Terror, xenofobia e injerencia

Por Federico Larsen

A horas de los ataques perpetrados en distintos puntos de la capital francesa, se pueden dar algunas ideas en caliente.

Uno de los primeros datos que llaman la atención es que el presidente de los EEUU, Barack Obama, dio declaraciones públicas acerca de los atentados aún antes de que lo hiciera su par francés François Hollande, dando a entender, solamente por el hecho de comparecer de inmediato, que se trataba de un asunto que lo involucraba. Es que los últimos meses han significado para los EEUU un riesgo para su rol de protector de la seguridad mundial justamente por los vaivenes de las acciones militares en Siria. Ataques en los cuales, y es muy necesario subrayarlo, Francia también está involucrada.

La política exterior francesa es seguramente una de las claves para entender lo sucedido. Además de su histórica injerencia en Oriente Medio, Francia cuenta con una extensa historia de dominación en África, y especialmente en el Magreb. Argelia, Marruecos o Túnez son solo algunos de los países que han sido ocupados por los franceses y que vivieron procesos independentistas hace muy pocas décadas, con heridas que aún siguen abiertas.

Hace tan solo 15 días se cumplieron 50 años de la desaparición forzada de Mehdi Ben Barka, líder marroquí del movimiento tercermundista secuestrado por los servicios secretos franceses, que aún hoy se niegan a dar cualquier tipo de información al respecto. Para muchos países de África las decisiones que se toman en el Eliseo (sede del gobierno francés) siguen siendo determinantes en su política interna y esto lo convierte en el blanco preferido de los resentimientos históricos. Y siempre es necesario recordar que la Francia atacada es la misma que confeccionó los manuales antiinsurgentes aplicados en la mayoría de las represiones y genocidios de las dictaduras del mundo para controlar y disciplinar la población local.

En el frente interno tampoco las cosas andan tan bien. Desde 2003, año en que la doctrina Bush de seguridad global obtuvo mayores consensos a nivel internacional, hasta la actualidad Francia sufrió 14 atentados terroristas que produjeron más de 90 muertes y un centenar de heridos. A eso se le suma que la violencia interna ligada a las condiciones de la población árabe tiene evidentes ciclos de alza. Quizás el momento de mayor trascendencia de este fenómeno hayan sido las revueltas de octubre y noviembre de 2005 en las Banlieu, protagonizadas por jóvenes hijos de migrantes árabes en el país. Todo el periodo fue acompañado por una creciente xenofobia que se tradujo en la acumulación política de organizaciones como el Front National, partido filo-fascista que en unos 20 años se convirtió en una de las fuerzas más gravitantes en los malhumores racistas de las clases medio-bajas francesas.

Mientras la policía llevaba adelante el blitz armado en el Bataclan –recordando en algunos momentos la masacre que Putin desató en 2002 para resolver una situación similar en el Teatro Dubrovka en Moscú–, en Calais y otros puntos del país donde prendían fuego a los campos de refugiados improvisados en los últimos meses de crisis. Por las condiciones de vida en esos lugares, Francia ya había sido condenada por tribunales internacionales a garantizar los derechos humanos básicos de quienes allí vivieran y apurar la tramitación del estatus de refugiados para muchos de ellos.

Pero sería torpe, sin embargo, pensar que Francia haya hecho méritos y solamente esté pagando las consecuencias de años de políticas xenófobas e injerencistas. Los grupos terroristas más radicalizados también están demostrando poder cumplir con su necesidad de tomar la iniciativa militar en una guerra que tiene su foco en Oriente Medio pero que, según entienden, se combate en diferentes trincheras a la vez. Francia es quizás el objetivo predilecto por todo lo expuesto pero no, obviamente, el único. La generación de terror desata la radicalización de políticas de seguridad en el ámbito externo e interno que mientras culpan y castigan a miles de inocentes recalientan los ánimos más beligerantes.

Que estas acciones se registren durante la crisis migratoria más grande de la historia de la Unión Europea, al tiempo que se reconfigura el peso específico de cada país o bloque en los conflictos en Oriente Medio y se debilitan claramente los sistemas institucionales instalados durante las mal llamadas “primaveras árabes” en excolonias francesas, nos da la pauta de que las repercusiones de lo sucedido en la noche der viernes serán extensas y muy duras. Recién dentro de un tiempo podremos entenderlas con mayor precisión.

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