El atraco e incineración de un destacamento militar en la localidad de Tacuatí, departamento de San Pedro, el pasado 1 de enero, atribuido al denominado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) es un hecho consumado. Más que descubrir y acusar a los responsables materiales e intelectuales del atraco, importa en forma inmediata posicionarse con un discurso que contrarreste la estrategia, ya en desarrollo, de los sectores de poder de endilgar el hecho a las organizaciones sociales y sus expresiones políticas de izquierdas.
El año entrante podría ser uno de confrontación abierta, radical, e irreconciliable entre dos proyectos-país que buscarán neutralizarse a cómo de lugar. Un posible escenario donde aquella posición que tenga menos piedad con el adversario y más cuidados con los amigos políticos (articulación, hegemonía), tomará el timón del barco.
¿Podrá el Gobierno de Lugo tomar medidas que beneficien a las mayorías excluidas y perjudiquen los intereses de los privilegiados económicos y sociales?
La derecha panfletaria encontró un espacio para el despliegue de talentos que el gobierno de Nicanor ha negado a pesar de todo su esfuerzo por posicionarse como bicho socialista. Están saltando en una pata, pues descubrieron que el gobierno Lugo es parte de una conspiración infernal y no celestial como parecía, y ya le identificaron los cuernos, el rabo y el temible color rojo que, vaya paradoja, la izquierda los busca con mucho deseo y no los encuentra.
La carrera por la vida está siendo efectuada desde hace mucho tiempo y en forma permanente por las heroicas comunidades del Chaco paraguayo. A pesar de los ataques de los latifundistas, a pesar de las vicisitudes generadas por las condiciones climáticas y contra el abandono de parte del Estado, el pueblo chaqueño continúa haciendo sus pruebas de clasificación por la supervivencia y sigue en el podio de la resistencia.
Ja’eva’erã pe mba’e ñande kuaukavéva tetã háiha ambue tetã renondépe yvy tuichakue ningo guarani ñe’ẽ.
Políticas culturales en el Paraguay: ¿Qué se está haciendo y qué más se puede hacer en cuanto a las políticas culturales en nuestro país?
El derecho (y el respeto) a ser diferente: Más allá de la caridad está la justicia social y la primera aparece como una forma anterior a esta última en la historia.
Desde el 20 de abril asistimos a la verbalización del cambio: una esperanza que se posa en la palabra de políticos y gente de a pie. Y ese cambio será cultural o será nada.
El 14 de agosto, frente a unas 15.000 personas, nuestro nuevo Presidente saludaba a la gran fiesta popular reivindicando el único periodo independiente que vivió nuestra República, el de Francia y los López.
El Paraguay es un país atrasado en su crecimiento económico y su desarrollo social por el uso abusivo de la tierra en la producción extensiva y mecanizada de materia prima, la que se exporta sin ningún valor agregado.
Esta expresión en guaraní («estar con la cabeza trancada» o «entrar en confusión») retrata la complejidad en la que están metidos los partidos de izquierdas y las organizaciones sociales al pisar con un pie en el gobierno de Fernando Lugo, y con el otro en los movimientos sociales.
Breves observaciones sobre la reacción de embajada norteamericana ante la designación de Alejandro Hamend como nuevo canciller paraguayo.
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