La fumigación de un sojal ubicado en las cercanías de un barrio de Vaquería, departamento de Caaguazú, ocasionó la intoxicación de 8 personas. Entre las víctimas se encuentran varias niños y niñas, informó la organización de investigación sociales Base IS.
Mientras los sojeros hacen demostración de su poder económico en el campo siguen las denuncias de muertes por agrotóxicos.
El pasado 2 de octubre, en Puerto Indio, Alto Paraná (un enclave de la soja, la deforestación y la expulsión campesina), los policías del nuevo gobierno mataron a Bienvenido Melgarejo, un dirigente campesino de la Asociación de Agricultores de Alto Paraná (Asagrapa). La lucha campesina por recuperar la tierra y la vida ya ha costado más de 100 muertos desde 1989. En este número desempolvamos el caso de Benito Gavilán. El sobrevivió a una ejecución para contarnos la historia
En un año, sólo en Encarnación, nacieron 32 niños muertos y 52 con malformaciones por efecto de los agrotóxicos. En Paraguay se utilizan cada año 24 millones de litros de plaguicida en el cultivo de soja.
El 40% de las madres expuestas directa o indirectamente a los agrotóxicos traen al mundo hijos malformados. Según datos oficiales, entre 1999 y 2003 murieron 250 personas por intoxicación con plaguicidas.
El Paraguay es un país atrasado en su crecimiento económico y su desarrollo social por el uso abusivo de la tierra en la producción extensiva y mecanizada de materia prima, la que se exporta sin ningún valor agregado.
10 millones de vacas tienen 24 millones de hectáreas. Sojeros y ganaderos exportaron en el 2007 por 1.468 millones de dólares sin pagar un solo guaraní de impuesto. Mientras, hay 600.000 campesinos sin tierra en el país.
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