En nuestro país la facultad de Medicina está vedada para los pobres. Un hijo o hija de trabajador de la ciudad o del campo difícilmente puede ingresar y sostenerse. Por el contrario, se necesita duplicar la cantidad de médicos y redistribuir su ubicación geográfica. Sin embargo, mecanismos poco claros no permiten adaptarse rápidamente a la gente que ha ido a estudiar a Cuba. ¿Le asusta al «establishment» de la salud la posibilidad de perder privilegios con un sistema preventivo y realmente público?