The Big Brother

Los halcones de Washington pueden disponer a su arbitrio de los datos de absolutamente todos los paraguayos.

El Gran Hermano, metáfora orwelliana inmortalizada para hacer referencia al Estado policial omnipresente, que todo lo vigila, todo lo ve, todo lo escucha. Se lo utiliza fundamentalmente con el fin de calificar a las dictaduras de corte comunista que no aceptan la existencia de la “prensa libre”. El Ingsoc, como símbolo de los partidos estalinistas, detentaría el monopolio de estas prácticas de espionaje. En la cúspide de lo impoluto, con un aura cuasicelestial, las “democracias liberales”. Respeto irrestricto a las libertades individuales, nula intervención del Estado en nuestras vidas.

La retórica liberal, en cambio, ha venido a ser duramente cuestionada por los hechos. Wikileaks, famoso ya por haber difundido datos sobre los crímenes de guerra que viene perpetrando EE.UU. en la guerra de Irak y Afganistán en sus ataques de terrorismo legalizado, dio a conocer información confidencial filtrada que da cuenta de las actividades de espionaje que fueron ordenadas desde EE.UU. a sus embajadas de varios países del mundo. A la de Asunción, en particular, se le dieron directivas precisas sobre el arrimo de información con respecto a los candidatos a la presidencia en las últimas elecciones generales de abril de 2008.

“Un despacho nombra a la entonces ministra de Educación, Blanca Ovelar, al ex vicepresidente Luis Alberto Castiglioni, al ex general Lino Oviedo y a Fernando Lugo, actual presidente. Recaba de los cuatro datos biométricos, huellas dactilares, fotografías, escáneres del iris, DNA ‘y otras singularidades’’’, reporta el diario El País de España. Ojos, estatura, antecedentes de corrupción, estado de salud, todo, sin dejar escapar minucia alguna.

El generalísimo Oviedo no se mostró muy molesto. El otrora símbolo “de la lucha intiimperialista” justificó la reponsabilidad que le toca a EE.UU. como potencia de velar por la seguridad del mundo, en especial de los tercermundistas que somos incapaces de cuidarnos por cuenta propia.

Esto nos recuerda a épocas que muchos considerábamos superadas cuando desde el Departamento de Estado informaban minuciosamente sobre los movimientos de su aliado y fiel soldado de Washington en su cruzada contra la “subversión”, Alfredo Stroessner. De lo que hacía este quedaba registrado hasta lo más mínimo. Que en una reunión en una estancia ensayaron partidas de ajedrez, que jugaron tiro al blanco con botellas y que luego pasaron a divertirse contando chistes verdes. Toda esta información puede ser cotejada en el libro “EE.UU. y el régimen militar paraguayo 1954-1959” de Aníbal Miranda.

Los que no podíamos evitar proferir algún gesto de fastidio al escuchar las trilladas arengas contra “el imperialismo yanqui y sus planes desestabilizadores en la región” corroboramos, finalmente, que no se trata de cosas del pasado, ya que podemos observar que la política exterior de los EE.UU. no se ha apeado de las viejas prácticas de la Guerra Fría. Esto valida en gran manera las sospechas sobre la activa participación de Washington en las intentonas golpistas y desestabilizadoras que tuvieron su foco en Venezuela, Bolivia y Ecuador.

En el caso de Paraguay cabe sostener que los recelos que abrigó el ex ministro de Defensa Luis Barreiro Spaini sobre la reunión de la embajadora de EE.UU. Liliana Ayalde con fuerzas políticas de la oposición, entre ellas el vicepresidente Federico Franco, en la que se habló de la posibilidad de un juicio político, no resultaron para nada infundados. La misiva que le valió el puesto por la presión de la prensa y los parlamentarios, que en bloque se encolumnaron a la posición de esta, no constituyó simplemente un acto irrespetuoso de las instancias diplomáticas. En efecto, albergar una reunión con espíritu destitucionista en la embajada de un país con abultada trayectoria en el ramo tampoco muestra mucho apego a los canales de relacionamiento institucional. Había que ponerle freno al intervensionismo del Norte. Bareiro Spaini cayó en el intento.

La información filtrada también da cuenta del seguimiento a la presidenta argentina, Cristina Fernández, entre otras cosas sobre el estado de su salud mental. Según reporta el diario Página 12, el Gobierno tomó con cierta sorna la noticia. Un diplomático innominado comentó que en EE.UU. le hicieron una pregunta parecida sobre Hugo Chávez. “A usted le parece que está bien de la cabeza”, sondeó un mister. A lo que el interrogado respondió. “En nuestro país pensamos que no está bien de la cabeza un presidente que bombardea países sin motivo”. Eran los tiempos de George Bush. Muchos tenemos, en contrapartida, una apreciación cualitativamente distinta sobre Obama.

Así también se inquiere sobre la construcción de mezquitas en la zona de la Triple Frontera, actividades terroristas, posible financiamiento a Hamás, Hezbolá y Al Qaeda y, lo más importante, la existencia de yacimientos hidrocarburíferos en el Chaco. Invariablemente aparecen relacionadas estas cuestiones: “terroristas árabes y petróleo”, la coartada perfecta para la guerra. Bajo la celada de investigar sobre actividades terroristas y brindar asistencia sanitaria a los pobres, misiones militares norteamericanas en nuestro país estarían realizando estudios de campo sobre recursos clave como el petróleo y el agua. Si los organismos de relaciones exteriores norteamericanos están sacando provecho de ese estatus abusando de los privilegios y la inmunidad que les confiere tal condición, no existen razones objetivas para proceder de distinto modo a como lo hicieron ellos mismos con los cinco cubanos presos acusados de espionaje, con el agravante de que se trata de misiones diplomáticas oficiales y acreditadas. Las evidencias son serias y formalmente el gobierno debe aclarar los hechos a los países afectados por estas actividades ilegales.

Hasta ahora, en cambio, los referentes del ejecutivo norteamericano han preferido echarle la culpa a los que difundieron tales noticias y no precisamente a quienes protagonizaron tales delitos, en teoría inaceptables en un país que se precia de ser en un Estado de derecho y una de las democracias más avanzadas. Esto amenaza con convertirse en un Water Gate que puede hacer tambalear a la administración de Obama, aunque difícilmente pueda llegar al extremo de llevarlo a la dimisión. Tampoco es responsabilidad exclusiva suya, puesto que esto es un legado del periodo republicano y los actuales funcionarios involucrados, como Hillary Clinton, pertenecen al viejo establishment que lo precede.

La secretaria de Estado condenó la publicación, a la que calificó de acción criminal, acusación que no hizo extensiva a los hechos informados. Página 12 cita las declaraciones de varios funcionarios. “Peter King, integrante del Comité de Seguridad Nacional de la Cámara de Representantes, le reclamó al fiscal general que sume a Wikileaks a la lista de organizaciones terroristas. El fiscal general de los Estados Unidos, Eric Holder, advirtió que se había iniciado una pesquisa criminal por la fuga de información sensible”. Los republicanos piden la clausura del sitio de internet. La Casa Blanca imputa a la publicación el delito de poner en riesgo la causa de la democracia y los derechos humanos (?). Los periodistas de Wikilieaks están siendo indagados por la CIA. El portal de fugas está al borde de la clausura. Aunque no se llegue a concretar, la sola amenaza constituye una afrenta a las garantías constitucionales de ejercer el derecho a la comunicación. Delito sería ocultar los abusos que está cometiendo la máxima potencia militar y económica en su arrebato mesiánico por convertirse en policía del mundo. Esta es la libertad de prensa que tiene para ofrecernos la burocracia del capital.

Recordemos, finalmente, que los equipos del Departamento de Identificaciones de la Policía Nacional fueron “donados” por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), fachada democrática de la CIA, según denuncias que realizara Marcial Riquelme, fallecido investigador de los archivos desclasificados sobre la dictadura, en un encuentro con estudiantes de la Facultad de Filosofía. Los halcones de Washington pueden disponer a su arbitrio de los datos de absolutamente todos los paraguayos. Mientras tanto, tomo mis precauciones ante las telepantallas que acechan. Ten cuidado. El Gran Hermano nos vigila.

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