Administrar pobreza o distribuir la riqueza es la disyuntiva para el presidente Fernando Lugo y su equipo de gobierno que están sentados sobre un Estado diseñado para lo primero. Se puede cambiar, usar parte de las reservas para un plan de incentivo de la producción y el empleo. Fortalecer las empresas públicas y crear nuevas para administrar el potencial energético del país. Es necesario superar la visión de un mero país rural que impone la oligarquía desde siempre y del que es expresión el patético tractorazo sojero.
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