Sub-imperialismo, geoeconomía y rapiñaje

La condición neocolonial del Paraguay sujeto al Brasil muestra las formas de explotación de una nación sobre otra que cobra el capitalismo mundial de estos tiempos.Si el Emperador Pedro II del otrora Imperio brasileño necesitó armar una contienda bélica contra el Paraguay para frenar su creciente potencia y amputar su territorio, hoy el “camarada” Lula ya no requiere de aquellas guerras convencionales. Tiene ahora otras formas de guerra, más sutiles y efectivas; la llamada Geoeconomía extractiva. Esta estrategia de poder permite drenar las riquezas naturales y económicas de un determinado espacio territorial sin ocupación militar alguna. Agotadas aquellas riquezas, abandonan, como cuervos, el esqueleto.

Lula echó a volar por los cielos del sur americano a sus águilas trasnacionales al inyectarles miles de millones de dólares del Banco de Desarrollo Nacional del Brasil, con el espíritu bandeirante de convertir al sur en su espacio geoeconómico. Dos de estas hambrientas águilas son Interbanco, del grupo trasnacional Unibanco, y Petrobras, de capital estatal y privado. Ambas vienen clavando sus garras en el mercado financiero y petrolero locales. Con el permiso claudicante de nuestro endeble Estado y la complicidad de sus políticos tradicionales, ambas trasnacionales llegaron con sus aparatos administrativos y sus campañas de marketing y ya están succionando nuestros recursos y enviándolos hacia sus matrices en Brasilia.

A diferencia de los demás países americanos, Paraguay vive particularidades históricas, políticas y económicas en su relación con el gigante lusitano. Por ejemplo, Brasil ocupó militarmente una zona con extraordinario potencial hidráulico que pertenecía al Paraguay para luego, mediante presión política, habilidad diplomática y disuasión militar, tramar un tratado, que no respeta, y construir la mayor represa hidroeléctrica del mundo. La que hoy, despojando a su “socio”, le proporciona inmensa riqueza energética.

El otro regalito es la migración de grandes masas de colonos brasileños a territorio paraguayo promovida, tiempo atrás, por los gobiernos militares brasileños para su expansión poblacional y cultural. Hoy el actual gobierno de Lula no tiene más que aprovechar aquella expansión a nuestras costas: la gran producción de sojeros y ganaderos “brasiguayos” son un engranaje del dispositivo económico brasileño, pues buena parte de sus enormes ganancias alimentan el circuito financiero del Brasil. Lo que ocurre con la soja es casi trágico: La burguesía industrial y los terratenientes brasileños  participan en las ganancias, nosotros sufrimos las calamidades ambientales y económicas que trae el maldito monocultivo.

Así, el Brasil Sub-imperial (una categoría intermedia entre Estados centrales y Estados periféricos del Capitalismo) utiliza las formas trasnacionales del mercado y las disuasiones de su poder económico y militar para imponer sus intereses a países neocoloniales como el Paraguay.

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