Su semana con Marilyn

De la experiencia única de un joven aprendiz de cine a las memorias repentinas de un escritor acerca de su idilio con Marilyn Monroe durante una semana.

Imagen promocional de la película «Mi semana con Marilyn».

@SebasOcampos

Juan Villoro explicó en los últimos días, cuando presentaba el libro Gabo periodista en Colombia, que «realmente las cosas suceden dos veces: primero ocurren en el mundo de los hechos y luego en los comentarios que hacemos de los hechos, y esa representación de la realidad, que es esencial para transformarla, pasa por el periodismo». Para el caso que me toca hoy, parafraseemos las palabras de Villoro para quedarnos con que los hechos suceden dos veces: primero, como acciones; luego, como relato de los mismos.

Colin Clark, con 23 años, vivió durante el verano de 1956 una experiencia única: en su primer trabajo fue el tercer asistente de dirección de la película inicialmente llamada El príncipe durmiente –titulada después El príncipe y la corista–, en la cual actuó Marilyn Monroe, a pedido de Laurence Olivier. En esos tiempos, Colin escribió un diario sobre su vida en semejante labor anhelada por cuanto joven veinteañero había en el mundo, sobre todo en Inglaterra, país donde se filmaba la película. Casi cuatro décadas después, el escritor Colin Clark convirtió el diario en el libro intitulado The prince, the showgirl and me.

Sin embargo, en esas memorias faltaba una semana, la que iba del 8 al 17 de septiembre, días en los que Marilyn, según Colin, había estado enferma y depresiva. Hasta ahí podemos afirmar que los hechos ya habían sucedido en las dos etapas descritas al inicio. Pero no. Colin Clark, un lustro después, con sesenta y ocho años, recordó de golpe más hechos y escribió My week with Marilyn, libro en el que relató sus repentinos días compartidos con la actriz. «Los recuerdos todavía permanecen frescos», dijo Clark entonces, y nos mostró –a través del relato ameno del idilio casi onírico con Marilyn– a la mujer vulnerable oculta tras la imagen de estrella sensual que la industria había creado.

A finales de 2011 se estrenó la película Mi semana con Marilyn, basada en los dos libros autobiográficos de Colin Clark, que fueron adaptados por Adrian Hodgespor. La dirección estuvo a cargo del primerizo Simon Curtis, quien logró una ópera prima bien cuidada en cuanto a ambientación, fotografía y narración.

Pero como la obra gira en torno a Marilyn, la cuestión se vuelve quisquillosa para muchos cinéfilos, pues ante una figura muy recordada como la de ella, cada persona tiene la opción de elegir con qué imagen quedarse. En mi caso, fueron las palabras de Truman Capote, reunidas en su relato Una hermosa niña, las que me ayudaron a verla con más claridad, sin el maquillaje de la cámara.

El cine actual, en cambio, quiso que la viera de forma distinta. En los inicios del proyecto, cuando aún no se sabía quién la reencarnaría, los seguidores hicimos nuestra apuesta. Nadie se jugó por la opción que al final veríamos. Michelle Williams fue la elegida por la producción e hizo bastante bien su trabajo de actriz, aunque sus características no nos recordaron la belleza, la voluptuosidad y la frescura de Marilyn.

Nietzsche, en una fotografía tomada en 1882 con Lou Salomé y Paul Rée, nos comunicó que la belleza hostiga con su fusta a la inteligencia. Esa verdad mantenida hasta ahora no se demostró con la presencia de Williams como Monroe. Quizá la opción más cercana para retener la fusta hubiese sido Scarlett Johansson, pues ella, por sí sola, ya deleita a una gran cantidad de espectadores. Michelle Williams, empero, como lo dijo el crítico Julio Rodríguez Chico, nos da más pena que placer en su hermosura, nos reclama más comprensión por su infelicidad que envidia por su éxito.

Por otro lado, si dejamos de fijarnos en la personaje por la que gira la película, nos encontramos con un elenco correcto: Emma Watson hizo de Lucy; Dougray Scott apareció en unas pocas escenas como Arthur Miller; y Judi Dench, vestida de Sybil Thorndike, fue amable y solidaria con la actriz Marilyn Monroe que no podía aprenderse sus parlamentos y enloquecía al actor y director Laurence Olivier  revivido por Kenneth Branagh, ante la atenta mirada del mozalbete Colin Clark (interpretado por Eddie Redmayne), que luego de cuarenta y cuatro años y a unos pasos de la muerte contaría al mundo que él tuvo su semana con Marilyn, quizá como todos los que tuvieron la suerte de conocerla, pues los hechos suceden dos veces… y los idilios posibles siempre pueden volverse realidad en un libro y, claro, en el cine.

Fuentes:

www.larazon.es

criticas-de-cine.labutaca.net

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