiar mucho más.

-¿Por qué creés que un gobierno como el de Cartes dejó casi la misma dirigencia y el modelo de gestión cultural que durante el gobierno de Lugo?

En el plano cultura se dan cuestiones que no existen en otros. Existen resortes suficientes para reimaginarse. Se han hecho cosas que sentaron una idea, una forma, pero, como ya lo dije, aisladas de un conjunto, de poco sirven.
Gran parte de los males son culturales: valores imaginarios, la corrupción es una cultura en este país, socialmente aceptada, hay una cultura de cierta violencia, como antes el ñembotavy. Existen esos modelos culturales, que son permanencias de modelos culturales del régimen de Stroessner por haber logrado una hegemonía, una hegemonía que hizo aparecer como válido un sistema corrupto.

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