La diversidad de marcas comerciales que encontramos en los supermercados es propiedad de un puñado de familias que practican un inconstitucional oligopolio o cártel.
Más de 3.500 niños y jóvenes empaquetadores y carriteros son diariamente explotados en las cadenas de supermercados. Sus derechos laborales –con la complicidad del Estado– son arrojados a los carritos, repletos de las multimillonarias ganancias de los supermercadistas.