Sumarse a la plaza

Crónica de la represión policial sufrida durante la mañana del jueves 5 de enero en la Plaza Uruguaya.

Imagen del video de la represión policial, con los manifestantes al frente y los cascos azules detrás. Ver video en http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=S83LyM5IX0E

Hoy mi deber era… Silvio Rodríguez.

Loma Grande tiene poesía de gente sencilla, tardecitas frescas e iluminadas en los campos y los caminos boscosos, buenos senderos para el descanso y la meditación. Había llevado la compu para comenzar la redacción de un libro que el equipo de Carlos Bazzano me encargó, pero rápido me di cuenta que los pulmones necesitaban aire, las manos virutas para el fuego y para amasar el vori.  Mi amiga Soledad Vier, compañía amable, y Zenit, travesuras. Meterse en la compu era, más que otros días, muy mal camino para vivir esa hermosa fuerza expansiva.

Luego de tres días, volvimos a Asunción el lunes 1 con Zenit, Anita, Papo, Sebas y Marcelo, chicos que buscan melodías que liberen el cuerpo del orden paranoico de las ciudades de tráfico, hollín, rejas y desconfianza. Linda tardecita del lunes en el campo y acá, en Asunción. Y la linda noche para una bien fría en el Rubio, me dije. Mejor parada a la ciudad no pudo ser.

Yimi, el compa de la Nación, acababa de llegar Plaza Uruguaya. Me comenta la historia de las rejas. Ndera, dije. Enero, enero… Hay que tener cuidado con enero, mes en que las empresas usan para el despido injustificado y los gobiernos –si pudiéramos establecer esas distinciones– para las resoluciones clandestinas con tremendos efectos para la gente. Hay que sumarnos a la plaza, sumarnos a la historia. El martes aumentamos la apuesta. Y Arnando Samaniego entendió, desde su praxis política, que también debía irse con su gente. Así ocurrió durante esa noche, con Arnaldo y su gente al lado de la primera reja, y el resto protestando porque un espacio público, histórico, lugar de trabajadores, desocupados, desterrados, caía bajo esta nueva oleada de presentar los muros, los guardias privados, policías robokop, cámaras en los caminos, en las empresas, como el orden imprescindible para resolver lo que nos presentan como inseguridad.

Entre las decisiones de la asamblea de la gente en la plaza decidimos un aty guasu para hoy, ahora, en este momento, en la Plaza Uruguaya. También decidimos llenar los hoyos recientes para los postes y un grupo de muchachos que se denominan los gatos propusieron una acción directa al otro día, a la mañana. Una cadena humana en la línea de las rejas para resistir pacíficamente el avance de la barbarie. Al grupo de los gatos nos sumamos Mónica Aquino, trabajadora de la plaza, y yo, este servidor.

Había una orden de desalojo del lugar encargado contra los indígenas que desde hace rato reclaman tierra. Un cordón de cascos azules y una línea de policías armados con esposas nos arrancaron del lugar, nos subieron a la patrullera, nos metieron en el calabozo, con una aparatosidad que recuerdan esas películas de alta tensión que presentan al orden y la ley armados como garantías salvadoras del planeta. Más tarde, el cordón policial avanzó, como ya se sabe, contra los compatriotas indígenas, exponiéndolos en su miseria e indefensión ante cámaras siempre atentas a resguardar “el orden y la seguridad”. Y sus líderes, al igual que nosotros, procesados.

La buena gente se sumó a la comisaría tercera con empanadas, cigarrillos y tereré. “Resistencia a la ejecución de una obra pública”, decía la carátula del parte policial. Sin acusación de fiscalía fuimos liberados de tarde y nos sumamos a la plaza con nuestras voces renovadas.

La Asamblea de anoche fue maravillosa, plena, con discursos, cánticos y la voz legendaria de Alberto Rodas. “La plaza es de todos”, “devuelvan las seccionales”, “no a las rejas”, “tierra para los pueblos originarios, para nuestra gente del campo y la ciudad”. La expresión en pancartas, cánticos y discursos revela la naturaleza de esta lucha y también explica el motivo principal del encierro. Por un lado, se quiere, aunque muy confusamente, decisiones profundas sobre las demandas sociales. Por otro, el orden fascista quiere encierro y tapar el drama social con garrote, reclusión, procesamientos, cárceles, agrotóxicos, inestabilidad laboral e inseguridad de vida.

¡Vamos ya a la plaza!

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